Madrid: Ochenta Nextdoor, lo último de la familia «Ochenta grados»

Elaboraciones más complejas y con mucha técnica detrás presentadas en platos pensados para compartir. Cuenta con un menú del día que cambia cada semana y está compuesto por platos que nada tienen que envidiar a un menú gastronómico.

Hace casi nueve años, en mayo de 2010, José Manuel Vidal y su socio Óscar García Torrente, abrieron en Las Tablas su primer restaurante, Ochenta Grados, con una visión innovadora que se consolidó replicando la idea en 2013, con Ochenta Grados Malasaña. Tras estos años de experiencia, José Manuel y Oscar abrieron a finales de 2017 Ochenta Nextdoor en el local contiguo al primero de Las Tablas, de ahí su nombre. Con esta nueva apuesta gastronómica van un poco más allá presentando una cocina con un carácter más gastronómico, una carta más estructurada, propuestas más elaboradas y platos pensados para disfrutar y compartir. En Ochenta Nextdoor hay más creatividad y refinamiento en los platos y un servicio más formal pero sin estridencias, ofreciendo así al comensal la mejor de las experiencias culinarias  manteniendo siempre unos precios ajustados.

 

Oscar García Torrente y José Manuel Vidal unieron sus caminos al coincidir en la Escuela Superior de Cocina de Luis Irizar (San Sebastián). Allí cursaron sus estudios de cocina y ambos pasaron por restaurantes como Arzak, Zuberoa, Alameda de Hondarribia o Carlos Oyarbide en Madrid. Después de esta formación, Óscar pasó varios años (2003- 2009) al mando de los fogones del restaurante mallorquín S’Atic y, por su parte, José Manuel decidió especializarse en la Gestión de Empresas de Hostelería en la Cámara de Comercio de Madrid. Con estas trayectorias y dos perfiles muy bien diferenciados y complementarios, deciden asociarse y abrir en 2010 el primer 80 Grados. Un formato gastronómico joven y actual que pronto gana adeptos gracias a una selección muy variada de miniplatos que permite probar varios platos huyendo de la estructura tradicional de un primero, un segundo y un postre.

 

Con Ochenta Nextdoor se continúa innovando en los platos con una carta viva, cambiante en forma y fondo, pero con elaboraciones algo más complejas que las de sus hermanos y una propuesta en la que se ha seleccionado cuidadosamente su oferta con platos pensados para compartir. Destacan el jarrete en rulo con foie, ensalada de patata y emulsión de rúcula; el solomillo Wellington con duxelle de setas, jamón ibérico, cocinado en hojaldre de mantequilla; el lomo de merluza, meuniere, ñoquis al parmesano o tartares como el de salmón marinado con sorbete de ajoblanco, gazpacho de tomate y frutas de verano. Y en lo referente a las bebidas, destaca el Distinto, el tinto de verano que ya es marca registrada de la casa, una cuidada selección de cócteles y unos vinos muy bien escogidos.

 

En Nextdoor se aúna la calidad de la comida, que sorprende por su olor y sabor, con un ambiente muy especial creado por una cuidada decoración, donde la iluminación y la música juegan un importante papel, y un servicio tan atento que intenta que el cliente se sienta como en casa en todo momento.

Un menú a 14,8 euros

Aparte de los platos a la carta, con una relación calidad-precio inmejorable, Nextdoor cuenta con un completo menú del día por 14,8€ que varía cada semana. En él, encontramos primeros como sus tatakis de atún o salmón o su steak tartare con helado de mostaza y parmesano; platos tan sabrosos como su tomate relleno de gambas con caldereta de sus cabezas, ensalada de burrata, calabaza asada y berros, unos exquisitos ravioli de setas con jamón ibérico o un gazpacho de mango. Como segundos, la variedad es también absoluta, con ejemplos como su pescado del día con crema de zanahoria y berros o su variante de cebolla confitada y crema de rúcula.  Para amantes de la carne, su filete ruso con polenta crujiente y salsa Strogonoff, cordero asado acompañado de puré de patata a la mostaza y vainas, o con ragout de setas y puré de patata, y la carrillera de ternera en su jugo con crema de coliflor tostada. Para los locos del dulce, ofrecen postres como “El flan que siempre quiso hacer mi abuela”, tarta de chocolate, crema de arroz con leche requemada, bizcocho de almendra, tartar de pera y helado de romero… y decenas de variedades que nos irán regalando para nuestro paladar más goloso a lo largo del año.

Precio medio a la carta: 30€

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