La flota optimiza la biomasa capturando ejemplares adultos, evitando y liberando activamente los bancos de menor tamaño. La campaña se ha completado en 17 días de pesca efectiva, tras gestionar con éxito cuatro jornadas de total inactividad en alta mar debido a las condiciones meteorológicas. Un complejo despliegue logístico coordina el traslado de 19 piscinas de transporte acuícola hacia las instalaciones de la costa tarraconense.
La flota capitaneada por Balfegó ha dado por finalizada su campaña anual de pesca de atún rojo (Thunnus thynnus) en el Mediterráneo occidental tras haber completado con éxito el 100% de su cuota asignada: un total de 4.045 toneladas fruto a la pesca conjunta. Las operaciones concluyeron antes de ayer, lunes 8 de junio, con la última captura de la temporada, y las embarcaciones principales regresaron al puerto de L’Ametlla de Mar de forma escalonada de madrugada.
A diferencia de la rapidez que caracterizó la campaña anterior, este año la actividad se ha prolongado durante tres semanas (21 días naturales), un calendario marcado por una rigurosa gestión meteorológica —que obligó a la flota a mantenerse amarrada y sin actividad operativa durante cuatro jornadas a causa del mal tiempo— y, de manera muy destacable, por la aplicación estricta de una estrategia deliberada de pesca selectiva regida por los estándares de calidad y sostenibilidad de la compañía.
El «Sello Balfegó»: Optimización de la biomasa y rigor ambiental
Fiel a sus protocolos internos — cuyos niveles de exigencia superan ampliamente el marco normativo internacional—, Balfegó ha priorizado en todo momento la optimización de la biomasa. El objetivo central de la campaña no ha sido la velocidad de extracción, sino la minimización del número de ejemplares capturados mediante la búsqueda exclusiva de piezas adultas de gran tamaño. A nivel operativo, esta filosofía se ha traducido en descartar de forma activa aquellos bancos detectados en alta mar que presentaban un porcentaje elevado de ejemplares jóvenes o de menor peso (comprendidos entre los 30 y los 60 kilos). Incluso, en aquellos lances donde la red ya se había cerrado, se ha procedido a la liberación selectiva de los ejemplares si estos no cumplían con los estándares de la marca.
En palabras de Juan José Navarro, director adjunto de Balfegó: “Aunque la legislación vigente permite la pesca de ejemplares a partir de los 30 kilos, nuestros criterios comerciales y de sostenibilidad nos impulsan a buscar piezas que superen holgadamente los 100 kilos. Desde un punto de vista biológico, es mucho más eficiente extraer unos pocos ejemplares grandes para cubrir la cuota que penalizar a decenas de individuos jóvenes. Nuestro propósito inequívoco es capturar la misma biomasa con el menor número de peces posible, y los resultados confirman el éxito de este modelo”.
Rigor logístico, excelencia, compromiso y el factor humano
La campaña de pesca ha requerido la coordinación de un engranaje compuesto por 13 barcos de cerco (procedentes de España, Francia e Italia) y 26 de apoyo auxiliar,g enerando más de 350 empleos directos en el territorio.
Como es preceptivo, toda la operativa ha estado rigurosamente supervisada por observadores independientes de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) y monitorizada mediante el uso de tecnología de cámaras estereoscópicas para la verificación exacta del peso medio del recurso. En estos momentos, se procede al remolque ordenado de las 19 piscinas de transporte acuícola móvil que trasladan los ejemplares vivos hacia las zonas de concesión de la compañía frente a la costa de L’Ametlla de Mar.
Navarro ha querido ensalzar de manera especial el componente humano y el compromiso de las tripulaciones como el verdadero elemento diferenciador de la compañía: “Dirigir y coordinar una flota de estas dimensiones en alta mar exige una precisión técnica milimétrica. Sin embargo, el verdadero orgullo de Balfegó reside en el respeto, la delicadeza y el profundo cuidado con el que nuestros profesionales manipulan y tratan al animal en cada una de las fases de transferencia. Esa sensibilidad técnica y humana no solo es la que garantiza una calidad gastronómica insuperable a nivel mundial, sino la que verdaderamente define nuestra identidad y nuestros valores como organización”.





