El desarrollo sostenible, en nuestras manos

Plátano de Canarias cuenta con la emisión de Co2 más reducida dentro de su categoría, lo que le ha convertido en un producto de alimentación respetuoso con el medio ambiente.

En los últimos años, la concienciación medioambiental y el respeto por el entorno que nos rodea ha ido acaparando la atención de nuestra sociedad, cada vez más implicada con la sostenibilidad y con la preservación del planeta. Así lo demuestra el último Estudio Europeo de Valores de la Fundación BBVA, del que se desprende que el interés de los españoles por los asuntos medioambientales ha crecido de forma paulatina en los últimos tiempos, aventajando incluso al resto de países de la Unión Europea.

Una sociedad poco a poco más responsable

Poco a poco hemos ido adoptando hábitos y comportamientos en nuestro día a día para contribuir al desarrollo sostenible del planeta. La separación de residuos, el reciclaje o el uso de bombillas LED son ya algunos aspectos a los que la sociedad se ha habituado. No obstante, por muchos es desconocida aún la contribución que podemos hacer al medio ambiente a través de nuestra cesta de la compra, más allá del uso de bolsas de tela en sustitución a las de plástico, una práctica ya extendida.

Y es que los sistemas de producción de alimentos provocan entre el 25% y el 30% del “efecto invernadero”. Sin embargo, estas cifras no engloban al conjunto del tejido alimentario, pues son muchos los alimentos y los sistemas productivos que, poco a poco, han ido adaptando sus procesos con el fin de lograr el menor impacto posible en el medio ambiente.

Es el caso del Plátano de Canarias, cuyo proceso de producción cuenta con la certificación de su huella de carbono “de cuna a tumba”, es decir, desde su producción hasta su distribución y venta en cualquier punto de España. No obstante, si se hace la comparativa con la banana procedente de terceros países productores, se observa que estos últimos no cuentan con una acreditación equivalente a la obtenida por Plátano de Canarias.

En todo caso, la diferencia entre ambos cultivos es evidente. Estudios científicos realizados para la banana americana de forma independiente sitúan la emisión de más de 1.000 gramos de CO2 a la atmósfera por cada kilogramo de banana que es puesta a disposición del consumidor en la Unión Europea. Este dato contrasta con el valor de huella de carbono acreditado para el Plátano de Canarias, que actualmente es de 195,16 gramos de CO2 por kilogramo de fruta, un valor que es inferior, por ejemplo, a la huella de CO2 producida por enviar cuatro correos electrónicos o un segundo de búsquedas en internet.

El plátano más sostenible del mundo

Las buenas prácticas de campo, a través de la conservación del suelo como recurso, el uso eficiente de los recursos, la gestión integrada de plagas con una menor aplicación de productos fitosanitarios, así como el hecho de ser un producto de cercanía y la optimización de su transporte, son algunos de los aspectos que amparan las cifras atribuidas a Plátano de Canarias. Esto, unido al cumplimiento de los altos estándares de seguridad y calidad exigidos por la Unión Europea, le han convertido en el plátano más sostenible del mundo y el único con el reconocimiento de Indicación Geográfica Protegida de la UE.

El consumidor es cada vez más consciente del impacto medioambiental que pueden suponer sus decisiones de compra, por lo que una correcta identificación y conocimiento sobre la huella de carbono de los alimentos, así como de las prácticas a la hora de realizar los procesos de producción son fundamentales a la hora de permitir a estos no solo apostar por una alimentación saludable, sino contribuir al desarrollo sostenible de nuestro planeta.

 

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