DE NUESTRAS UVAS: Pintaillo, toda una superviviente

Es una variedad tinta, muy minoritaria y en peligro de extinción, cultivada en algunos puntos de la comarca de La Manchuela. De carácter rústico y cepas de porte erguido, con hojas dentadas y de color verde claro, necesita bastantes cuidados pues es muy sensible, especialmente al oídio. Los racimos son de tamaño mediano y de bayas redondeadas a las que, en época de envero, crecen pequeños puntos (‘pintas’) que son las que le dan nombre. Produce vinos de grado moderado y de baja intensidad colorante pero muy frescos.

Texto y fotos: Óscar Checa Algarra

La de la Pintaíllo es una historia reciente. No porque haya aparecido de repente en el universo de la viticultura sino porque nadie le echó muchas cuentas en el pasado o, al menos, nadie se preocupó en detalle por ella. A nadie se le ocurrió meterla en el listado de registro legal de variedades… como ocurrió igualmente, por otro lado, con tantas otras. Así que ahora toca hacer una labor detectivesca para intentar averiguar más sobre sus orígenes, y un seguimiento cercano para conocer su comportamiento agronómico. Por no tener, esta variedad no tiene ni sinonimias (algo que también es raro en el mundo de la viticultura), a no ser que se considere como tal la apelación de ‘Pintaílla’, en femenino.

Ese nombre viene por su aspecto: durante el envero, la fina piel rosada de las bayas se adorna con unas pintas, unas pecas, unas motas más oscuras que le dan su llamativa e inconfundible apariencia. De las dos maneras se la conoce por las tierras de La Manchuela, que es prácticamente el último reducto de esta variedad. Pero que nadie busque parcelas monovarietales: la Pintaíllo sobrevive en las antiguas parcelas de mezcla, en las viñas viejas donde se plantaba un poco de todo: esta variedad para el vino, esta otra para uva de mesa, aquella que resistía más o que maduraba más tarde por si venía un año delicado, etc. También es fácil encontrarla en parcelas de Bobal viejo ya que durante un tiempo fue la variedad que se utilizó para replantar las faltas en estas fincas por su resistencia a la ‘enfermedad del troncho’, un decaimiento fisiológico de la parte leñosa de la vid que afecta gravemente a esa otra variedad autóctona, la Bobal, al romperse (‘troncharse’) los sarmientos con las bajas temperaturas que pueden producirse en primavera.

El cambio de las condiciones en la producción tras la filoxera y durante las últimas décadas trajo consigo la desaparición de esas parcelas de mezcla ya que muchas de las variedades que se encontraban en ellas dejaron de tener interés bajo los nuevos criterios productivos. La Pintaíllo es de ciclo largo, así que se quedaba muchas veces sin vendimiar; tiene poco color, poco cuerpo y poco grado alcohólico, así que, en la época de los graneles, cuando se buscaba justamente lo contrario, se la dejaba de lado. Se dejó de plantar y se arrancó. Es casi un milagro que todavía queden majuelos así, de esos en los que, además, la llegada del otoño supone un espectáculo extra, con todos los colores imaginables en las pámpanas secas.

Perfil atlántico en el sur

Pero la Pintaíllo no ha dicho aún su última palabra. El Centro de Investigación de la Vid y el Vino de Castilla-La Mancha (IVICAM) ha culminado un trabajo de casi veinte años de búsqueda, identificación y recuperación del patrimonio varietal vitícola de la región, en el que ya está registrada. También lo ha hecho el Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA). Y, por supuesto, Bodegas Gratias, una pequeña bodega familiar formada por dos parejas de agrónomos que, desde Casas Ibáñez (Albacete) están impulsando la recuperación de la Pintaíllo y otras castas autóctonas.

Iván, Ana, Jose y Silvia han sido pioneros en elaborar un monovarietal de Pintaíllo. Se llama ‘@’ (arroba) y vio la luz en 2013. Habían dejado las cepas sin vendimiar porque no sabían qué era lo que tenían allí delante, y cuando preguntaban a los agricultores tampoco obtenían resultado, pues casi nadie la reconocía. Por no dejar la uva en el campo hicieron un vino para ellos, para casa. Aquellas 63 primeras botellas les dejaron contrariados: no sabían si lo habían hecho bien o mal, o no entendían la variedad. Tampoco había con qué compararlo.

El caso es que acudieron a una feria de vino en Valencia con algunas de esas botellas de Pintaíllo y un cocinero, al probarlas, les propuso comprar toda la producción al precio que fuera. La Pintaíllo acaparó todas las miradas y a partir de aquel momento comenzaron a buscar más parcelas con esa variedad. Descubrieron, así, las viejas parcelas de mezcla, que arrendaban a los agricultores que ya no podían hacerse cargo de ellas. Pero solo recogían la Pintaíllo, hasta que un día, el propietario de una de esas parcelas les comunicó que había decidido arrancarla… La viña sigue ahí, claro, porque Iván y su equipo acabaron comprándola. De ahí salió un proyecto de crowdfunding para elaborar un vino multivarietal, pero también sirvió para poder plantar la primera parcela de Pintaíllo. Hoy, la búsqueda de cepas de esta casta continúa y han ido encontrando nuevas parcelas, como una en la que el dueño se equivocó de injerto y acabó plantando la (ahora) ansiada Pintaíllo.

Bodegas Gratias elabora unas mil botellas de este vino que, además de in situ, se puede conseguir en algunos puntos de Valencia, Madrid o Murcia. “Pensamos que es una variedad muy interesante porque nos permite elaborar vinos de perfil atlántico en el sur”, comenta Iván. Más peculiar, imposible.

 

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IVÁN GÓMEZ MARCOS

Enólogo y bodeguero

Bodegas Gratias (Albacete)

 

¿Cómo es esta variedad? En realidad la estamos descubriendo poco a poco porque era casi una desconocida hasta hace nada. Es una variedad de ciclo medio-largo, con un grado alcohólico moderado. El racimo es muy llamativo por esas ‘pintas’ que le salen, y la uva es muy agradable en boca. Es muy sensible y, por ejemplo, el oídio le suele afectar más que a otras.

Pero no ha sido eso lo que ha provocado que quede tan poca…No, no, claro. El hecho de que haya tan pocas cepas de esta variedad se debe a que se fueron arrancando los viñedos y a que, como ocurrió también con otras variedades, por esas características que comentábamos dejaron de tener interés en un determinado momento. Por ejemplo, como es de ciclo largo se quedaba casi sin vendimiar por lo que no era rentable para los viticultores en una época en la que se buscaba (y se necesitaba) producción. Además tiene poca carga tánica, da poco color, por lo que tampoco era interesante para los graneles…

Y así, ahora está en peligro de extinción…Exacto. Quedan poquísimas cepas de Pintaíllo. Y digo cepas porque parcelas enteras de esta variedad no hay. Al menos nosotros no conocemos ninguna. Todo lo que hemos encontrado está en parcelas de mezcla, las viejas parcelas en vaso que han sobrevivido hasta nuestros días y en las que se plantaba un poco de todo. Nosotros logramos sacar unas 200 plantas hace unos años y ahora, gracias al proyecto de crowdfunding que pusimos en marcha también hace un tiempo, vamos a poner 400 más.

Ese crowdfunding nació justamente para recuperar las variedades olvidadas…Sí. Al principio estábamos obsesionados con la Bobal y, de hecho, el resto de variedades que teníamos en los viñedos las dejábamos sin vendimiar… Después empezamos a interesarnos por la diversidad de las parcelas y empezamos a coger la Pintaíllo, hasta que el dueño de una de las parcelas de mezcla que trabajábamos nos dijo que la iba a arrancar… La única solución que encontramos fue comprarla para no perder toda aquella biodiversidad pero luego llegó la cuestión de qué hacer con tantas variedades… Y decidimos elaborar un vino como los de antes. Para ello pusimos en marcha un crowdfunding y tuvo mucho éxito, la verdad. De ahí salió nuestro vino ¿Y tú de quién eres? Bueno, son dos, uno tinto y otro blanco. Ambos son multivarietales y están elaborados con las diferentes uvas de esas parcelas de mezcla que también están en peligro de extinción! Y en la última edición de este crowdfunding, gracias a las parcelas que hemos podido recuperar, hemos añadido el monovarietal de Pintaíllo, que se llama ‘@’ (arroba)

Háblanos de él…Es un vino natural, criado en damajuana (ayuda a potenciar la frescura, la expresión frutal) procedente de uvas de diferentes parcelas. Tiene mucho aroma herbáceo, muy buena acidez y mucha amplitud. Hemos sido los primeros en elaborar un monovarietal de Pintaíllo. Desde luego es único. Fíjate que, a ciegas, ningún sumiller ha sabido ubicarlo.

¿Es difícil de elaborar? Más que difícil es complejo: en el envero, cuando el racimo es reconocible por sus pintas, tenemos que ir parcela por parcela marcando las cepas de Pintaíllo que, como decía, maduran más tarde. ¡O sea que vendimiamos en varias fases y nos recorremos varias veces toda la comarca! Utilizamos levaduras autóctonas y como lo elaboramos de manera natural, sin sulfitos ni filtración, pasa la maloláctica para que sea más estable. Hemos ido haciendo pruebas hasta dar con el mejor proceso.

¿A quién le recomendarías este vino? Evidentemente no es un vino para masas, pero le gustará a quien busque algo distinto. A los cocineros les apasiona porque da mucho juego.

Y ¿con qué lo tomamos? Como no es un vino muy tánico hay una gran paleta de opciones con las que combinarlo. Nosotros hacemos un maridaje con chocolate con sal, y va perfecto. Pero en realidad es que no le hace falta comida, es un vino que se disfruta mucho así solo.

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