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Manuel Piedrahita: “El mundo del aceite ha mejorado mucho en imagen, pero sigue teniendo un gran problema con la comercialización”
Texto: Luis Ramírez. Fotos: ORIGEN.
22-9-2009

Periodista, escritor y embajador del aceite de oliva Virgen Extra

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En los tiempos de la televisión única, un periodista de voz suave con un leve acento andaluz se convirtió en personaje popular desde la ventana del Telediario. Corrían los años setenta cuando Manuel Piedrahita Toro ejercía como corresponsal de TVE en Bonn. En diferentes etapas, su presencia en Alemania se prolongaría hasta 1987. Doce años más tarde, cuando se jubiló del periodismo, Piedrahita volvió a sus tierras cordobesas de Baena, para recuperar, como consejero y responsable de Comunicación de OroBaena, la pasión por ese olivar que marcó su niñez y por ese aceite de oliva Virgen Extra que es, en su opinión, cultura, salud y calidad de vida. Lo dice alguien que, tras desayunar un buen mollete con el aceite más noble, pasea de tres a cuatro horas diariamente entre los interminables olivares de su localidad. En estos recorridos se ha inspirado para escribir su última novela, de título “El olivar de las almas”, donde el mundo del aceite es el hilo conductor. Aunque le gusta afirmar que “el periodismo es literatura con prisas”, disfruta también de la pausa. Por eso, ORIGEN habló largamente con él en Baena poco antes de que llegaran los calores.

¿Cuáles son sus primeros recuerdos infantiles vinculados con el mundo del aceite y del olivar?

Mi vinculación con el mundo del olivo se remonta a mi bisabuelo, que tenía varias extensiones de Picuda, la variedad autóctona de Baena, y también de Picual, la de Jaén, que aquí pica bastante menos que en esa provincia, porque el terreno transforma la variedad. Mi padre ya fue periodista, se formó en la escuela de El Debate y se desvinculó un poco del mundo de la agricultura de su padre y de su abuelo. Murió en la Guerra Civil y mi abuela siguió cuidando las fincas. Yo heredé dos de ellas, aunque, como me dediqué al periodismo y abandoné estas tierras, me quedé tan sólo con una. En cuanto a la memoria gustativa infantil, desde muy pequeño, mi desayuno era un hoyo (el joyo, que dicen aquí) con aceite de oliva. A la hora de la merienda, perseguía la pelota por las calles de Baena y tenía en la mano un pedazo de pan con un agujero para aceite de oliva, y un trozo de chocolate. Los chiquillos jugábamos también entonces en los montones de orujo de los molinos. También recuerdo cómo el maestro molinero, en aquellos tiempos, tostaba el pan y lo tenía una hora metido con una cuerda en una tinaja, lo sacaba y le añadía jugo de naranja o de granada. La cultura del aceite de oliva me ha marcado siempre. Por eso, más que en los rendimientos económicos o el coste de los jornales yo he tenido como emblema este referente cultural. En esta parte de la provincia de Córdoba estamos tan acostumbrados al olivo que no le damos demasiada importancia pero hay que estar fuera de España para valorarlo como merece. Por eso, durante el tiempo que pasé en Alemania, cuando aquí en España el mundo del olivar era muy pesimista, ya comencé a valorar el gran futuro que tenía este sector. Siempre he desayunado con aceite de oliva y actualmente suelo tomar el de OroBaena, un aceite sin filtrar, por lo que tiene todas las propiedades y es una joya desde el punto de vista de la salud.

¿Cómo fue su carrera periodística y cómo le llevó a Alemania en los años setenta?

En 1956 empecé a dedicarme al periodismo en el diario Pueblo de Madrid, cuando hice prácticas con gente como Jesús Hermida o Tico Medina. Juntos, aprendimos muchas cosas. Luego, la Asociación de la Prensa concedió unas becas para ir a trabajar a Londres con la agencia Reuters. Me encantó Inglaterra, aprendí inglés y me quedé allí como corresponsal de Europa Press a partir de 1964 y hasta 1967, lo que me permitió descubrir el periodismo anglosajón, el mejor del mundo. En 1967 salió en Madrid un periódico llamado Nuevo Diario y me incorporé como jefe de la Sección de Internacional. Era un periódico moderno, quizá demasiado para la época. Pero, en 1974, Juan Luis Cebrián, por entonces jefe de los Servicios Informativos de Televisión Española, me propuso el traslado a Bonn como corresponsal. En Alemania había otro que se llamaba Pedro Wender, pero estaba radicado en Berlín. Los ministros españoles estaban empezando a ir a Bonn, que era donde estaba el Gobierno y le dijeron a Wender que tenía que trasladarse a esa ciudad. Pero él vivía muy bien en Berlín y buscaron a otra persona. A mí me eligieron porque estaba casado con una alemana y había aprendido el idioma. Llegué en 1974 y estuve hasta 1981, cuando me ofrecieron regresar como director de informativos de Radio Nacional, en la época de Fernando Castedo. Yo ya llevaba allí seis años y dije que sí.

Fue la época del 23-F…

Sí, precisamente yo llegué en un avión de la Lufthansa a Madrid ese mismo día para incorporarme a mi despacho en RNE. Al entrar allí, me di cuenta de que no había llegado en el mejor momento. Y pensé: ¿Por qué no me habré quedado en Alemania? A mí fue al primero al que le dijeron que debíamos emitir música militar, aunque no me pareció un golpe de Estado de los que había visto en las películas, porque un ordenanza me subió a un sargento y a un soldado de reemplazo como si fueran una visita. Después todo se solucionó, como sabemos, pero, con todo el lío, no se cubrió la corresponsalía y en diciembre volví a Bonn, hasta 1987 cuando ya regresé de forma definitiva. Seguí en TVE en varios cargos directivos, por ejemplo como enlace español para el lanzamiento de Euronews. En 1999 me jubilé y volví al mundo del aceite a Baena, al entrar en contacto con los 11 socios de OroBaena.

¿Qué debe de tener un aceite de oliva Virgen Extra para que enamore a Manuel Piedrahita?

El aceite perfecto empieza en el campo. Aquí estamos en producción integrada, que ocupa un lugar intermedio entre la tradicional y la ecológica, y contamos con un ingeniero agrónomo que nos subvenciona en parte la Junta de Andalucía y que visita constantemente nuestras fincas y combate todas las plagas. Es una labor básica y también resulta fundamental separar las aceitunas del suelo de las del vuelo y reducir al máximo el tiempo que tardan en llegar a la almazara. Nuestra recolección empieza en noviembre, muy temprano, con lo que la aceituna es básicamente de árbol y muy limpia. También resulta importante darle un buen uso a la tecnología, así como la forma de almacenarlo y climatizarlo para que no pierda calidad.

¿Qué se puede hacer para superar el problema del desconocimiento que tiene el consumidor con respecto a las diferencias existentes entre los distintos aceites?

Creo que el sector ha mejorado mucho su imagen pero sigue habiendo un gran problema con la comercialización. Por eso, es necesario que al frente de las empresas se sitúen gerentes profesionales. En general, falta un cierto espíritu empresarial entre las gentes del campo, pues muchos piensan que saber de aceites depende del número de hectáreas que se tengan. No obstante, hay también empresarios jóvenes que están mirando hacia el futuro desde otro punto de vista. Yo doy muchas conferencias y sigo observando que el público sigue despistado a la hora de diferenciar el aceite refinado del Virgen Extra. Ya hubo una confusión con mala intencionalidad con el aceite puro, que precisamente era el impuro, un aceite lampante y refinado con un poquito de Virgen Extra. Hay gente que parece que se vuelve loca intentando confundir a los demás. El otro día un médico de Córdoba me decía que les costaba mucho que las administraciones les patrocinaran sus investigaciones sobre Virgen Extra, cuando es el producto verdaderamente saludable y el eje de una dieta como la mediterránea que se está implantando en todo el mundo. Contra el desconocimiento hay que luchar a través de la comunicación. En este sentido, también me parece muy importante la labor que están haciendo muchos cocineros con el aceite de oliva Virgen Extra.

Usted está al frente de la Cofradía de Amigos del Aceite de Baena, ¿cuál es su historia?

A finales de la década de los noventa, cuando todavía estaba en Madrid, participaba en distintos acontecimientos gastronómicos y recuerdo que en torno al Espárrago de Navarra se organizó una ceremonia para nombrar caballeros, a la que acudieron cofradías de Francia. Lo comenté y el alcalde de Baena, ciudad del Olivar y del Aceite, se puso en contacto con la Cofradía de Caballeros del Olivo de Nyons, en la Provenza francesa. Vinieron hasta aquí, nos dieron el espaldarazo y nació nuestra Cofradía. Me nombraron el primer presidente y se diseñó un traje en el que la capa debía tener el color dorado de nuestro aceite y se complementaba con el sombrero cordobés. El Ayuntamiento siempre ha impulsado a la Cofradía y se han organizado jornadas y se ha hecho cofrades de honor a diferentes personajes. En noviembre se organiza el Capítulo. También formamos parte de Fecoes, la Federación Nacional de Cofradías, y de Fenco, el Consejo Europeo de Cofradías. Yo precisamente soy ahora mismo presidente de Fecoan, la asociación andaluza. Y el próximo mes de noviembre tendrá lugar en Galicia, concretamente en Cambados, un importante encuentro internacional.

Desde su larga trayectoria como periodista, ¿cómo valora la información que dan los medios sobre el mundo del aceite?

En las revistas especializadas se está dando una muy buena información, pero en la prensa general se ve que hay gente poco informada que confunde algunos conceptos. Por eso, habría que dar a conocer mejor este universo, imitando esas campañas tan modernas y vanguardistas que se hacen con otros productos. Aunque más importante me parece todavía ser vanguardista no sólo en su elaboración sino, sobre todo, en su comercialización. Tenemos que ser más valientes e invertir todo lo necesario.

¿Cree que los cocineros españoles, tan prestigiosos hoy en el mundo, están promocionando adecuadamente el aceite de oliva Virgen Extra?

Sí, creo que lo promocionan, aunque de vez en cuando nos encontramos con que algunos de ellos utilizan aceites malos en sus cocinas. En todo caso, hay restauradores jóvenes que apuestan claramente por este producto, por ejemplo en Jaén, en Córdoba o en Sevilla.

Hasta los cocineros franceses lo utilizan ya muy mayoritariamente frente a la nata o la mantequilla, como me decía Jean-Pierre Vandelle, una de las personas que más ha hecho en defensa del oliva.

Finalmente, ¿qué receta le gustaría disfrutar en un día como hoy y con qué acompañamiento?

Cualquier día del año me gusta tomar un salmorejo cordobés. Es una maravilla, saludable 100 por 100. Yo nunca dejé de tomarlo ni de prepararlo, ni siquiera en Alemania, donde lo servía como plato primero con cuchara, aunque aquí en Baena se tomara con tenedor y con pan. Mi receta incluye tomate, ajo, pimiento verde, pan, aceite de oliva con aroma y cuerpo y un vinagre de calidad. Yo le pongo un poquito de huevo duro, lo más suave, porque no me gusta que lleve jamón. Le doy ese punto para que no esté ni espeso ni claro. Lo acompañaría con un vino de Montilla-Moriles. También me tomaría una tortilla de patatas fritas con aceite de oliva, bien hecha, que me parece siempre una alternativa magnífica.

Y, como postre, uno que preparaba mi abuelo y que era simplemente una naranja de Palma del Río, esa gran desconocida, partida en rodajas en un plato. Se le añade un chorro del mejor aceite, un poco de canela y de azúcar. Mi abuelo decía que así lo tomaban en Inglaterra. No sé si es cierta esta historia o se la inventaba, pero es un postre sencillo, sano y vitamínico. Para acompañar, por ejemplo, con unas gotitas de un Pedro Ximenez de Toro Albalá, muy poco, porque del último vino no se debe tomar demasiado.

El proyecto de OroBaena

Manuel Piedrahita es uno de los socios y el portavoz de OroBaena, una firma que mantiene la tradición artesanal de las antiguas almazaras de la Villa de Baena y, a la vez, recurre a la más moderna tecnología del mercado. Piedrahita está particularmente orgulloso de OroNovus, el aceite que comercializa OroBaena, su Gran Reserva, y que procede de aceitunas sin hueso. En su opinión, esta condición “mejora las características del aceite tipo Baena, que así resulta más frutado, más suave, más agradable al paladar”.

¿Cuál es, en esencia, el funcionamiento de OroBaena?

Somos, en total, once socios, que representamos a más de veinte familias. Y hemos puesto en marcha un concepto que va más allá de las cooperativas, la Sociedad Agraria de Transformación SAT. Yo soy el más humilde de los socios, me llamaron para incorporarme y creí en el proyecto porque aquí hay gente mucho más preparada que en las cooperativas. Hemos apostado por la divulgación y la comunicación y creo que esta es una Sociedad muy profesional. Hemos sido también innovadores en materia de comercialización, pero estamos también muy vinculados a los orígenes, porque todos somos de Baena y las fincas están situadas en este entorno. Creo que el molino está muy bien organizado y tenemos la mejor tecnología alemana, que nos permite extraer el hueso de la pulpa, algo que nadie más hace en España. Estas aceitunas sin hueso son la base de la marca OroNovus mientras que OroBaena sigue en una línea más clásica. Entre todos los socios tenemos muchas variedades de aceituna: Hojiblanca, Picuda, que es la autóctona de Baena, muy resistente; Picual, la que yo tengo en mi finca; Lechín, y ahora se está implantando también la Arbequina. El maestro molinero ha mezclado todo esto y ha conseguido un “coupage” maravilloso. En total, OroBaena cuenta con unas 3.000 ha de olivar, de las que yo tengo tan sólo 30, aunque muy productivas. En conjunto, podemos llegar a molturar 14 millones de kilos.

Comentarios

ANTONIO. 24-8-2010
CONOZCO PERSONALMENTE A ESTE SEÑOR Y ES ESO MISMO, UN GRAN SEÑOR.

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