El Valle del Oja, la gran familia

Señal del río Oja en un paisaje montañoso de España
La señal del río Oja en un hermoso paisaje montañoso.

Conocido popularmente como río Glera, por su cauce lleno de arena, grava y cantos rodados, el Río Oja atraviesa cuatro de las nueve aldeas de Ezcaray para posteriormente bañar al propio Ezcaray, Ojacastro, Santurde de Rioja, Santo Domingo de la Calzada, Villalobar de Rioja, Baños de Rioja, Castañares de Rioja y Casalarreina.

Texto: Patricia Magaña. Fotos: Origen

Y como si de una hilandera se tratara, mientras trascurre por estas localidades, teje un vínculo entre sus habitantes, que comparten un fuerte sentimiento de pertenencia a su tierra, y una forma de ver y vivir la vida alegre, sincera y llena de generosidad. Porque así son los vecinos del Valle del Oja o, al menos, así son los que se cruzaron con nosotros en los tres intensos días durante los que recorrimos la zona en busca de historias, productos y productores. ¡Y vaya si los encontramos!

Santo Domingo de la Calzada

Plaza de Ezcaray decorada con banderines durante una festividad

Empezamos nuestra ruta en Santo Domingo de la Calzada, una ciudad intrínsecamente ligada al Camino de Santiago en su ruta francesa. Allí, rodeados de peregrinos, visitamos la catedral, que es la única en el mundo en alojar animales vivos de forma permanente, concretamente un gallo y una gallina, en recuerdo de un milagro que obró Santo Domingo en el que “cantó la gallina después de asada”.

Chuchi y los amigos

Fachada del hotel Rural Pura Vida en Valgañón con dos personas en la entrada.

La caída del sol marca el momento de ir a nuestro centro de operaciones, el precioso hotelito Rural Pura Vida, en Valgañón, a tan sólo cuatro kilómetros de Ezcaray, regentado por Ascensión Bernal y Javier Bonilla desde 2014. Por su casa pasan clientes de todo tipo y de todas las nacionalidades, “desde personas que quieren hacer deportes de montaña en la Sierra de la Demanda hasta gente que quiere visitar bodegas y otros atractivos turísticos de La Rioja”, explica Javier.

Fachada del Hotel Rural Pura Vida en Valgañón con plantas decorativas.
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Desde el hotel nos acercamos a La Parra, el único bar del pueblo que regenta una mujer llamada Valvi, a picar algo de queso y embutido de la zona. Allí tenemos la enorme suerte de conocer a Chuchi, Sanchito, Javi y Toño. Estos vecinos de Valgañón, ya jubilados, nos muestran la cara más bonita y hospitalaria de La Rioja y, además, conocen a todos los productores que vamos buscando y nos dan pistas sobre alguno más: “Sí, claro, vas a ver a Víctor, el de la miel, ese fue pelotari, ¿sabes?, pero también tienes que hablar con David, el hijo de Valvi, que es ganadero y tiene ahí las vacas, en ese monte”, nos dicen señalando a la montaña.

Las colmenas de Víctor

Dos apicultores en trajes amarillos sonríen en un paisaje montañoso.

Al día siguiente, y tras un copioso desayuno, madrugamos para encontrarnos con Víctor Esteban de Mielezcaray, entre Ezcaray y Zaldierna, en un paraje conocido como Los Cascajos. “Mis tatarabuelos ya tuvieron colmenas, pero fue mi tío quien se dedicó a ello de forma profesional y después me las quedé yo. La apicultura tiene algo adictivo, porque la abeja te atrapa”, explica mientras nos ponemos los trajes para visitar la explotación.

Un apicultor revisando un panal de abejas en el Valle del Oja

Con alrededor de 500 colmenas, Víctor las distribuye en distintos puntos del monte para producir mieles de brezo, zarza, roble o encina, que vende en Bilbao, Logroño y Ezcaray. “La producción varía mucho, pero la media ronda entre 6.000 y 10.000 kilos”. Además de vender la miel, Víctor organiza visitas guiadas a sus colmenas para quienes se lo piden a través del Instagram de la marca, contando mil y una curiosidades de estos fascinantes animales.

Míticas Mantas Ezcaray

Tras despedirnos de Víctor, nos dirigimos a Mantas Ezcaray, un negocio fundado por Cecilio Valgañón en 1930 y que hoy gestiona la tercera generación de la familia. Allí nos encontramos con Enma Ramos, la encargada de la tienda, quien nos desgrana la historia de esta mítica empresa: “Cecilio Valgañón era un enamorado de las buenas materias primas con las que fabricaba mantas aquí en Ezcaray. Hoy en día, mantenemos la misma esencia”.

Mujer trabajando en la producción de mantas en Ezcaray

Así es, con cashmere, lana o mohair, producto estrella de la compañía, se elaboran las mantas, bufandas y demás productos de forma totalmente artesanal en la fábrica, situada a tan sólo un kilómetro de la tienda, y en la que trabajan alrededor de 60 personas de todo el valle.

“Limpiamos los tejidos con el agua del río Oja, elegimos los colores, hacemos las canillas o los rodetes, dependiendo de los telares, cardamos con cardo natural y todo se cepilla manualmente. Así conseguimos unos productos de una enorme calidad”.

Francis, sin más

Chef Francis Paniego en el restaurante Echaurren con decoración clásica

Antes de coger el coche para visitar Santurde de Rioja, pasamos por Echaurren, donde nos espera Francis Paniego para el mundo, y Francis, sin más, para los habitantes del Valle del Oja. Y es que Echaurren, con sus 128 años, y el propio Francis son todo un emblema en la zona. “Hemos entendido la labor que jugamos en este pueblo, ya que trabajamos con una red de pequeños proveedores de la zona que también han pasado de generación en generación. Por ejemplo, nosotros trabajamos con carnicerías con las que mis abuelos ya trabajaban; eso es muy bonito y es lo que nos permite tener una propuesta diferente y con personalidad”.

“Además -prosigue-, hemos entendido que estamos de paso y que nuestra obligación es sostener el legado y pasarle el testigo a la siguiente generación”. Y ciertamente hay futuro, ya que la siguiente generación descansa en Gonzalo, su sobrino y uno de sus jefes de cocina, y en su hija Berta, que ha decidido volver al Valle para incorporarse al negocio y pasar tiempo con su novio, Rodrigo, que también es productor de caparrón del Valle del Oja.

El joven agricultor

Hombre sentado en un campo de fresas rodeado de plantas verdes

También productor de caparrón y miembro de la asociación de desarrollo rural La Hilera, que pretende revitalizar el caparrón pinto autóctono del Valle, encontramos a Guillermo Montoya, de 34 años. “Estamos entre cinco y seis jóvenes produciendo caparrón pinto, manteniendo su selección genética. Se trata de una alubia muy sensible, muy delicada, que tiene unas manchas moradas muy bonitas mezcladas con blanco y en el plato queda buenísima”.

Además de caparrones, Guillermo produce desde hace dos años más de 40 tipos de cultivos en Tierra Negra, la huerta que tiene en Santurde de Rioja. “El sector tiende a concentrarse en unos pocos agricultores con mucha superficie, pero yo quería hacer justamente todo lo contrario, agricultura biointensiva, lo que significa muchos cultivos en una superficie pequeña y con una rotación muy alta”. Así nació este proyecto de venta directa donde también realiza agricultura regenerativa, muy centrada en la salud del suelo.

El oráculo de Ezcaray

Hombre junto a un vehículo en el Valle del Oja rodeado de montañas

Nos despedimos de Guillermo para encontrarnos con su primo Juan Arguisjuela, conocido popularmente como Juan Silvestres, el nombre de su empresa. “Juan es el oráculo del pueblo, es la conciencia de Ezcaray”, nos había dicho antes Francis Paniego… Y lo es. Con su empresa de turismo de naturaleza, organiza actividades de senderismo, avistamiento de animales, reconocimiento de plantas o setas, etc. Todo ello mientras desgrana curiosidades etnográficas de la zona y con la tranquilidad de estar en manos de un guía profesional.

Mientras visitamos algunas de las nueve aldeas de Ezcaray, nos cuenta que en la región “hay montañas de 2.000 metros de altura, hayedos muy representativos, bosque mixto, especies cinegéticas, más de mil especies de plantas y varios miles de variedades de setas, muchas de ellas sin catalogar”. De hecho, el primer fin de semana de noviembre se celebra en Ezcaray una exposición micológica: “Es una de las más antiguas y de las que más prestigio tienen, de hecho, se vuelca todo el pueblo, unos van a por setas, otros las clasifican junto a expertos que nos acompañan, otros las colocan, otros preparan pinchos… Es una auténtica fiesta”.

Pero Juan no sólo es un excelente narrador, también es un deportista que escala montañas o hace exigentes rutas con raquetas de nieve, si se lo piden. “Habrá más de 300 kilómetros de senderos solo en esta zona”.

Pedro y su madre, Vicenta

Pedro Masip y su madre Vicenta en Casa Masip, Ezcaray.

Dejamos los senderos para volver de nuevo a la carretera que nos lleva a Ezcaray, tenemos cita con Pedro Masip, de Casa Masip, uno de los grandes restaurantes de la zona. Mientras degustamos una espectacular menestra y un delicioso bacalao, vemos a una señora guapa y elegante, que pasea por el precioso jardín del restaurante. Más tarde descubrimos que es Vicenta, la madre de Pedro, que tiene ni más ni menos que 94 años y que estuvo trasteando en la cocina hasta el año pasado.

La historia de Casa Masip es la historia de Vicenta. Ella y su marido empezaron en Zorraquín en 1977 “con un asador de pollos, tortillas y ensaladas” y en 1983 abrieron el bar en Ezcaray. “En 1990 tuvimos la oportunidad de comprar la casa y el terreno donde hoy se asienta el restaurante, que se inauguró en 1995, y el hotel que se abrió en 2006”, explica Pedro.

“Nuestra cocina es una cocina tradicional de producto -explica Masip-, trabajé en Madrid en restaurantes de cocina clásica y me va la cocina tradicional, con buen producto y bien elaborada”. Ahora, por ejemplo, su menú degustación lleva espárragos, un paté de perdiz escabechada, un canelón de queso y trufa que es un clásico de la casa y un lomo de ciervo que está muy rico. “Me gusta mucho trabajar la caza y las setas”, reitera.

Adriana, la cantera

Adriana Díaz en su taller de cantería creativa mostrando obras de piedra.

Despedimos a Pedro y a su madre para acercarnos a visitar a Adriana Díaz, de Cantería Creativa, una de las pocas mujeres canteras, si no la única, de nuestro país. “Hace 27 años decidí vivir en el mundo rural y encontré esta casa en Ojacastro. Desde entonces, este es mi sitio en el mundo”, comenta mientras nos enseña su taller.

“Desde siempre me han gustado las piedras, tienen una energía impresionante; mi forma de trabajar es conversar con ellas, acariciarlas para poder sacar lo que me dicen o lo que yo veo”. Con esa técnica, Adriana talla desde escudos, esculturas y monolitos hasta bandejas, platos y muchas otras piezas de menaje para bares y restaurantes de la zona, incluidos algunos tan representativos como Echaurren o Venta Moncalvillo.

La última quesería

Salimos de Ojacastro para acercarnos a Zorraquín donde, al pie de la carretera, encontramos la Quesería Valle del Ciloria, el último proyecto quesero de la zona tras el cierre de Tondeluna y una de las pocas queserías de leche de vaca de La Rioja. Moira, de ascendiente escocés, nos invita a un café y nos cuenta que se trata de un negocio familiar en el que están implicados Álvaro, que es su pareja, su cuñado y su sobrino.

Mujer frente a la entrada de una quesería en el Valle del Ciloria

Fue su suegra la que comenzó haciendo queso con el excedente de la leche de un par de vacas que tenían en casa hasta que en 2019 deciden montar la quesería. Ahora mismo tienen diez vacas de leche, lo que supone unos 200 litros con los que hacen queso fresco, semicurado, curado, yogures, queso de pasta blanda y cremas de untar. Todo lo venden en Ezcaray y Zorraquín, algún restaurante y alguna bodega.

Al poco tiempo llega Álvaro, y nos acercamos a ver las vacas, que pastan tranquilamente en un prado justo al lado de la quesería. “Empezamos con raza frisona, pero ahora estamos yendo a las Fleckvieh y las Brown Swiss, que son vacas con un extracto quesero aún mayor y también estamos cruzando con Montbéliarde y con la Normanda”, explica.

David, el rey de la dehesa

Ganadero en el Valle del Oja cuidando de sus vacas en un prado verde.

Hemos visto las vacas de leche de Moira y Álvaro, pero la mayoría del ganado de la zona es vacuno de carne, así que hacemos caso a Chuchi y nuestros amigos de Valgañón y acompañamos a David Rojo, el hijo de Valvi del bar La Parra, para subir con él a la Dehesa, un impresionante paraje municipal donde el ganado de David convive con el de otros paisanos. Porque, a diferencia de lo que ocurre en gran parte de España, donde el ganado tiende a desaparecer, en Valgañón existen cinco explotaciones ganaderas, de vacas y también de ovejas y yeguas de carne.

Vacas pastando en un prado verde en el Valle del Oja

“En la explotación, que llevo con mi tío, tenemos en total 6 toros, 25 novillas y 200 madres inscritas en el libro genealógico de la Raza Pirenaica, que se adapta muy bien a este clima de montaña. Además, cuanto más pura es la raza más facilidad tienen en los partos -explica-. La mayoría está aquí en el monte desde mayo hasta noviembre, a partir de entonces las metemos en la nave porque aquí el invierno es muy duro”.

Abandonamos la paz de la Dehesa y dejamos a las vacas y al único toro que David tiene en ese prado para visitar la preciosa Iglesia románica de Nuestra Señora de Tres Fuentes, del siglo XIII, y emprendemos camino a Baños de Rioja.

Potenciando el enoturismo

Mujer en la entrada de una vinoteca con barricas de vino

No podíamos irnos de La Rioja sin visitar una bodega del Valle del Oja, y elegimos Finca La Emperatriz de Hermanos Hernáiz, inscrita en la D.O.Ca Rioja. Allí, en los terrenos que un día fueron de Eugenia de Montijo, nos recibe Daniela Lozano, del equipo de enoturismo.

De las 80 hectáreas de viñedos que rodean a la bodega, uno histórico plantado en vaso con una media de 70 años ofrece los dos vinos de Finca La Emperatriz. “Desde 2017, disponemos de un proyecto importante de enoturismo donde hacemos visitas al viñedo, catas, degustaciones y eventos. Además, tenemos tres villas turísticas pet friendly”, explica.

Casalarreina está de moda

Le decimos adiós a Daniela para proseguir el camino, ya de regreso, no sin antes pasar por Casalarreina para visitar Lumbre, el restaurante que desde hace unos años alumbra a este pueblo riojano.

Chef en una cocina moderna con utensilios y equipo profesional

Allí hablamos con Sergio Hernando, quien desde 2019 lidera gastronómicamente el restaurante. “Esto antes era La Cueva de Doña Isabela, pero se hizo una rehabilitación del edificio y se decidió dar un giro a la propuesta gastronómica; así nace Lumbre”.

Hernando define su cocina, que presenta en tres menús gastronómicos, como “disfrutona, calmada y trabajada”. “Queremos que todo esté muy bueno y que la gente disfrute, se trata de cocina con una base tradicional y con producto autóctono, compramos a las huertas de los alrededores y trabajamos mucho con el cordero, que siempre está en el menú”.

Casa rural en el Valle del Oja con flores rojas y vegetación

Con un producto tan riojano como el cordero cerramos la charla con Sergio para volver a casa. No sin antes hacer recuento de todo lo vivido estos días por el Valle del Oja, y no sin cierto pellizco en el corazón porque, verdaderamente, nos han acogido como en casa y hemos tenido la sensación de haber formado, durante unos días, parte de esta gran familia riojana.

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