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José Fernando Sánchez Bódalo: “El turismo del vino es más sostenible en términos sociales, económicos y medioambientales”
Texto: Luis Ramírez. Fotos: Diego Juste.
13-5-2010

Desde septiembre de 1999, José Fernando Sánchez Bódalo preside, en su calidad de alcalde de Alcázar de San Juan, en Ciudad Real (localidad que recientemente ha celebrado la quinta edición de la Feria de los Sabores), la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin), fundada en 1994. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid y ex consejero de Industria y Trabajo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, reivindica una mayor popularización de la cultura del vino y un enoturismo abierto a la buena mesa, a la cultura, a la naturaleza y a la sostenibilidad, es decir, alejado de todo reduccionismo. Las Rutas del Vino de España son el principal estandarte de Acevin.

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Foto: Diego Juste
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  • "La mejor defensa del vino es su variedad, para vincularla a un territorio, a una tradición, a una cultura"

Hablemos, en primer lugar, de su memoria gustativa, ¿cuáles son los aromas y sabores, las recetas que asocia con su infancia? Mi primer recuerdo infantil es el arroz con leche, acaso por su vinculación con una receta muy típica de nuestra tierra, la bizcochada, un postre que se sirve con leche y una torta de Alcázar y donde también la leche se hierve con limón, canela y azúcar. Pero, más allá de esto, a mí me encantan los platos de cuchara, como las lentejas, que forman parte de la mejor gastronomía tradicional española.

¿Y cuál sería su primer recuerdo asociado al vino? Era un componente más de la mesa en la comida familiar, donde siempre se bebió vino. Además, en La Mancha se consume mucho mezclado con gaseosa, sobre todo en verano. Y el primer recuerdo gustativo del vino son unos enormes trozos de pan blanco con vino tinto, espolvoreados con azúcar que comíamos para merendar. Ahora parece un sacrilegio pero para mucha gente de mi edad era una práctica habitual.

¿Cómo eran esos vinos de antaño? ¿Cuáles eran sus singularidades? Olían demasiado a un vino que recordaba mucho a la vendimia, a la elaboración y estaban un poco pasados en azufre. Un olor muy característico, que asocio también a otros recuerdos de infancia, porque La Mancha, cuando llega la vendimia, huele a vino, aunque ahora quizá algo menos porque las técnicas de elaboración son diferentes y se controlan mejor las fermentaciones.

¿Y cómo han ido evolucionando sus gustos gastronómicos y enológicos a partir de entonces? Todos nos vamos refinando porque viajamos, visitamos otros países, conocemos otras experiencias y otras gastronomías. Pero siempre tenemos una tendencia hacia el retorno, la vuelta a los orígenes. Y ha evolucionado mi paladar, como el de toda mi generación, en función de cómo han ido cambiando los vinos españoles. Hace unos años los mejores se identificaban porque sabían a madera, mientras que ahora se prefiere que sepan a uva, para que las reminiscencias a barrica sean las justas. Además, se han ido incorporando variedades y ha aparecido una diversidad enorme, mejorándose de paso tanto el cultivo de la uva como el trabajo en bodega.

Su trayectoria política, en la vida municipal, y al frente de Acevin han ido paralelas, ¿hasta qué punto las ha ido acompasando? Realmente, mi presencia en el mundo del vino es lateral. Soy un simple aficionado al que le gusta consumir vino en la comida y como elemento de las relaciones sociales. Pero mi aproximación a la organización de actividades en torno al vino responde más a un compromiso con el sector y la viabilidad de los territorios. Por eso, en los años noventa planteamos la creación de una asociación en la que se reunieran las ciudades con un poderoso sector económico vinculado a la vid y el vino, con el afán de ayudarlas a revitalizarlo y diversificarlo. Porque es un elemento clave de desarrollo económico, capaz de generar riqueza y empleo en el territorio. No soy un experto, aunque, por mi obligación de representar a todas las comarcas del vino de España, soy aficionado a todos. En ellas hay vinos magníficos y  nada tienen que ver los hechos en cooperativas en La Mancha o Extremadura con los procedentes de bodegas de autor o aquéllos que aspiran a introducirse en los mercados mayoristas del mundo.

¿Cuál fue realmente la génesis de Acevin? Nació en 1994 con la presencia de unos pocos municipios: Vilafranca del Penedés, Aranda de Duero, Montilla y Alcázar de San Juan. En aquella época, yo era concejal de Promoción Económica en Alcázar, y aunque después tuve otra experiencia política fuera del área municipal, siempre seguí su evolución. Cuando regresé al Ayuntamiento en 1999, los socios me eligieron presidente, porque ya tenía una trayectoria en la promoción turística y en esta década le hemos dado un impulso importante a la asociación y, sobre todo, al producto Rutas del Vino de España, nuestra bandera.

En estos once años, ¿cuáles han sido, en su opinión, las principales aportaciones realizadas por la Asociación? En primer lugar, definir un producto que permitiera a las ciudades sentirnos identificadas con una actividad común. Era muy difícil porque en el mundo del vino las ciudades ni somos productoras ni comercializadoras. Pese a ello, pensamos que  teníamos que ser útiles para que la cultura del vino se pusiera en valor y, de paso, se vendiera más. Vamos contra corriente porque hay otras bebidas con más éxito y las tasas de consumo del vino son cada vez más preocupantes. Los hitos más importantes fueron el reconocimiento por parte de las administraciones, tanto Turespaña como el entonces llamado Ministerio de Agricultura, a nuestra labor de promoción turística y del producto. A partir de ahí, hicimos un Manual del Producto Rutas del Vino de España y normas de calidad, además de prestar asistencia técnica a los distintos territorios para que fueran creando el conglomerado de establecimientos hosteleros, bodegas, itinerarios...

¿Cómo funciona Acevin? ¿Cuál es su estructura? La Asociación, que carece de ánimo de lucro, la integran setenta ciudades, comarcas y diputaciones provinciales. Dentro de ella se ha creado una Sección que es el Club de Producto, al que sólo acceden los territorios que se certifican y deciden desarrollar el producto Rutas del Vino. Acevin funciona a través de una asamblea general que se reúne una o dos veces al año y una Comisión Permanente, que se convoca tantas veces como es necesario pero, al menos, una vez al trimestre. Tiene una Secretaría Ejecutiva, vinculada a la presidencia, que actualmente ostenta la Alcaldía de Alcázar, pero estuvo, hace años, en la de Vilafranca del Penedés. La duración de los mandatos se ajusta al de las corporaciones locales, pero en mi caso se ha renovado tres veces sucesivas. Es una asociación adaptada a la realidad del Estado español, porque están representados todos los partidos, estatales y nacionalistas, de izquierdas y de derechas, peninsulares e insulares. Nos une el interés por la cultura del vino y el peso que tiene la enología en el ámbito social, cultural y económico.

¿Cree que la enología puede aspirar a situarse al mismo nivel que la gastronomía como elemento clave para el turismo español? Creo que hoy en día todo el mundo se fija en la gastronomía española y también en nuestros vinos, que gozan de un prestigio enorme y no decepcionan en ningún mercado al que acceden. Otra cosa es que los vendamos mejor o peor. Al calor de esta tendencia, hay que seguir perfeccionando el producto, para no defraudar a nadie. Hay vinos de consumo normal, que son excelentes y con una magnífica relación calidad/precio. Es en ellos en los que tenemos que trabajar para movilizar una industria turística de cierto peso y que además dé salida a una producción vitivinícola tan buena, pero también tan abundante, como la que tenemos en España.

Queda claro que las ciudades del vino están apostando por el enoturismo, ¿pero también lo hacen, en general, las bodegas ubicadas en sus respectivos territorios? Es cierto que todavía nos encontramos bodegueros a quienes les resulta complicado entender que esto es otra actividad económica, que no se trata de vender vino directamente, sino de prestar un servicio. Pero es ya máximo el nivel de consenso respecto a que, independientemente de la dimensión del bodeguero, el enoturismo ayuda a prestigiar el producto y a obtener más valor añadido de sus ventas. Esto ha calado en el sector. Otra cosa es que haya disposición para hacerlo y también es cierto que no todas las bodegas son aptas para el desarrollo de esta actividad. En general, el cambio que se ha producido en las bodegas durante estos últimos años ha sido enorme y las inversiones realizadas, inmensas. Algunas son verdaderos monumentos arquitectónicos que pasarán a la historia, el estandarte de cómo ha evolucionado el sector, pero en bodegas pequeñas se ha hecho lo mismo. Y es un fenómeno que no tiene marcha atrás.

El enoturismo forma parte de una oferta turística más global. ¿No ha sido el sector a veces demasiado reduccionista en ese sentido? Sí, porque se ha pensado que consistía tan sólo en visitar una bodega o un viñedo y organizar un viaje para ello. Pero, salvo que se trata de personas volcadas en la cultura del vino, los turistas siempre quieren hacer más cosas, por ejemplo, comprar recuerdos y no sólo en la tienda de la bodega, conocer el castillo o el retablo románico de la iglesia, si los hay, ver funcionar un molino, si se da el caso. Es decir, que no hay que ser fundamentalistas porque en el enoturismo caben el turismo cultural, el de patrimonio, el de naturaleza.

Ustedes están lanzando incluso el concepto de Territorios Enoturísticos Socialmente Responsables, ¿en qué consiste? Es complejo y difícil de ejecutar, porque ni siquiera la Responsabilidad Social Empresarial es  moneda común en el mundo de la empresa. Como para serlo en un territorio en su conjunto. Pero la idea cala porque planteamos que en el turismo del vino hay una cuestión paradigmática, que tanto la oferta como la demanda deben ser respetuosas con el medio. El viticultor ayuda a conservar el paisaje y el patrimonio. Hay zonas del territorio español que se están planteando que no sólo pueden presentar una oferta gastronómica o cultural sino otra que integre valores que hoy también tienen premio y reconocimiento social, como el respeto al medio ambiente o la incorporación de determinados colectivos. Se trata de que el territorio reconozca esos valores y los incorpore a la oferta turística, lo que puede significar un plus para un determinado segmento de población.

¿Cómo valora la reacción del sector vitivinícola ante la coyuntura actual, ¿cree se está defendiendo mejor que otros? Si usted habla con el sector del vino, le dirán que todo va muy mal, porque la coyuntura es negativa para todos los sectores. La situación no es expansiva, por lo que todo el mundo o está en recesión o está estancado. Pero es verdad que, desde el punto de vista del turismo del vino, nuestras cifras demuestran una actividad similar o incluso algo mayor que en años anteriores. Esto se debe, probablemente, a que muchos viajeros que estaban eligiendo destinos internacionales han optado por el turismo más cercano, pero también responde a una promoción mayor. Lo cierto es que todas las iniciativas están más ralentizadas quizá porque los años anteriores fuimos muy deprisa. El enoturismo es el que menos se ha resentido de todos los productos turísticos, porque es más sostenible en términos sociales, económicos y medioambientales y la da mucha base económica a los territorios donde se plantea. Por eso, lo desarrollamos no sólo en las zonas hiperturísticas sino en aquéllas donde es una realidad tan sólo emergente.

¿Qué opina sobre la parkerización, el peso alcanzado por las opiniones del crítico Robert Parker, como uniformización de los gustos? Son modas, son tendencias, pero si yo tuviera que elegir un lema o un mensaje diría que no hay mejor vino que el que a uno le gusta. Nadie te puede decir lo que está bueno, aunque es cierto que el paladar se educa para poder apreciar determinadas cosas. Pero es el propio consumidor el que también permite que evolucione y me parece muy importante evitar que haya personas que se alejen del consumo habitual del vino porque piensan que no están a la altura para apreciar sus calidades o distinguir un vino bueno de uno malo. El vino debe descubrirse probando muchos y escuchando lo que dicen los demás, pero la decisión es siempre individual. No hay mejor gusto que el propio.

Finalmente ¿qué se tomaría en un día como hoy, a estas horas de la tarde, si en lugar de Madrid estuviéramos en Alcázar de San Juan? Sin duda, platos manchegos. A estas horas, en Alcázar me podría tomar una ensalada de limón, fuerte y muy refrescante, elaborada con mucho aceite de oliva, cebolla, limón y otros ingredientes. Sería un buen aperitivo para atreverme después con unas chuletas de cordero Manchego con un buen tinto del año. Una merienda-cena magnífica para estas alturas de la primavera.

Más de una veintena de Rutas y 1.500 empresas

José Fernando Sánchez Bódalo se felicita de que "hoy tenemos 21 territorios vitivinícolas trabajando para promover Rutas del Vino y, entre ellos, 13 están absolutamente certificadas. En el Club de Producto están integradas 1.500 empresas, incluyendo 600 bodegas. Están representadas todas las Comunidades Autónomas y las Denominaciones de Origen más importantes del vino apoyan un proyecto que iniciamos con unas exigencias mínimas que hemos ido ampliando con el paso del tiempo. Ahora mismo incorporarse al Club es más difícil que hace unos años desde el punto de vista de los requerimientos técnicos. Nos queremos dirigir al turismo de calidad media-alta, pero no al elitista, porque también queremos recuperar la tradición popular del mundo del vino".

Las trece Rutas plenamente certificadas por Acevin son la del Vino de Bullas, Jumilla, La Mancha, Ruta del Vino y del Brandy del Marco de Jerez, Ruta del Vino de Montilla-Moriles, Navarra, Rias Baixas, Ribeiro, Rioja Alavesa, Somontano, Tacoronte-Acentejo, Ruta del Vino y del Cava del Penedès y Ruta del Vino Utiel-Requena. En proceso de certificación se encuentran Alicante, Bierzo, Campo de Borja, Condado de Huelva, Lleida, Ribera del Duero, Ribera del Guadiana y Rioja Alta.

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