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Edívalo, el vino de metrópoli de La Matritense

No se extrañe si al entrar por la puerta de La Matritense, taberna situada en pleno corazón del madrileño barrio de Chamberí, distingue olores y efluvios que le recuerdan a cualquier bodega que haya visitado previamente. No se extrañe porque estará en lo cierto. La Bodega Círculo del Vino Matritense lleva desde el año 2005 elaborando vinos en las mismas entrañas de la Plaza de Olavide de Madrid. Algo digno de ver y de contar ya que se trata, que sepamos, de la única bodega situada en una gran urbe que elabora vino de metrópoli.

Texto: Teresa Acevedo. Fotos: La Matritenseimg-20160727-wa0010-fileminimizer

Esta microbodega cuenta con todo lo habitual y necesario que encontramos en cualquiera de sus homólogas rurales de mayor envergadura: tolva de recepción de la uva, despalilladora y estrujadora, bomba para llevar el mosto a las cubas, prensa, barricas de roble, filtradora, embotelladora, y hasta un pupitre para el espumoso que se elaboró en una época. No obstante, la mano del hombre es imprescindible puesto que la mecanización es la justa y necesaria para ahorrar espacio, dando lugar así a tintos, rosados, y blancos artesanos, los verdaderos protagonistas de cada cuvée presentada cuatro veces al año.

Fernando García del Río, el artífice detrás de esta singularidad enológica, nos cuenta que disponen de viñas en propiedad en Cuenca y Toledo, además de contar con acuerdos de intercambio de uva con productores de los que conocen bien su viticultura y forma de producir. Todo ello hace que para elaborar sus cuvées, cuenten con variedades que van desde las blancas Godello, Chardonnay, Verdejo o Marsanne, pasando por las tintas Graciano y Touriga Nacional (estas en propiedad) o Tempranillo, Petit Verdot, Merlot, Syrah… etc. La elaboración y el uso de las barricas es particular en cada vino, pero claramente tienen un mismo corte, un mismo patrón quizás otorgado por el reducido espvendimia-fileminimizeracio de la bodega y sus levaduras indígenas (haberlas haylas…). Así, y a pesar de ser únicos ya que cada cuvée es completamente distinta de todas las anteriores, los vinos resultantes son, en general, de marcada acidez, buena concentración y volumen. Los Edívalo tintos y rosados logran elevadas cotas de calidad pero, sin duda, son los blancos los que se llevan la palma. Quizás estos blancos se encuentran entre los pocos que pueden equipararse con algunos de los grandes vinos franceses: Ródano, Alsacia, etc. No exagero, acérquense a la taberna, prueben y comparen.

Fernando nos explica que el tener una bodega tan a mano le permite ofrecer cursos de elaboración de vino in situ. De nuevo, el único de estas características que se realiza en la ciudad (salvo, lógicamente, la vendimia) totalmente práctico y 100% presencial. En el Curso de Elaboración Aredivalo-fileminimizertesanal de Vino, junto con los contenidos teóricos necesarios, se llevan a cabo trabajos de forma práctica: vendimia, encubado (labores de despalillado, estrujado y encubado con levadura seleccionada), fermentación (descube, prensado, trasiegos), limpieza (clarificación, trasiegos) y expedición (filtrado, embotellado y encorchado). Y por el lado de los controles: medición del grado dulce, sulfitados, control temperatura, bazuqueos, evolución densidad y grado alcohólico, medición Ph, etc. Además, continuando con las singularidades, la taberna que alberga la bodega nos ofrece como pocas en Madrid una buena variedad de manzanillas y finos en rama directamente de la bota como tiene que ser. También, chacinas seleccionadas, tortillas de varios gustos à la Verónica (la mujer de Fernando tiene una mano exquisita para la cocina), y hasta cocido en temporada…de 3 vuelcos, por supuesto. La Matritense Plaza de Olavide nº 4. 28010 Madrid Telf.: 91 522 53 07 www.vinomatritense.com

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