En Portada: El Trópico se instala en nuestras mesas

Cuando el viajero cruza en coche las escarpadas montañas de la cordillera Penibética en dirección a la costa de Granada no puede imaginarse lo que se encontrará al superar las cotas más altas y empezar a descender hacia el sur. Pronto notará un cambio tanto en la climatología como en el paisaje. Atrás quedan los rigores del clima continental y de montaña de Sierra Nevada y poco a poco nos adentramos en un frondoso torrente de vegetación que desemboca en el mar.

Texto: Rodrigo García. Fotos: empresas y organismos citados y Origen

Ya estamos en el valle del río Verde, muy cerca de Almuñécar y del luminoso mar Mediterráneo. Esa verde frondosidad que se percibe desde la carretera tiene un principal culpable: el chirimoyo, uno de los primeros árboles frutales tropicales que llegó a la península y, para muchos, el origen de una revolución agrícola que ha llevado a España a ser el único productor europeo de frutas tropicales y uno de los actores más destacados en este sector a escala internacional.

España es un país conocido por su riqueza y variedad agroalimentaria, y que está posicionado en la mente del consumidor como líder en la producción (siempre de excelsa calidad) de vino, aceite de oliva Virgen Extra, cítricos, frutas de hueso o quesos, entre otros productos. Sin embargo no está tan extendida la idea de que, aunque el aguacate, la chirimoya, la papaya o el mango tienen su origen en latitudes muy lejanas, estas frutas también han encontrado en determinadas áreas de la geografía española unos suelos y unas condiciones climáticas idóneas para su cultivo. Todo ello, unido a las facilidades logísticas y de transporte que ofrece España, ha logrado que seamos un proveedor privilegiado de estas frutas llenas de sabor y salud para nuestros vecinos europeos.

La manera más objetiva de abordar esta afirmación es con datos estadísticos: fuentes de Mercasa y de FEPEX señalan a ORIGEN que hay dos grupos de frutas que están creciendo en exportación y producción a un ritmo sorprendente, Uno de ellos es de los frutos rojos (al que ya dedicamos un reportaje en el número 99 de esta publicación) y el otro,  el de las frutas tropicales.

En el caso del grupo de las especies tropicales (aguacate, kaki y mango, principalmente) el incremento en facturación procedente de la exportación es relevante. Según estas mismas fuentes, se ha pasado en seis años de una cifra en torno a 300 millones de euros a unos 600 millones. El aguacate ha triplicado el valor de la exportación de 100 a 300 millones de euros habiendo duplicado el volumen; se trata de la fruta de moda con una gran aceptación gastronómica y aporte nutritivo. El mango también ha tenido un rapidísimo crecimiento, pasando de unos 30 millones en 2012 a 75 millones en 2017. El kaki tuvo su auge en la década de los años 90 gracias a la variedad Persimon® y se ha consolidado con un cifra en torno a los 200 millones de euros.

Chirimoya, dulzor tropical

En este recorrido que estamos trazando por la España más tropical nos detenemos en la comarca de la Costa Tropical de Granada-Málaga, uno de los epicentros de este cultivo. Volvemos a la chirimoya, una fruta que empieza a recolectarse en septiembre-octubre y que tiene una corta temporada de comercialización, apenas tres meses, por lo que hay que calcular de manera muy precisa su momento más adecuado de recolección de cara a su rápido transporte a los mercados españoles y europeos.

Esto, que puede parecer un inconveniente desde el punto de vista comercial, se percibe como una ventaja por parte de las empresas del sector y del Consejo Regulador de la DOP Chirimoya de la Costa Tropical de Granada-Málaga: el consumidor sabe que es un producto absolutamente fresco y de temporada, que no aguanta más de 10 días en cámaras de refrigeración y que hay que disfrutarlo en cuanto empezamos a verlo en las fruterías. ¿Para qué esperar?

En pleno valle del Río Verde está el origen de la plantación de chirimoyos en España. Al preguntar a los agricultores de la zona no tardaremos en conocer que la mayoría de los chirimoyos de esta zona tienen ya entre 40 y 60 años, e incluso se pueden encontrar ejemplares más longevos, casi centenarios en las inmediaciones de la localidad de Jete, que da nombre a la principal variedad autóctona de chirimoya, la Fino de Jete.

Esta variedad representa el 95% de la producción española, seguida por otras como Campas, Piña o Negrito. Las características de la Fino de Jete son que tiene un menor tamaño y una menor cantidad de agua, lo que genera que se produzca una mayor concentración de azúcares. Estamos ante una variedad con un sabor más intenso en comparación con otras chirimoyas de mayor calibre cultivadas en otras partes del mundo.

La perfecta adaptación de este cultivo a nuestro país se manifiesta también en otro tipo de vínculos tan intensos como curiosos. Uno de ellos está ligado a la investigación científica: el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea “La Mayora”, que reúne grupos de trabajo de la Universidad de Málaga y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que está ubicado en la propia capital malagueña, acoge el Banco de Germoplasma Mundial del Chirimoyo, en que se hallan reunidas más de 250 variedades de este árbol. Además, una de sus líneas de trabajo más conocidas consiste en el desarrollo de una chirimoya sin pepitas, más fácil de consumir y con un más que probable éxito comercial.

Antes de pasar a degustar otros frutos tropicales… ¿sabías que en Almuñécar trabaja el mayor experto en helados de chirimoya? No dudes en preguntar por José Muñoz Frontana, de la heladería Daniel, regentada antes por su padre, y de quien heredó su pasión por esta fruta local. Te ofrecerá delicias como el granizado de chirimoya y vino blanco de la bodega granadina Pago de Albaraes, o su helado de chirimoya y jengibre con una salsa de granada. Indispensable.

De mangos y papayas

Con estas dos especies vegetales pasó lo mismo que con otras traídas de lejanos orígenes. Al principio se utilizaron solo como plantas ornamentales, como ocurrió con el tomate. Nadie se atrevía a comerlos. Las plantas del mango y de la papaya han sido durante siglos los ornamentos exóticos de los jardines de las casas solariegas de las Islas Canarias y Málaga. Sus frutos fueron el capricho dulce de quienes las poseían y de sus vecinos, quienes difícilmente podían resistirse al color naranja intenso de su pulpa, a su dulzor y a su sensual sabor. Desde los años 80 del siglo XX, los agricultores más innovadores han apostado profesionalmente por esta producción.

Con el mango sucede algo muy similar que con la chirimoya. Su mercado natural es el español y el europeo, lo que permite que el fruto se recoja en su mejor momento de maduración y que en apenas 48 horas esté disponible en cualquier lugar del continente europeo, frente las tres semanas en barco que necesitan las empresas de América del Sur para llegar al mismo destino.

Esta ventaja competitiva del mango español se traduce en una ventaja para el consumidor: disfrutará de un mango que llega a las tiendas recubierto de su cera natural (secreción del propio fruto que actúa como capa protectora natural), es decir, sin que haya sido lavado ni tratado con barnices alimentarios ni fungicidas. Además, este producto con origen español puede alcanzar los 20 grados Brix de dulzor, frente a los 12-14  de otros procedentes de Latinoamérica.

Mangos hacia Europa

Una vez se coge el mango uno a uno del árbol, se les corta el pedúnculo en el mismo campo y, con cuidado, se disponen boca abajo para que suelten la sabia, y evitar así que el goteo manche su aterciopelada piel. Así recolectan los mangos los agricultores de la zona de Vélez-Málaga, donde se encuentra la Sociedad Agraria de Transformación TROPS, la principal comercializadora de mango en España. Reúne a más de dos millares de agricultores, quienes producen el 50% de las 30.000 toneladas de mangos anuales que se recolectan en España, donde destaca una variedad reina, la llamada Osteen. Desde TROPS sale la mayor parte de la cosecha de mangos hacia los principales mercados de Francia, Reino Unido y Alemania, acomodados en pequeñas cajas sobre papeles de celofán azul que hacen resaltar el intenso color púrpura preservado por el mate de las ceras naturales de su piel.

No es el único caso de producto español que se comercializa casi en un 75% fuera de su país de origen. La razón es que el consumidor europeo está dispuesto a pagar un poco más por un mango de calidad, cultivado casi en ecológico por la prácticamente nula aplicación de productos fitosanitarios y recolectado en su mejor momento. Por el contrario, el consumidor español hasta el momento se decanta por los mangos de otros países, más económicos, menos dulces y que arrastran una mayor huella de carbono debido a su transporte.

El mango es rico en minerales y oligoelementos, contiene potasio, calcio, magnesio, fósforo, vitamina C y E y gran cantidad de caroteno, que es excelente para la vista y la piel. La papaya, por su parte, es una potente fuente de vitamina C. También es rica en vitamina B y PP y en calcio. Cuenta con una enzima denominada papaína que tiene poder antiinflamatorio y, por ello, es muy utilizada en la medicina natural para combatir las dolencias estomacales.

Papayas: De Canarias a Murcia

Para hablar de la papaya nos desplazamos a las Islas Canarias y a la Región de Murcia. El archipiélago atlántico fue el primer lugar donde se cultivó papaya en Europa, y en la isla de Tenerife se localizan las principales plantaciones. De ahí salen las papayas que se ofrecen en los desayunos de los numerosos complejos hoteleros de las islas, en donde los turistas pueden disfrutar de un sabor canario y tropical excelente.

En Mazarrón, localidad situada muy cerca de la costa mediterránea en la Región de Murcia, se encuentra una de las empresas que más fuerte ha apostado por el cultivo de la papaya en los últimos años. Se trata del Grupo Durán, que en solo dos años ha desarrollado un plan de cultivo en invernaderos de esta fruta tropical alcanzando una producción de 400.000 kilos anuales y las 20 hectáreas de explotación, una cifra que pretenden doblar en muy poco tiempo.

El furor del aguacate

         Si hay una fruta tropical que ha roto previsiones en la última década y que ha protagonizado una verdadera revolución “foodie”, esta es sin duda el aguacate. Se ha convertido en un producto casi de culto en la alta gastronomía pero también en la cocina doméstica, aupado por los positivos mensajes lanzados desde los medios, los blogs, las redes sociales a cerca de su poderío nutricional.

España, gracias a sus condiciones climáticas, se ha subido al carro de este cultivo. Los datos de la última campaña 2018-2019, presentados por ASAJA-Andalucía, lo dejan muy claro: nuestro país cultivó 61.000 toneladas de aguacate, casi un 20% más que en la temporada anterior, generado una facturación de 125 millones de euros. La provincia de Málaga representa el 70% de esta producción. Hass es la variedad principal seguida de lejos por el aguacate de piel de verde. Y la empresa Montosa, radicada en Vélez-Málaga, es uno de los líderes europeos del sector, también desde el punto de vista de la salud y de la innovación.

Otro dato elocuente: 2018 fue el año en el que más aguacates se consumieron en España, 74 millones de kilos, según la World Avocado Association (WAO), institución que reúne a los principales países productores, entre ellos el nuestro. El aumento de la demanda interior y exterior, la rentabilidad del cultivo y las mejoras en las prácticas agrícolas hacen que las asociaciones agrarias esperen que aumente la superficie de cultivo, aunque son conscientes de la principal barrera que hay que superar: el déficit hídrico y de infraestructuras de regadío que requieren zonas como la comarca de la Axarquía malagueña, epicentro del aguacate español.

Xavier Equihua, presidente de WAO, declaró en un reciente viaje a España que la producción de aguacate en nuestro país “está más que garantizada, porque el área de cultivo se expandirá a otras zonas como Cádiz, Alicante, Valencia y, sobre todo, Huelva”. Curiosamente, y de momento solo de manera experimental, se están haciendo incluso pruebas de cultivo del aguacate en pequeñas explotaciones de Galicia y Asturias. ¿Probaremos pronto aguacates del Atlántico norte?

Plátano de Canarias

Estamos tan acostumbrados a él que ya no nos parece ni exótico ni tropical, pero el Plátano de Canarias con IGP  es una fruta 100% tropical que ha encontrado en esta región periférica un ecosistema único en el continente europeo para su cultivo. Forma parte del paisaje y de la cultura gastronómica de las islas, y sus productores luchan desde hace décadas por que el consumidor aprecie las claras diferencias de su sabor y dulzor frente a la banana. Desde la Asociación de Organizadores de Productores de Plátanos de Canarias (Asprocan) se insiste en una ventaja competitiva muy acorde con los tiempos actuales, en lo que el consumidor exige una seguridad alimentaria total: el plátano de Canarias es producción europea y como tal, a diferencia de la banana, está vinculada a los estándares de control fitosanitario, medio ambiente y seguridad alimentaria de la Unión Europea, mucho más exigente que los países de origen de sus competidores que son principalmente Ecuador, Colombia, República Dominicana, Costa de Marfil, y Camerún.

Guacamole y gazpacho de aguacate ecológicos

         La innovación en clave saludable y de respeto medioambiental está en el ADN de las empresas agroalimentarias españolas. Un ejemplo en clave tropical es Frumaco, empresa andaluza que acaba de presentar el primer guacamole ecológico elaborado con productos 100% origen España. Su gerente, José Luis García López, explica que en esta empresa están “convencidos de los beneficios de una alimentación saludable y queríamos lograr un guacamole lo más natural posible. Esto requería utilizar materia prima ecológica para asegurarnos la ausencia de contaminación por fertilizantes químicos o insecticidas, y elaborar un producto sin aditivos químicos, ni siquiera los ácidos cítrico y ascórbico utilizados frecuentemente en alimentación”. Pero aún hay más. ¿Te apetece un gazpacho de aguacate? José Luis García nos presenta las claves de un lanzamiento complicado: “El gazpacho de aguacate es un producto con el que nuestra empresa ha vuelto a ser pionera. Su introducción al mercado está siendo paulatina. Creemos que esto puede deberse a que el gazpacho tradicional tiene precios asociados al tomate, mientras que nuestro gazpacho depende del precio del aguacate, lo que lo encarece. A pesar de lo anterior, el conocimiento cada vez más extendido de las propiedades del aguacate está ayudando a que la gente pruebe este gazpacho verde que, además de resultar refrescante y delicioso, aporta una serie de beneficios a la salud del consumidor”.

¿Piña ‘from Spain’?

Las Islas Canarias son un verdadero tesoro subtropical, y lo volvemos a constatar cuando recorriendo la isla de El Hierro nos encontramos casi por casualidad con campos dedicados al cultivo de la piña. Solo en el Valle del Golfo se han plantado más de 60 hectáreas. Distintas comarcas de otras islas como La Palma, Tenerife o Gran Canaria también están apostando por este cultivo, una forma más de generar diversificación y riqueza para los agricultores locales.

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