Su forma perfecta, su dulzura y su exclusividad le han valido el título de “Rey de las frutas japonesas”. En la cultura ancestral de la fruta de lujo, el Crown Melon es uno de sus máximos exponentes.
El melón más caro del mundo se cultiva en la ciudad japonesa de Fukuroi (prefectura de Shizuoka) y ha dejado de ser una de esas hipérboles de los escaparates de Tokio para convertirse en el postre estrella del restaurante Pilar Akaneya de Madrid y del subimiyaki Carlota Akaneya de Barcelona. La guinda de un menú excepcional que refuerza la apuesta del restaurante por ingredientes de primer nivel, sumándose a otras delicias como el wagyu Matsusaka Beef de Ito Ranch, la carne más exclusiva de Japón.
El tesoro dulce de Japón
Producido exclusivamente en Fukuroi, en la prefectura de Shizuoka, el Crown Melon es mucho más que una fruta: es una obra maestra de la agricultura japonesa. Su proceso de cultivo combina técnicas tradicionales, precisión científica y un nivel de dedicación artesanal. Cada planta se cultiva en invernaderos individuales, donde la temperatura, la luz y la humedad son meticulosamente controladas para replicar las condiciones ideales y conseguir la excelencia. Solo se permite que un melón por planta se desarrolle completamente, lo que concentra todos los nutrientes y energía en un solo fruto. A lo largo de su crecimiento, los agricultores lo inspeccionan y limpian a mano todos los días, vigilando su forma, su piel y su dulzura, con un seguimiento casi clínico.
Aunque lo que realmente eleva el precio del Crown Melon —que puede superar fácilmente los 200 euros por unidad, e incluso alcanzar cifras de subasta de hasta 2.000 euros por par en mercados premium— es su sistema de clasificación extremadamente estricto. La calidad no se deja al azar: se mide el contenido exacto de azúcar con refractómetros, se analiza la reticulación de la piel, el equilibrio de aromas y la homogeneidad de su forma. Cualquier imperfección, por mínima que sea, excluye al melón del rango superior. Solo los que cumplen con los máximos estándares reciben la etiqueta «Crown», la más alta dentro del sistema de certificación de melones de Shizuoka.
La etiqueta de la corona es un certificado de calidad en el que figura el número de productor, lo que ofrece una trazabilidad completa que permite a los clientes verificar información de la preciada fruta. Al coste del producto, se le suma el del transporte refrigerado sin rotura de cadena de frío. Unos estrictos controles sanitarios y un margen de tiempo muy pequeño para su consumo en un estado óptimo, ya que el melón debe servirse entre los 10 y los 15 días de la fecha de cosecha.
Más que una fruta
En la cultura japonesa, el Crown Melon no es solo un alimento: es un regalo de lujo, símbolo de respeto, gratitud y estatus. Suele ofrecerse en ceremonias, como obsequio a ejecutivos de alto nivel o en ocasiones formales muy especiales. Su forma casi esférica, tallo en forma de “T”, su textura y fragancia refinadas hacen de él una fruta inconfundible y todo un tesoro en el país nipón. Su cultivo refleja la tradición japonesa de cuidado y atención al detalle en la agricultura, ya que la plantación de esta obra maestra se ha ido perfeccionando año tras año desde 1921.