María del Río, un restaurante de barrio en Madrid

Plato vegetal del restaurante María del Río en Madrid con ingredientes frescos.
Delicioso plato vegetal servido en el restaurante María del Río, Madrid.

El hostelero Andrea Pirastu firma su proyecto más personal: una casa “sin artificios” que rinde homenaje a su abuela (102 años) y propone una experiencia relajada, con eje vegetal, técnica precisa y una bodega de pequeñas referencias.

En Puerta del Ángel, a un paso del río Manzanares, María del Río (Doña Urraca, 16) abre sus puertas a quien busca comer y beber muy bien en un ambiente cercano, con música, luz y una hospitalidad sin rigideces. El proyecto, inaugurado en octubre de 2024, nace de una idea clara: hacer un lugar honesto, sin discurso, donde todo esté al servicio del disfrute.

Detrás está Andrea Pirastu, hostelero con más de 14 años desarrollando proyectos en Madrid (Aió, Casa dei Pazzi, La Bruta y La Embajada de Embajadores, entre otros). En María del Río, Pirastu pone el foco en lo esencial: producto reconocible, cocina sencilla en el plato (aunque cuidada al detalle) y una selección de vinos pensada para descubrir.

María del Río es el nombre y apellido de la abuela de Andrea, hoy con 102 años. El restaurante, además, se sitúa junto al río: “Todo cuadraba: el homenaje personal, el lugar y el sentido del proyecto”, explica Andrea.

Cocina vegetal (sin dogmas) y técnica al servicio del sabor

La propuesta tiene un eje claramente vegetal, pero sin etiquetas cerradas: verduras trabajadas con respeto y protagonismo, que conviven con carne y pescado cuando “tiene sentido”. La técnica más habitual pasa por baja temperatura al vacío para preservar sabor y textura, rematada después con plancha, fuego o flambeado.

En el arranque del restaurante fue clave el diálogo con Carmine Bavuso, que hoy continúa como asesor culinario. El día a día de la cocina lo lidera Carlo Cirronis, chef ejecutivo, con una dinámica basada en prueba constante, ajuste y mejora continua.

La carta es corta y cambiante, sin calendario fijo. El “fuera de carta” es parte esencial del ADN del proyecto: un espacio de libertad para probar ideas nuevas. Aun así, hay platos que se han convertido en imprescindibles para los clientes —como la burrata, la ternera especiada a baja temperatura o la pasta con ternera—, mientras otros entran, evolucionan y desaparecen.

Además, en María del Río se da mucha importancia a la carta de quesos y embutidos, que se cortan siempre al momento para el cliente. Suelen trabajar con unos 15 quesos disponibles, entre españoles e internacionales, en rotación, que compran a Ardai, y alrededor de 10 embutidos, tanto españoles como italianos, que también van cambiando.

Vinos pequeños, ricos y con personalidad

La selección de vinos parte de una premisa: primero, que el vino esté bueno. Después, si es natural o de mínima intervención, mejor para Andrea Pirastu que defiende este tipo de vinos. La bodega se apoya en proyectos pequeños y no industriales, con un listado que ronda las 50 referencias entre tintos, blancos, orange y espumosos.

La estética se ha desarrollado junto a Florencia Porreca y Estudio Ripani que combina líneas limpias con un azul muy presente en sillas y mesas (hechas por un ebanista gallego). El corazón del local lo ocupa una gran mesa de mármol concebida para compartir. Un detalle íntimo remata el conjunto: las copas llevan dibujos hechos a mano por la abuela María del Río.

ORIGEN, la revista

Acceso Biblioteca Origen Digital

Suscripción a Newsletter

Scroll al inicio