El Grifo: Vendimia en un paisaje lunar

Este año todo es distinto pero la naturaleza sigue su curso y el tiempo de la recolección de la uva vuelve al calendario. Viajamos hasta Lanzarote para conocer parte del proceso de vendimia de El Grifo, la bodega más antigua de Canarias.

Texto: Óscar Checa Fotos: OC/ El Grifo

Las cajas amarillas se distinguen sin problema en mitad del paisaje negro de La Geria. Son las cajas para la uva blanca de El Grifo, la bodega más antigua de Canarias que, como el resto de las de Lanzarote, es de las primeras en iniciar la vendimia en el hemisferio norte, en el mes de julio. Los ritmos telúricos y climáticos en esta isla van por su lado, ya se sabe… Hoy toca recoger la Malvasía Volcánica, una de las variedades autóctonas más apreciadas (por su capacidad aromática y acidez, entre otras cualidades), exclusiva de Canarias y con la que El Grifo elabora una buena parte de sus vinos. También los hace con otras como la Listán (Blanca y Tinta), la Moscatel o la Vijariego, toda una rareza esta última, que antiguamente estaba muy extendida en el sur de la península pero que hoy ha quedado reducida prácticamente a las islas Canarias. La filoxera no llegó hasta los viñedos insulares por lo que las variedades que encontramos hoy son las mismas que se cultivaban en siglos pasados y que pueden seguir plantándose con pie franco, sin necesidad de portainjertos. El Vijariego de El Grifo, además, se elabora con levaduras propias desde 2018, seleccionadas en el proyecto que la bodega tiene en marcha para identificar levaduras indígenas del género Saccharomyces de sus viñedos. Los resultados de esa investigación en la que se busca la diferenciación y la tipicidad se verán reflejados en la cosecha de este año, pues todos los vinos de la bodega se elaborarán utilizando estas levaduras silvestres.

 

Pero volvamos al campo… Es temprano. La niebla que traen los vientos alisios todavía no ha acabado de levantar. Esa niebla es el secreto de La Geria, su aliento, su sangre. La humedad con la que va cargada se deposita en los antiguos volcanes, en el suelo calcinado y en la gran extensión de ceniza volcánica (el rofe o picón, como la llaman aquí) que tapizó casi un tercio de la isla tras la erupción de Timanfaya en 1730. Desaparecieron aldeas (justo donde se encuentra El Grifo había una), aljibes y campos de cultivo pero acabó engendrándose un paisaje delirante, pasmoso, surrealista, de hoyos y cavidades que recuerda a la superficie de La Luna o de cualquier planeta sin atmósfera protectora y torpedeado por asteroides. Cada hoyo, excavado hasta dar con el suelo fértil, guarda una cepa, una vid, que crece protegida del viento. El rofe impide la erosión, concentra la radiación solar con su color negro, aporta minerales y, sobre todo, absorbe la humedad e impide que se evapore, asegurando el agua a la planta. Esto es vital porque por aquí raramente llueve (el índice pluviométrico es de 150 mm al año).

Hoyos protegidos contra el viento 

Para una mayor protección contra el viento, los hoyos suelen estar rodeados de un pequeño muro de piedra, apilada sin argamasa. Algunos rodean completamente el agujero; otros solo cierran la mitad (en media luna o semicírculo); en las plantaciones nuevas se extienden rectos, formando paredes en hilera… La destrucción se convirtió en prodigio, pero no hay que engañarse: cultivar aquí sigue siendo duro. Cada hoyo debe ser mantenido y remodelado constantemente, sobre todo después de la vendimia, cuando hay que bajar y subir por sus cuencas de lapilli. El sonido de millones de piedrecitas de lava pisadas es la banda sonora de La Geria durante la recolección de la uva. Resulta hipnótico, como el mismo paisaje.

A medida que el sol sube, el color de La Geria pasa de negro a grisáceo. Las cajas cargadas de uva se transportan hasta la bodega en camionetas todo terreno, el único vehículo que puede recorrer el campo de lava. Aquí, tractores y remolques son solo dos palabras sin traslación física a un objeto… Hasta hace poco los lanzaroteños se servían de camellos para sacar la uva del campo. En alguna fiesta de la vendimia se reproducen esos otros tiempos y maneras de hacer, que han pasado a formar parte de la memoria y de los museos. El Grifo tiene, por cierto, su propio museo del vino. Ocupa las dependencias del antiguo lagar de 1775, construido sobre el campo de arena y ceniza volcánica de la erupción de 1730. Mantiene la arquitectura tradicional y en él se puede hacer un recorrido por la historia de la bodega; los métodos de elaboración, almacenaje y crianza; el viñedo prefiloxérico situado justo al lado y otras curiosidades y particularidades de las bodegas y la viticultura de Lanzarote. Entre esas curiosidades asociadas a El Grifo, está la relación de la familia con César Manrique, el lanzaroteño que sabía ver con otros ojos y que luchó para conservar la identidad (arquitectónica, paisajística y etnográfica) de la isla. Él les animó a preservar las antiguas construcciones y el viejo lagar, y se implicó en la creación del museo. Fue por entonces (recién estrenada la década de los ochenta del siglo XX) cuando también diseñó para la bodega un nuevo logo, basado en su propia interpretación del animal mitológico grifo. Todo surgió porque, según decía, con el antiguo etiquetado (muy similar de unos vinos a otros) se equivocaba frecuentemente de botella. Por aquel entonces su favorito era el Malvasía Semi, así que propuso diseñar una etiqueta diferente para el mismo. Aquel ‘Pájaro Grifo’ acabó convertido en el símbolo de la bodega y en su identidad corporativa desde 1990.

 

 

Bodegas El Grifo

LZ-30, Km 11

San Bartolomé (Lanzarote)

www.elgrifo.com

Las visitas a la bodega se han retomado, aunque por el momento solo se realizan en el formato de libre recorrido (no guiada). El wine bar permanece cerrado pero la tienda de vinos también ha reabierto.

 

¿Dónde alojarse?

 

Caserío de Mozaga.

Se trata de una edificación rural típica canaria de finales del siglo XVIII, catalogada como Patrimonio Histórico de Lanzarote y rehabilitada ahora como alojamiento turístico con seis habitaciones dobles y dos suites. El lugar que ocupan las antiguas cuadras se ha transformado en un restaurante donde se sirven platos basados en la cocina y la gastronomía local. Salas comunes con librerías, patios y un jardín con especies autóctonas, acondicionado también como solárium, completan los espacios del caserío. www.caseriodemozaga.com

 

 

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