Descubre el ambiente cálido y elegante de Almara en Madrid.
Ambiente cálido, elegante y actual, decoración que homenajea al mar, al fuego y a la tierra y una cocina honesta centrada en el Mediterráneo, definen la última apertura gastronómica del Paseo de la Castellana que rinde culto a la serenidad y disfrute mediterráneos.
Concebido para disfrutar del sabor, el ritmo pausado y el placer de sentarse a la mesa, Almara abre sus puertas en el número 62 del Paseo de la Castellana, con una propuesta de cocina que nace del Mediterráneo, donde el producto es el gran protagonista y el mar marca el pulso de la carta. Se trata de la última apertura del Grupo La Fábrica que con este proyecto pretende reforzar y ampliar su línea más gastronómica iniciada hace ahora tres años con El Huerto de Floren Domezáin.
Para ello, Paco y Gonzalo Talavera, segunda generación al frente del grupo familiar, han apostado por crear un restaurante acogedor con una propuesta gastro muy nuestra, con esos platos de tradición, entendida desde la actualidad, con sabores reconocibles y productos que llenan de disfrute las mesas y las sobremesas. Una cocina honesta que ha concebido y que ejecuta el chef ejecutivo del grupo, Aitor Mena. Navarro de origen y cocinero de oficio, su trayectoria arranca bien temprano en su juventud. Formado en la escuela de hostelería de Pamplona, ha pasado buena parte de su trayectoria en Barcelona donde trabajó en el hotel boutique Neri y en el restaurante del hotel Omm, Moo Roca, reconocido con una estrella Michelin. A sus 35 años decidió ampliar su formación y realizó stagiers en el restaurante Quique Dacosta y en el Celler de CanRoca. Ha trabajado en países como Australia, Inglaterra e Irlanda y con Almara vuelve a casa, al Mediterráneo, a los sabores que son hogar y que se disfrutan, donde el mar es protagonista, pero donde no falta la huerta bien representada y las opciones para carnívoros.
La carta de Almara se declara fiel al espíritu mediterráneo de compartir con imprescindibles como la ensaladilla rusa con ventresca de atún, las croquetas cremosas de gamba blanca con su tartar y las de jamón ibérico o una original gilda 6XL de anchoa, boquerón, pulpo y atún rojo, servida junto a una delicada crema de mejillones escabechados. El mar está presente en platos como la tortilla de bacalao al pil pil, los canelones de txangurro, el puerro a la brasa con mojama de atún, la parpatana de atún rojo al oloroso, la lubina de estero a la sal o a la parrilla con bilbaína o el sapito del cantábrico a la parrilla.
La propuesta se completa con opciones para los amantes de la carne. Destaca un original steak tartar de solomillo de ternera con yema trufada que sirven con patata hojaldrada o la chuleta de vaca madurada a la parrilla. Como broche final, en la carta de postres hay opciones como el flan con yemas de huevo de corral y chantilly, la torrija caramelizada con helado de dulce de leche y el chocolate, AOVE y pan.
Aunque la cocina de Almara cierra, el restaurante abre entre horas y propone una carta de barra en la que disfrutar de sus croquetas, gildas, trío AL-marino de anchoa 00, boquerón y atún rojo, ensaladilla, jamón 100% ibérico de bellota acompañado con pan cristal, una selección de conservas y milhojas de patata con salsa brava y alioli.
La bodega de Almara se concibe como una extensión natural de su cocina, con una selección que recorre algunas de las Denominaciones más emblemáticas de España y combina grandes clásicos con referencias de marcado carácter. Destacan blancos atlánticos como Albariños, Godellos y Txakolis ideales para elaboraciones más frescas, junto a una cuidada selección de tintos de Rioja y Ribera del Duero, además de vinos singulares de otras zonas. La propuesta se completa con champagnes de prestigio, vinos internacionales y una amplia oferta por copas con 25 referencias entre espumosos, rosados, blancos y tintos que va más allá de lo convencional. Como valor añadido, Almara cuenta con una carta especial de Vega Sicilia, con referencias como Valbuena 5º Año, Alión o Macán Clásico, además de vinos excepcionales como Oremus Aszú, donde el tiempo y la viticultura paciente se convierten en un ingrediente más.
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