Valdeorras: Los caminos del Godello

Cuando los peregrinos jacobeos llegaban a Ponferrada o a Villafranca del Bierzo y los rigores invernales les impedían continuar por la senda prevista ascendiendo hasta O Cebreiro, se veían obligados a buscar una vía alternativa para no detenerse durante meses. La ruta natural más idónea era seguir el río Sil en dirección a Quiroga. Y así nació el llamado Camino de Invierno, una especie de ramal del Camino de Santiago, de algo más de 260 kilómetros, que llevaba a los peregrinos por la comarca de Valdeorras, siguiendo el trazado de una antigua calzada romana.

Texto y Fotos: Óscar Checa Algarra      

Es decir, que nos encontramos con estos tres elementos: un clima más o menos atemperado, la presencia de los romanos y la de los religiosos peregrinos. ¿Cuál es el cuarto elemento que completa la ecuación? ¡Exacto!: el vino.

Valdeorras, como los vecinos Bierzo y Ribera Sacra, es tierra de vino. Aquí también las laderas de los montes que circundan al Sil se aterrazaron para crear espacios donde cultivar. Y la mayor parte de esos cultivos eran de vides. El vino, ya sabemos, era todo un alimento que bien podía levantar el ánimo de los que se aventuraban a recorrer los senderos de peregrinación hasta Compostela pero, además, era necesario en la liturgia católica. Todo eso se reunía en la iglesia de San Miguel y el Monasterio de Xagoaza, en O Barco de Valdeorras, un recinto que estuvo al mando de los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén. El conjunto medieval también contaba con una cueva donde los religiosos elaboraban vino.

Todavía se conserva, aunque ahora el vino se hace un poco más arriba, en las nuevas instalaciones de la bodega Godeval. La vieja bodega, con cueva incluida, remozada y recuperada, sirve para las visitas de enoturismo, las catas o los eventos de Godeval. Es un buen lugar para empezar a recorrer esta comarca gallega haciendo enoturismo pues no solo está abierta a las visitas sino que fue una de las pioneras en sumarse al proyecto RE.VI.VAL (Reestructuración de Viñedos de Valdeorras), puesto en marcha por la Ofician de Extensión Agraria de O Barco allá por los años setenta.

La recuperación del Godello

Aquel proyecto identificó a la variedad Godello como la de mayor calidad de las que se cultivaban pero resultó que solo quedaban algunas viñas viejas en toda la comarca. Aunque costó, finalmente se empezó a recuperar esta variedad, haciendo plantaciones nuevas, privilegiando la cepa autóctona frente a las foráneas y elaborando por separado. Hoy es el símbolo que diferencia a toda la comarca y del que todos se sienten orgullosos. En Godeval, por cierto, solo elaboran Godellos y han sabido transmitir que este tipo de vinos no solo son para consumir en el año de cosecha.

Poco a poco, la comarca se ha ido sumando también al turismo enológico y cuenta con su propia Ruta del Vino. Soledad Figueroa es una de las personas que no dudó en sumarse al proyecto y ver el potencial del territorio. Con su empresa de guías Valdeorras es Vino, es uno de los mejores contactos a la hora de establecer un recorrido o un fin de semana de visitas. Con ella visitamos ahora una segunda bodega, Roandi. Al frente del negocio está Rogelio. Volvió hace unos años de Suiza y empezó a recuperar el viñedo de su familia. Ahora están haciendo nuevas plantaciones y se muestra encantado con la nueva parcela en la ladera del monte de detrás de la bodega. Allí hay un castaño en cuyo tronco encontraron unas figuras de santos: resulta que las mujeres mayores del pueblo lo tienen como lugar de culto y le han pedido que no lo quite porque les da mucha paz.

La Galicia mágica siempre está cerca… En Roandi, que han sido los primeros en elaborar un espumoso de Godello amparado bajo la Denominación de Origen, también están trabajando con una antigua variedad autóctona de la que solo quedaban unas pocas cepas. Se llama “pan y carne”, pero esto ya es otra historia de la que estaremos pendientes, claro, igual que del proyecto del pequeño hotel que están construyendo y tienen previsto inaugurar para finales de año. ¡Es la excusa perfecta (como si hiciera falta alguna…) para volver pronto por aquí!

Puentes sobre el río Sil

Un poco más al este está Sobradelo, el primer pueblo gallego con el que se encontraban los peregrinos que seguían el Camino de Invierno. Aquí, sobre el llamativo lecho de pizarra del Sil, se levanta el Puente de Sobradelo. Los puentes son una de las construcciones más representativas de esta comarca y éste, en concreto, uno de los más llamativos por el color rojo de la piedra con la que está construido. Es del siglo XVI pero el arco central se reconstruyó tras ser destruido durante la Guerra de la Independencia para evitar el avance de las tropas napoleónicas. De otra guerra (de la Primera Guerra Mundial) es uno de los teléfonos de la colección de antigüedades (gramófonos, cámaras de fotos, radios, llaves, máquinas, fotos…) expuesta en el cercano Mesón Museo, un restaurante ubicado en una vieja casona que tiempos pasados fue un banco, que tiene unas vistas estupendas del puente y del río, y que sirve una excelente cocina tradicional entre cuyos platos destaca el bacalao. La gran especialidad culinaria de la zona, el botelo, no suele servirse en restaurantes porque lleva mucho tiempo de preparación y, además, no todo el mundo sabe cocinarlo de la manera adecuada. De todas formas, en temporada (o sea, en invierno), se puede encontrar, por encargo, en algunos como Casa Galicia, en O Barco.

Pero estábamos hablando de los puentes. Si seguimos el curso del Sil nos iremos encontrando con algunos otros que destacan especialmente, como el de A Cigarrosa y el de Bibei. Bueno, en realidad este último está construido sobre el río Bibei, que es un afluente del Sil. Se trata de uno de los pocos puentes de origen romano que todavía se encuentra en uso abierto a la circulación de coches. Junto a él podemos ver unos miliarios con inscripciones que hacen referencia al momento de su construcción y a la Vía Nova, la calzada romana que unía Bracara Augusta (Braga, en Portugal) con Asturica Augusta (Astorga), pasando por el actual municipio de Petín y A Rúa, donde se encuentra el puente de A Cigarrosa. Es romano, pero durante la Edad Media le cambiaron las trazas. Se cree que aquí estaba el asentamiento romano Forum Gigurrorum, que sería el desdoblamiento de la ciudad de Calúbriga

¿Dónde está Calúbriga?

Calúbriga era, según los escritos de Plinio el Viejo, la capital de los gigurros, los antiguos pobladores de la zona. De ellos derivaría la denominación de Forum Gigurrorum y, después, evolucionado, el que da nombre al puente, Cigarrosa. Pero ¿dónde estaba la ciudad de Calúbriga? Más que una ciudad sería un castro, y todo indica que estaría ladera arriba, donde hoy encontramos la pequeña iglesia de Santa María de Petín, rodeada de viñedos, por cierto, y desde donde se tiene una vista panorámica espectacular del valle, del embalse de San Martiño y de A Rúa. A ciencia cierta no se sabe, pero una lápida conmemorativa encontrada en A Rúa Vella (y cuya réplica puede verse hoy frente a la iglesia de San Esteban), da la pista más certera. La lápida habla del pueblo de los gigurros y del castro de Calúbriga, lugar al que pertenecía el destinatario del mármol: Lucio Pompeyo Reburro Fabro. A pesar de pertenecer a una de las tribus locales (el apellido Reburro, “el del pelo revuelto”, así lo identifica) llegó a ser suboficial del ejército romano en la Cohorte VII pretoriana, como así figura en la inscripción.

Las covas de Valdeorras

A Rúa es el municipio de la comarca con mayor número de bodegas amparadas bajo la DO Valdeorras. Más grandes o más pequeñas, casi todas tienen su cueva, su cova, como la de Godeval y la de Roandi, pero es que aquí hay, además, un barrio de covas. En realidad estas cuevas excavadas en la roca eran las antiguas bodegas. Muchas acabaron por abandonarse, como la que compró la familia de Marcos Prada, de Adega Melillas, cuando se volvieron de Suiza hace un par de décadas. Su padre heredó viñas y al final decidieron comprar una bodega y convertirse en bodegueros. Ellos son colleiteiros, tienen viñedos propios y solo elaboran vinos de sus uvas. Muchas de sus viñas son viejas, incluso hay una de 1930. “A min, chámanme loco”, dice Marcos. La razón es que se atrevieron a elaborar tintos en una zona y una época en la que están de moda los blancos. Sí, también hacen blancos (maravilloso Lagar do Cigur Godello), pero no hay que perderse los tintos, el Mencía, el barrica (mezcla de Garnacha, Tempranillo y Merenzao) y el Crianza (una selección especial de viñas centenarias de Garnacha Tintorera). También están abiertos al turismo, claro, y en marzo organizan un Encuentro de Poetas en el que unen la poesía, la música y el vino.

Un poco más arriba, en este mismo barrio de covas, está A Coroa, otro de los proyectos de calidad que han ido dando nombre a los vinos de Valdeorras. La familia López Vicente y Roberto Fernández se unieron en 2002 con el propósito de elaborar vinos buscando la excelencia, utilizando solamente las variedades Godello y Mencía. A la vista (y al gusto) está que lo han conseguido. Es la primera y única bodega de la comarca que trabaja con producción controlada, con viñedos repartidos en siete parcelas por zonas de A Rúa y Viana. También tienen cova, claro, ¡y bastante grande! pero solo la usan para algún evento o para explicar el antes y el ahora del mundo del vino valdeorrés en las visitas.

Y también en A Rúa, pero en otro barrio, en Fontei, la parte alta del municipio, está Quinta da Peza. Las antiguas caballerizas de un antiguo pazo del lugar se han convertido en esta bodega que cree tanto en los vinos de calidad como en el enoturismo. Germán está al frente. Cuenta que el primer año de cosecha le costó vender la uva así que pensó que, a partir de entonces, tendría dos opciones: pelear cada año o ponerse él a elaborar. Ese fue el origen de la bodega y del proyecto de enoturismo que cuenta con una enorme sala de eventos y catas, además del atractivo de tener los viñedos al lado. Ellos también se decantaron por el Godello y la Mencía, sustituyendo a la Garnacha y la Palomino Fino que tenían las fincas antiguas, y su tinto ha llegado a ser elegido como el mejor de Galicia.

Castillos y santuarios

Nos quedan aún algunos lugares de obligada visita, como la Torre de la villa de O Castro y el Monasterio de As Ermidas. La Torre es lo que ha llegado hasta hoy del antiguo castillo medieval de O Castro, y ahora, restaurada, alberga un mirador en la parte superior. O Castro era el lugar desde donde los condes y señores de los reyes de León y Galicia gobernaban la comarca, controlando este lugar estratégico en la entrada a Galicia. El antiguo Pazo de Castro, hoy convertido en hotel, estuvo también ligado a poderosas familias nobiliarias.

Otros hoteles, como el Calzada y el Aurum, llevan igualmente nombres relacionados con la historia de la zona. El primero, moderno y muy confortable (y con un restaurante donde probar muchos de los vinos de Valdeorras), recuerda la Via Nova, la calzada romana; el segundo, más modesto pero igualmente acogedor, nos pone sobre la pista de las explotaciones auríferas que los romanos realizaron en la zona, pues de hecho, la comarca está entre Las Médulas y

Montefurado.

Acabamos algo más al sur, remontando el río Bibei, en O Bolo, una zona donde se están empezando a recuperar gran cantidad de terrazas (socalcos) de las laderas para plantar vides, y donde, de nuevo, aparece la Galicia mágica de la que hablábamos al principio, con el santuario de As Ermidas y su Virgen de tradición milagrera. Por supuesto no falta el cruceiro delante de la fachada, ni la decoración de pámpanas y uvas en las columnas barrocas de la portada. La niebla que suele cubrir el recodo del río junto al que se le levanta remata el escenario. ¿Alguien da más?

 

Botelo

Si hay algo a lo que en Valdeorras se venere de la misma forma que al vino es el botelo, un embutido hecho con costillas y carrilleras de cerdo adobadas y metidas en el estómago de este animal. Se consume principalmente en los meses de invierno, primero porque es el momento de la matanza y segundo porque es un alimento bien calórico, perfecto para hacer frente a las temperaturas invernales. Tradicionalmente se hacía en cada casa pero hoy se puede comprar en tiendas y carnicerías. Hay empresas especializadas en la elaboración artesanal de este producto como García Marcos, en Viana do Bolo. Ellos realizan todo el proceso, desde el despiece del cerdo hasta el adobado (con sal, orégano, ajo y pimentón), el secado y el ahumado. Y, como aquel que dice, ¡se los quitan de las manos! El botelo tiene hasta una fiesta para él solo. Tiene lugar en el mes de enero y durante el almuerzo popular que se celebra se llegan a servir unos 400. Las entradas se ponen a la venta una semana antes y únicamente se pueden conseguir de manera presencial. Y desaparecen en un abrir y cerrar de ojos…

 

                  

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