El Restaurante Botín, reconocido por el Guinness World Records como el restaurante más antiguo del mundo, ha inaugurado 2026 consolidado como uno de los grandes referentes históricos y culinarios de la capital tras la celebración de su 300º aniversario a lo largo de 2025.
Fundado en 1725 y situado en la calle Cuchilleros de Madrid, el establecimiento afronta su cuarto siglo de actividad con el reto de preservar intacto su legado gastronómico en un contexto marcado por la transformación del sector hostelero y la proliferación de tendencias efímeras.
Durante el año de su tricentenario, Botín atendió a 274.029 comensales y sirvió 127.933 raciones de cochinillo asado, elaborado en su histórico horno de 1725, que continúa en funcionamiento tres siglos después de su inauguración. Junto al cochinillo, el cordero asado al estilo castellano sigue siendo uno de los pilares de una carta que ha mantenido su esencia clásica como seña de identidad.
La conmemoración de los 300 años vino acompañada de una actualización en su estrategia de comunicación y gestión. El restaurante incorporó un sistema de reservas online, estrenó nueva página web y reforzó su presencia mediática a través de una campaña de relaciones públicas que amplificó su proyección internacional. De este modo, la llamada “vieja escuela” en sala se apoya ahora en herramientas digitales que facilitan el acceso a clientes de todo el mundo.
Mantener la esencia
Para la familia González, responsable de la gestión del negocio, 2026 marca el inicio de una nueva etapa con la vista puesta en el largo plazo. El objetivo, señalan, es mantener la esencia que ha permitido al establecimiento superar guerras, crisis económicas y cambios de paradigma en la restauración, proyectando su modelo hacia el futuro sin alterar su propuesta basada en la tradición y la calidad.
Además de su reconocimiento por Guinness, el restaurante ha sido destacado por la revista Forbes entre los diez mejores restaurantes clásicos del mundo, subrayando el valor patrimonial y gastronómico de una institución que, tres siglos después de su fundación, continúa siendo símbolo de estabilidad y continuidad en la escena culinaria madrileña.





