El proyecto de pareja de Jesús Sánchez y Marián Martínez en Villaverde de Pontones (Cantabria) da forma a una de las grandes casas gastronómicas de España. En la imagen, la esfera de guisantes lágrima con consomé de jamón ibérico y licuado de sus vainas, uno de los platos de esta temporada.
Antes de hablar de tres estrellas Michelin, de Estrella Verde o de tres Soles Repsol, conviene empezar por lo que verdaderamente da sentido a Cenador de Amós: la unión entre Jesús Sánchez y Marián Martínez. Él en la cocina, ella al frente de la sala, han levantado con el tiempo una casa gastronómica en la que cada gesto responde a una misma visión. Esa complicidad profesional y humana ha convertido a Cenador de Amós en algo más valioso que un restaurante de prestigio: una experiencia completa, armónica y profundamente hospitalaria que encuentra en Cantabria su verdad y en el mundo su proyección.
Con la apertura de su 33ª temporada, Cenador de Amós presenta «Colección Cantábrico 2026», una nueva lectura del norte de España a través de la personalidad culinaria de Jesús Sánchez. Aquí el Cantábrico se entiende como mar y como huerta, como memoria y como presente, como producto y como cultura. Cada pase se integra en un recorrido pensado para emocionar desde la claridad, el sabor y el sentido del detalle.
Calma, coherencia y profundidad
Frente a la lógica de las capitales, Cenador de Amós representa una forma más auténtica de excelencia: vinculada al territorio, sostenida en el tiempo y construida desde la convicción de que el lujo verdadero se reconoce por la calma, la coherencia y la profundidad. Desde Villaverde de Pontones, una pequeña localidad cántabra, Jesús Sánchez y Marián Martínez han situado a Cenador de Amós entre las grandes mesas gastronómicas de Europa —y han situado a Cantabria en el mapa de los grandes viajes.
Cenador de Amós forma parte de esos lugares que justifican un viaje por sí solos. Llegar a la casa es entrar en otro ritmo, en una secuencia donde el paisaje, la arquitectura, la sala y la cocina construyen una experiencia con identidad propia. Esa dimensión de destino refuerza una idea cada vez más clara: Cantabria cuenta hoy con una de las experiencias gastronómicas más admiradas y personales de Europa.
«Colección Cantábrico 2026» invita a recorrer esa manera de entender la gastronomía a través de una secuencia que reúne paisaje, despensa y oficio. Entre las elaboraciones de esta temporada destacan la empanadilla de erizo y centollo con agua de salpicón, la esfera de guisantes lágrima con consomé de jamón ibérico y licuado de sus vainas, el lomo de salmonete en dos salsas, el guiso de carne «Royale» como interpretación de una tradición francesa y la suprema de pichón con piñones, salsifí, colinabo y su propio jugo trufado.
Verduras de temporada del propio huerto y quesos de pequeños productores locales se integran en la propuesta con naturalidad y criterio, reforzando una cocina que mira al entorno con respeto y sensibilidad. La Estrella Verde Michelin encuentra aquí una expresión tangible: sostenibilidad entendida como compromiso de fondo, como vínculo real con el paisaje y como una forma rigurosa de construir valor sin atajos.
El Pan de Amós
En ese recorrido, Pan de Amós ocupa uno de los momentos más representativos de la experiencia. Elaborado en el propio obrador del chef, situado en la primera planta del palacio, y servido con mantequilla pasiega y mantequilla de anchoa, resume con elegancia algunos de los principios esenciales de la casa: tiempo, fermentación, artesanía, memoria y territorio.
La experiencia se despliega en el Palacio Mazarrasa, una casona del siglo XVIII cuidadosamente rehabilitada, donde la piedra, la madera, la luz y la escala doméstica de los espacios acompañan la cocina con una belleza serena. Cenador de Amós ha sabido convertir esa serenidad en una forma de lujo silencioso que distingue su identidad y la hace inmediatamente reconocible.
La sala, dirigida por Marián Martínez, constituye una de las firmas más poderosas del proyecto. Escucha, anticipación, sensibilidad, ritmo y precisión técnica configuran una hospitalidad que sostiene el conjunto y le da profundidad. En Cenador de Amós, la experiencia se completa en la manera de recibir, acompañar y leer cada momento: la sala tiene voz propia y participa activamente en la memoria que el comensal se lleva consigo.
La bodega, liderada por Andrés Rodríguez, amplía ese discurso con una selección concebida para dialogar con la cocina desde la armonía y el criterio. Grandes regiones clásicas y proyectos de menor escala conviven en una propuesta que acompaña cada secuencia con inteligencia y medida.
Diálogo con el arte contemporáneo
Esta temporada, además, la casa refuerza su diálogo con el arte contemporáneo a través de una colaboración con Juan Díaz-Faes que incorpora una dimensión cultural y solidaria al proyecto. La intervención artística se traduce en piezas visuales integradas en la experiencia de mesa y en el diseño de una vajilla creada en colaboración entre Jesús Sánchez y el artista. Parte de esta iniciativa tiene un enfoque solidario vinculado a la Fundación Lovaas, sumando a la colección una dimensión de compromiso que amplía el alcance del proyecto.





