Carta del Director: Un rayo verde de esperanza

Es un fenómeno atmosférico realmente único el del rayo verde. Su primer divulgador fue Julio Verne, a finales del siglo XIX, quien quedó extasiado ante la magia momentánea de este destello único que se puede descubrir en muy escasas ocasiones, mejor en los océanos y quizá al amanecer con una tenue presencia de nubes. Lo calificó como “un verde que ningún artista podría jamás obtener en su paleta, un verde del cual ni los variados tintes de la vegetación ni los tonos del más limpio mar podrían nunca producir un igual”. Y lo asoció para siempre con “el verdadero verde de la Esperanza” que es el camino hacia en que me gustaría que nos dirigiéramos en nuestra reflexión de hoy.

Por Eugenio Occhialini

Seguimos viviendo tiempos de zozobra, ante los dientes de sierra de una pandemia que parece reducir sus efectos más dolorosos pero sigue generando desgracias múltiples y nos impide toda serenidad. Pero, en medio de las dificultades, desde Eumedia siempre hemos buscado ese rayo verde, que es también el del campo, el de la tierra, la fuente de un sector productivo que ha sido el mejor compañero de viaje en estos meses de incertidumbre. Realmente ha ejercido, junto a sanitarios y otras profesiones esenciales para nuestra supervivencia, como nuestras guardianes durante la mayor amenaza de nuestras vidas.

Resulta esperanzador comprobar que las empresas agroalimentarias vuelven, paso a paso, a la normalidad, que el tambaleante turismo muestra, aun en medio de tropiezos, signos de recuperación y que volvemos a encontrarnos en eventos, congresos, debates y convocatorias, aunque todavía no nos reconozcamos demasiado bien, porque, aunque a veces nos dejen, no estamos muy seguros de que debamos quitarnos las mascarillas.

A esas tiendas, cadenas de distribución y mercados que siempre estuvieron abiertos se unen bares y restaurantes que han vivido un año desastroso pero entre cuyos supervivientes avanza, poco a poco, la normalidad. Es cierto que siguen dependiendo, en buena medida, de la venta online, que sus aforos se mantienen reducidos, que hay que guardar  medidas de seguridad, que ha habido cambios en los horarios, que nos hemos acostumbrado a usar los códigos QR y que preferimos cada vez más las terrazas a los interiores. Pero volvemos a disfrutar de la conversación en lugares públicos con un vino en la mano acompañado de una tapa, o de una receta tradicional o de alta cocina en el plato.

Solamente por eso debemos estar esperanzados. También hemos aprendido lecciones. Por ejemplo, el comercio local y la hostelería más cercana han sido nuestros aliados durante estos meses y nunca deberíamos dejar de contribuir a salvar su economía, que se ha visto gravemente afectada, porque la proximidad es un valor en sí misma. Y nos hemos dado cuenta de que, en momentos tan graves de crisis social y económica, el desperdicio alimentario es un lujo absurdo que no podemos permitirnos.

«Aquí no se tira nada» 

Me parece magnífica la campaña emprendida en este sentido por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación bajo el “claim” de “Aquí no se tira nada”, como la que reivindica los Alimentos de España dentro y fuera de nuestro país, como uno de nuestros más sólidos embajadores en todo el planeta, igual que ha comenzado a hacer la Secretaría de Estado de la España Global a través de su recién presentada Guía de la Diplomacia Gastronómica. Nada mejor que nuestra cocina para abrirnos las puertas de los mejores escenarios del mundo.

En esta nueva entrega de ORIGEN, que es una invitación a recorrer España en busca de sus recetas y sus paisajes, queremos volver a llamar a la esperanza a la que nos lleva reivindicar la fuerza de nuestra gastronomía en sentido amplio. Abarca la labor de nuestros productores, distribuidos por todo el país, perfeccionistas en busca de la calidad y la innovación. Gastronomía son también esos recetarios populares y tradicionales que debemos contribuir a preservar como las joyas que realmente representan, al igual que las tapas, importante seña de identidad de la cultura culinaria española en el mundo, que merecerían la consideración de Patrimonio Mundial de la Unesco, como nuestra cocina misma. Y gastronomía es, en fin, conversación y convivencia alrededor de la buena mesa, donde las discusiones más espinosas pueden acabar encontrando una salida.

Se nos puede tachar de utópicos y soñadores, pero lo somos igual que esos pescadores que atisban de pronto el rayo verde en lejanas aguas del océano y se dan cuenta de que, a partir de ese momento, nada malo les podrá suceder.

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