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El sabor de lo Ecológico
David Varona
Núm. 49. En Portada. Enero de 2010
18-2-2010

Alimentos más sanos, nutritivos... y ricos

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Foto: Diego Juste
El sabor de lo Ecológico
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Hace unos meses saltaba la alarma: un estudio de la agencia británica reguladora de los alimentos, la FSA en sus siglas inglesas, aseguraba que los productos ecológicos no son más beneficiosos para la salud que los obtenidos a través de métodos convencionales. No eran ni mejores ni peores, simplemente equivalentes. Sorpresa.

El estudio de la FSA fue rápidamente contestado por muchas fuentes, entre ellas, y también en el Reino Unido, el conocido Centro Orgánico, TOC, que reprochó a la FSA utilizar datos antiguos en su trabajo y haberse equivocado en la valoración de algunos antioxidantes.

En España, la Sociedad Española de la Agricultura Ecológica, SEAE, contestó de forma más contundente, a través de un nuevo estudio, el Quality Low Input Food, presentado en agosto de 2009 y elaborado por un consorcio de investigación de 15 países de la UE. La investigación, en la que ha tomado parte la SEAE, es concluyente: "los alimentos producidos ecológicamente contienen una mayor concentración de antioxidantes y un mayor contenido de minerales y vitaminas".

Pero, por si fuera poco, la Universidad Politécnica de Valencia, a través de su área de Edafología y Química Agrícola, ha llegado a conclusiones parecidas a las del Quality Low Input Food. María Dolores Raigón, doctora en esta institución, explicaba recientemente que "las frutas y verduras ecológicas contienen menor nivel de agua, lo que repercute en una mayor cantidad de materia seca, una mayor concentración de los sabores, un mejor ajuste en la relación del precio y una mayor capacidad de conservación". A esta opinión se suma Julián Briz, catedrático de Ciencias Sociales Agrarias de la Universidad Politécnica de Madrid, quien señala que estos alimentos "tienen una mayor calidad nutricional y una mayor calidad que se podría denominar higiénica, pues tienen menos nitratos, plaguicidas, etc". Añade que hay que considerar las cualidades positivas de los productos ecológicos con respecto al medio ambiente, pues su cultivo no favorece el cambio climático, mejora la calidad de las aguas subterráneas..."

Desde la Asociación Comité Andaluz de Agricultura Ecológica, CAAE, su presidente, Francisco Casero, añade también que otros estudios muestran, además, una mayor concentración nutricional, concretamente mayor concentración en proteínas (tanto en alimentos de origen vegetal como animal) mayor contenido vitamínico (en pimientos, cítricos, tomates, etc.) mayor contenido mineral (en coles, lechugas, espinacas, etc.)

Parece, por tanto, que buena parte de la comunidad científica lo tiene bien claro: son más sanos y nutritivos. Y la discusión sigue entre los científicos. Es larga y, seguramente, todavía traerá cola.

Pero en ORIGEN hemos querido ir más allá. Convencidos de que los alimentos ecológicos son una alternativa necesaria y saludable, hemos querido profundizar en la otra parte del debate, la que busca respuestas para la pregunta ¿saben mejor los productos ecológicos que los convencionales?

La opinión de los expertos

España, siendo uno de los principales productores orgánicos del mundo, es un consumidor mediocre, incluso malo. En gran medida, esto se debe a la falta de conocimiento de los usuarios. Silvia Rúa, de la empresa distribuidora Ecoalternativa, explica que el consumidor "demanda salud", pero falta oferta en los supermercados donde compra la inmensa mayoría de la gente: "nadie quiere tener que hacer una gimkana para comprar ecológico", señala Rúa.

En CAAE coinciden con este planteamiento y apuntan que "el reto principal es integrar los productos ecológicos también en los canales convencionales de comercialización y en los puntos de venta habituales para la mayoría de la población".

Por su parte, Juan José Viedma, responsable de Ventas Ecológicas, el mayor supermercado especializado en estos productos, está de acuerdo en que hay muchas barreras y, en una visión más radical, considera que la Administración no contribuye mucho a derribarlas: "La comunicación que hace el Gobierno sobre alimentos ecológicos no deja de ser propaganda, nunca dice la verdad: que los alimentos convencionales están contaminados y los ecológicos no". Viedma, por tanto, va más allá en el debate y plantea que la inmensa mayoría de los productos normales contienen en mayor o menor medida sustancias que, a largo plazo, son dañinas. Sustancias que, obviamente, están prohibidas en la agricultura ecológica. "Pero eso no lo pueden decir, porque sería tirar piedras contra el resto de la agricultura", apunta Viedma, "y, entonces, la gente lo único que ve son unos productos más caros, no siempre atractivos de aspecto y, supuestamente, más sanos, pero eso no sabe cómo valorarlo". Ante esa situación, comprende Viedma que las ventas en España sean tan pobres, especialmente en 2009, cuando, según indica, el mercado interior se contrajo más del 30 por ciento por culpa de la crisis.

Clemente Matas, subdirector general de Calidad Agroalimentaria y Agricultura Ecológica del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, considera que "al consumidor español le falta información sobre el método de producción. A muchos les suena pero no lo conocen en profundidad. La información es la primera fase para incrementar el consumo y a ello nos dedicamos". Asegura también que es importante la concienciación medioam-biental de la población. "Esto, sin duda, contribuirá a posteriores incrementos de la demanda", remacha. Víctor Gonzálvez, de la SEAE, añade que, para dar a conocer mejor este tipo de alimentos y expandir su uso, sería conveniente "incentivar el consumo de alimentos ecológicos en escuelas, hospitales y comedores de instituciones públicas".

Pero, independientemente de las razones, es una pena que existan esas barreras, porque los datos de un estudio de mercado del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino demuestran que el 75% de los consumidores que han probado alguna vez los alimentos biológicos encontró diferencia de sabor con respecto a los convencionales.

Los catadores lo confirman

Como siempre, determinar si algo sabe mejor o peor que otra cosa es una tarea muy difícil y sujeta a todo tipo de subjetividades. Por eso, el citado Ministerio y la Federación Española de Empresas con Productos Ecológicos, FEPECO, trabajan desde 2007 junto con la Unión Española de Catadores (UEC) para llevar a cabo una comparación científica entre los alimentos convencionales y los biológicos. Fernado Gurucharri, presidente de la UEC, asegura que "el sector de la alimentación ecológica en España ha experimentado en la última década un boom cualitativo que en la actualidad nos permite disfrutar de una gama de productos cuya calidad media es cuando menos notable".

Para decirlo se basa en sus datos: en 2007 realizaron catas a ciegas de 68 vinos, 22 aceites de oliva Virgen Extra, 28 muestras de manzanas y tomates, 8 tipos de pan y 6 de carne, siempre ecológicos, y se han valorado estos productos de acuerdo a los estándares utilizados para juzgar a los convencionales.

Los resultados, conclusiones y recomendaciones de los catadores fueron publicados por el Ministerio: "se puede calificar de notable el nivel cualitativo medio de los sectores alimentarios ecológicos analizados, ubicándose estos productos en categorías de bueno o de bueno a muy bueno.

Seguía diciendo el informe: "se destaca el alto potencial de los alimentos obtenidos en aplicación de las técnicas de cultivo, crianza y/o elaboración derivadas de las vigentes normas de la producción ecológica. Dichas técnicas favorecen la calidad, por lo que los alimentos ecológicos se sitúan en una buena posición para alcanzar elevados niveles organolépticos". En otras palabras: saben muy bien, huelen muy bien y tienen un aspecto idóneo.

El trabajo se repetió en 2008, pero en esta ocasión con 72 muestras de leche, queso, embutidos, salazones, peras y patatas. Los resultados, casi idénticos a los del año anterior y la conclusión de que los alimentos ecológicos españoles alcanzan magníficos resultados organolépticos cuando se catan.

Los informes de los catadores hacen hincapié en el alto nivel técnico de la producción y en el esmero que ponen los agricultores y ganaderos ecológicos. Esto, en parte, tiene que ver con su mayor preparación. Como explica Julián Briz, "el productor ecológico está más formado que el convencional porque, a los conocimientos que pueda tener por herencia y vocación familiar o por estudios realizados, se suman los cursos específicos que se organizan en cada comunidad autónoma". Pero Víctor Gonzálvez, de SEAE, añade que el apoyo a la investigación en agricultura ecológica es "todavía escaso y disperso si lo comparamos con la investigación en transgénicos".

Debate sobre calidad y precio

Hasta aquí, todas las fuentes consultadas están de acuerdo: los alimentos ecológicos saben mejor, huelen mejor y son más sanos y nutritivos. Pero se abre otra discusión: ¿son todos igual de buenos? Los datos de los catadores dejan claro que no, pero como casi todas las muestras que analizan se mueven en resultados tan altos, da la impresión de que la palabra "ecológico" se vincula a "excelencia". Pero apuntan que no todo es igual. Fernando Gurucharri, presidente de la UEC, explica que "ni todos los productos ecológicos saben como los de antes, ni todos los productos sin ese marchamo no saben como los de antes. Los procesos de producción de unos y otros influyen a la hora de definir en términos de calidad cada producto, pero el análisis debe ser individual para poder ser realista".

Así, todos los expertos saben que, a medida que crece el número de productores y marcas, las calidades se van diferenciando mejor. Francisco Casero asegura que "en el sector ecológico, especialmente en el sector fresco, aunque también en los productos elaborados, existen categorías y niveles de calidad en función de calibres, cualidades funcionales, etc... de forma similar a sus homólogos convencionales".

Silvia Rúa, de Ecoalternativa, matiza que "como el mercado es muy nuevo, la gente asocia ecológico a calidad, pero no siempre es así". Juan José Viedma, de Ventas Ecológicas, está de acuerdo con esta idea y da un ejemplo: "en invierno tenemos tomates ecológicos de invernadero". "Son ecológicos, sí, y por tanto sanos y nutritivos, y seguramente de una variedad autóctona y especial, pero no podemos esperar que sepan como los tomates de la huerta de antaño, porque no es temporada".

Esta realidad supone un problema: el público espera que los sabores sean asombrosos. Y, como en el caso que expone Viedma, no siempre es posible. Esto hace que el público se frustre un tanto, porque está pagando más por un sabor que no es el que espera y tampoco es capaz de valorar si el producto es más sano y nutritivo. Convirtiéndose casi en un acto de fe.

El precio, por tanto, aparece siempre al final del debate. Clemente Matas, del MARM, considera que "las estructuras de comercialización de los productos ecológicos no están tan desarrolladas como en el sector convencional, lo que añade algún coste adicional". Sobre este problema estructural Juan José Viedma añade más información: "Un kilo de tomates ecológicos y otro convencional se diferencia en origen por, pongamos, un euro. Pero cuando llegan a Alemania, los distribuidores locales y el transporte los han encarecido por igual en unos 50 céntimos por kilogramo. Otro euro añade el vendedor y, al final, la diferencia en precio entre un kilo y otro es del 30 por ciento, algo asumible". Y continúa: "En España, con el mismo origen y muchos menos costes de distribución, el ecológico cuesta el triple que el convencional en las tiendas." Son datos que hablan de la falta de madurez de nuestro mercado que trata de forma muy diferente al producto ecológico y, en muchos casos, lo encarece sin motivos. "Aquí nos encanta aplicar porcentajes en lugar de tasas fijas en la intermediación y eso encarece mucho el resultado", asegura Viedma.

Por su parte, Silvia Rúa piensa que el diferencial de precios tiende a reducirse. "Hay que comparar con un producto de igual calidad y entonces el precio es parecido", apunta, "pero la cuestión es si existe o no ese producto". Y también pone un ejemplo: "un flan de huevo ecológico dura 15 días y no tiene tanta rotación en los lineales, ni la misma logística, ni la misma conservación y gestión de stocks...". Pero considera que este problema tenderá a disiparse a medida que aumente el consumo, como sucede en otros países, donde la gente compra tanto ecológico que hay marcas más baratas que las convencionales. Además, añade un argumento incontestable para justificar los precios actuales: la seguridad alimentaria. En su opinión, compartida por todos los especialistas consultados, comer ecológico es muy seguro porque la producción está muy vigilada. "Los productos ecológicos están certificados y eso hay que pagarlo", subraya Silvia Rúa.

España, una potencia productora

Los datos del Medio Ambiente, Rural y Marino no dejan lugar a dudas: España se ha convertido en el país europeo que más alimentos ecológicos produce. Con casi 25.000 operadores y más de 1.314.700 hectáreas certificadas, la producción ecológica española supera a la de Italia, tradicional "líder" de este particular escalafón. Desde 2004 a 2008, la producción ecológica creció en España un 80 por ciento y los operadores un 33 por ciento.

Por comunidades, destaca Andalucía, con más de 784.000 hectáreas, un 60 por ciento de todo el país, y 8.125 operadores certificados. Inmediatamente después, se sitúan Castilla La-Mancha, Extremadura, Aragón y Cataluña.

El cultivo que más hectáreas se lleva es el del cereal, seguido por el olivar, los frutos secos y los viñedos. En cuanto a la ganadería, en 2008 había registradas algo más de 3.800 explotaciones ganaderas, destacando el vacuno, con más de 1.670 cabañas y unos 100.000 animales. Después van las ovejas, con cerca de un millar de explotaciones, y las cabras, con más de 200. Cerdos, aves y abejas ecológicas completan el podio.

Empieza a ser también considerable el tamaño de la industria transformadora de productos ecológicos en España. Si tradicionalmente éramos un país "agrícola" frente a los "industriales" Alemania o Francia, ahora esto se equilibra y ya contamos con casi 2.200 empresas transformadoras, entre las que sobresalen las manipuladoras de hortalizas, las bodegas o las almazaras. Se hace hueco también la producción de platos ya preparados con ingredientes ecológicos, un apartado muy extendido y poderoso en otros países y todavía muy poco rodado en España, donde destaca Cataluña como pionera. Para Clemente Matas, del MARM, "se encuentra en continuo crecimiento".

Pero, a pesar de ser líder en la producción, España necesita mejorar, y mucho, sus tasas internas de comercialización. Somos uno de los países donde menos productos ecológicos se consumen, con un gasto medio de 10 euros por español, una nadería frente a los 115 euros de media que gastan los suizos o los 50 de los alemanes. Y en esta diferencia tiene mucho que decir, en general, el desconocimiento: buena parte de los consumidores no conoce los productos ecológicos o piensa que son demasiado caros.

Y es una lástima, porque la producción ecológica española está muy bien valorada fuera de nuestras fronteras. De hecho, el 90 por ciento de lo que producen nuestros agricultores ecológicos se marcha a países como Alemania, Reino Unido o Francia, donde los mercados son mayores y están mejor estructurados. De hecho, los consumidores de esos países buscan expresamente los productos ecológicos españoles, como explicaba hace unos años en Córdoba el editor de la revista alemana 'Ein Herz für Bio' (El Corazón Bio), Klaus-Jürgen Holstein, quien aseguró que los jóvenes germanos muestran una clara preferencia por los alimentos ecológicos de España, sobre todo por los productos de quinta gama, los ya envasados y preparados para su consumo inmediato (a pesar de que todavía no son muchos). Holstein añadió que los jóvenes alemanes se decantan especialmente por el sector de los embutidos y quesos, y, en general, por todos aquellos alimentos que tradicionalmente se consumen en España acompañados de pan.

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