Grupo Flashback reivindica el tomate en la hostelería

Encontrar “tomates que sepan a tomate” parece una misión cada vez más difícil, algo muy demandado por los consumidores que, sin embargo, no encuentran con facilidad ni a precios competitivos. Esta fue la principal razón que motivó a Nacho Díaz y Javier Serrano, ambos al frente del Grupo Flashback, a abrir este año en Madrid dos restaurantes que llevan esta fruta por bandera: Toma Tomate (Avenida de los Andes, 6, en la imagen) y La Barra de Toma Tomate (Avenida del Monasterio de El Escorial, 64).

El restaurante ubicado en el barrio Palomas, perteneciente al distrito de Hortaleza, es una vinoteca con una amplia carta de vinos que incluye algunos propios, como el verdejo Dos Lágrimas, de Rueda, o la colección Vinos de Fábula, cuatro vinos de las denominaciones de origen Rueda (Flautista), Rioja (Pianista), Ribera del Duero (Violinista) y Rías Baixas (Soplaré, Soplaré); todos ellos inspirados en el cuento infantil «Los Tres Cerditos».

En ambos restaurantes, que llegarán a ser seis en los próximos dos años, el tomate es su producto principal y varía en función de la temporada, aunque no suelen faltar el cherry, pera, azul, rosa, rambo (de la Comunidad de Madrid) o pomodori; este último, tanto en fresco como deshidratado. A este producto estrella se suman el aguacate y la patata como ingredientes básicos con los que trabajan sus propuestas.

Base española, toque internacional

La base de esta carta está inspirada en los sabores del Mediterráneo, haciendo un recorrido por todos los rincones de nuestro país y trayendo lo mejor de cada casa. Además de numerosas opciones de ensaladas y elaboraciones con tomate, la carta incluye desde calamares a la andaluza, bienmesabe o pulpo a feira con cachelos, hasta tortilla de Betanzos, huevos con morcilla de Burgos o torrezno de Soria. Estos clásicos de nuestra gastronomía están acompañados de otras referencias internacionales, como taco de cochinita pibil con cebolla xnipec, ceviche y varias opciones de carne; entre ellas, hamburguesas o entraña de ternera a la brasa. En la sección dulce no faltan algunos clásicos, como tarta de queso, coulant con helado o brownie; todo hecho en casa.

El horno de carbón vegetal es otro de los puntos fuertes de este local, donde se pueden llegar a cocinar hasta 70 kilos de carne a la hora. En todos los servicios se ofrecen platos hechos en este horno, como todas las carnes, el pulpo a la parrilla o platos del menú del día, que van desde la clásica parrillada de verduras hasta varios pescados.

La oferta de Toma Tomate varía durante todo el día, adaptándose a las necesidades de sus clientes. Así, el recorrido gastronómico comienza desde los desayunos, continúa con una carta con opciones de picoteo y almuerzo, menús del día (de lunes a viernes) y cartas de cócteles, algunos de ellos de autor, para un horario de afterwork. En los fogones se encuentra José Ángel Díaz, un cocinero madrileño que trabaja por darle un giro más actual a los platos de siempre. Mientras, en sala, el sumiller Abel Buitrago es responsable de la coordinación del espacio. Junto a ellos, un equipo joven y entusiasta se vuelca en ofrecer una experiencia de lo más placentera entorno a la mesa.

Un local muy trendy

La decoración de Toma Tomate ha corrido a cargo de Dorotea Estudio, una empresa de interiorismo que en los últimos meses ha revolucionado la decoración de restaurantes en Madrid con apuestas modernas, rompedoras y muy atractivas. En Toma Tomate, la idea siempre fue trabajar en torno al tomate, la huerta y los espacios rústicos. Esto se refleja en una barra de piedra natural, muebles de madera, elementos con sogas de esparto, lámparas de latón o un gran espejo envejecido, emulando el paso del tiempo.

 

Los amplios ventanales y la propia ubicación en la esquina del edificio permiten la entrada de mucha luz natural durante todo el día, lo que añade calidez y un ambiente casero muy acogedor. El mobiliario también juega un papel importante, pues equilibra el clasicismo rústico con elementos más modernos, como los taburetes de Gubi tapizados con telas florales o un gran neón con el nombre del local a la entrada, que le aporta un punto más canalla. El restaurante tiene una capacidad en el interior para unas 60 personas y otras 80 en la terraza exterior.

 

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