En marcha Ánima, cocina atlántica en Madrid

Una cocina con raíces clásicas y el producto atlántico como protagonista es lo que representa el alma de Ánima, la nueva incorporación en la capital del grupo Amicalia, gestor de los restaurantes Alborada en A Coruña, Alabaster en Madrid y el recién inaugurado Arallo Taberna en A Coruña. Con su distinguible sello atlántico, Ánima, que abrió sus puertas el 18 de octubre, se localiza en el centro neurálgico de Madrid, en la Avenida de Alberto Alcocer, número 5.

El chef Iván Domínguez es el director gastronómico del grupo Amicalia, que firma esta carta que plantea una vuelta a la esencia de la cocina auténtica, siempre con ADN atlántico. El jefe de cocina es Óscar Muñoz, por cuyas venas corre sangre atlántica ya que hasta ahora era el segundo jefe de cocina del restaurante Alabaster, la otra sede del grupo en Madrid. Como jefe de sala está Antonio Sayago, quien anteriormente fue maître en Punto MX y Goizeko Wellington.

La propuesta gastronómica de Ánima vuelve a la esencia y al origen con raíces clásicas cuya carta se caracteriza por la armonía entre el producto de calidad que siempre emplea Amicalia en sus proyectos, y su intención por despertar el alma y el espíritu a través de una propuesta gastronómica con reminiscencias a la soul food.

El nuevo espacio muestra un estilo que transmite cercanía y transparencia cuenta con capacidad para 50 comensales. El restaurante cuenta, además, con varios reservados. Dentro de Ánima hay un espacio dedicado a la bodega que tendrá especial atención a vinos gallegos complementando así su gastronomía.

Iván Domínguez

La Cocina Atlántica de Iván Domínguez se basa en la justa intervención de la materia prima, respetando siempre su temporada. Si algo le distingue es la búsqueda de la armonización de sabores: con un estilo sutil y elegante, de reminiscencias nórdicas, un camino muy poco transitado por los chefs españoles, que logra resaltar la materia prima de forma soberbia. Su trabajo de recuperación de productos autóctonos, poco reconocidos hasta ahora, como el galo celta o el pescado de bajura, y la justa elaboración de los mismos para que lleguen con toda su esencia, prácticamente “vivos”, engrandecidos, a la mesa es también seña de identidad de Domínguez.

 

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