Un plato exquisito de Santerra, donde la tradición se encuentra con la innovación.
Tras la marcha del chef Miguel Carretero, el restaurante madrileño Santerra (General Pardiñas, 56) refuerza su identidad mediante la reflexión y la evolución natural de un proyecto que ha crecido con el tiempo y el trabajo constante. Esta idea no trata de romper con lo construido a lo largo de este tiempo, sino de reafirmar aquello que ha logrado de Santerra un restaurante reconocible y coherente.
El concepto permanece intacto. Santerra sigue siendo Santerra. Un restaurante en el que la gastronomía se entiende como una experiencia completa, donde la cocina y sala dialogan de forma permanente y donde el cliente siempre se presenta de manera central. Desde siempre y más ahora, Santerra se centrará en el detalle y en la manera de hacer las cosas, consolidando una filosofía que ha estado presente desde el inicio.
En la cocina, la propuesta se basa en la tradición, el producto y la temporada. Una cocina llena de sabores reconocibles y honestos, que bebe de una herencia francesa, árabe y manchega, y que, además, encuentra en la caza uno de sus pilares fundamentales. Platos que no buscan sorprender desde lo artificioso, sino emocionar desde lo auténtico, evocando recuerdos, sabores de infancia y esa sensación tan difícil de definir pero tan fácil de reconocer: comer bien, comer a gusto, comer como en casa. La caza, lejos de ser una moda o un recurso puntual, es parte del ADN de Santerra y ocupa un lugar destacado en la propuesta. Dándole forma desde el respeto al producto y al territorio, se integra de una manera natural en una cocina que busca equilibrio, sabor y coherencia.
La sala es otro de los pilares que presentan. Un servicio que combina la exigencia y cercanía, así como la precisión y la calidez. En Santerra, el servicio no es entendido como una sucesión de gestos mecánicos, sino como un ejercicio de hospitalidad consciente, donde cada uno de los miembros del equipo tiene un papel claro y donde la anticipación a las necesidades del cliente marca la diferencia. Desde que se cruza la puerta, el objetivo está claro: que quien llegue se sienta acogido, acompañado y en confianza. Que el ambiente, el ritmo y la comunicación entre el equipo construyan una experiencia fluida, casi invisible, en la que todo sucede sin necesidad de ser pedido. Un servicio donde la atención al detalle y la lectura de la mesa permiten crear una relación más humana, más cercana y más memorable.
En este momento cocina y sala trabajan alineadas, compartiendo valores como compromiso, honestidad y responsabilidad. Valores que se trasladan tanto a la forma de trabajar como a la experiencia final del cliente. En Santerra todo forma parte de un mismo lenguaje. La estrella Michelín, los reconocimientos y los premios son consecuencia de un camino que ha ido construyéndose con coherencia, pero no el fin último. El verdadero éxito reside en el respeto del oficio, en la constancia y en la capacidad de seguir creciendo sin dejar de lado la propia identidad.
Santerra comienza este año desde la madurez, la serenidad y la convicción de saber quién es. Un momento que no mira hacia fuera, sino hacia dentro, reforzando su esencia y su manera de entender la gastronomía: como un acto de generosidad, de memoria y de hospitalidad.
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