Sobre todo si procede de alguno de los cinco establecimientos que tiene en Madrid Horno San Onofre, una también
histórica cadena de pastelerías que ha conquistado a varias
generaciones sin perder un ápice de su estilo original y su saber hacer artesanal.
Este año celebrará la fiesta de quien no solo es la patrona de Madrid, sino también la patrona de los pasteleros, con una
colaboración con ESNE (Escuela Universitaria de Diseño, Innovación y Tecnología), en la que un grupo de estudiantes
ilustrará a todo color los escaparates de cuatro de los cinco espacios San Onofre.
Así, los diseñadores en potencia Selene García, Sílvia Cortés, Blanca López, Aline Claeyssens, Guillermo González y Ana Muñoz, todos ellos alumnos de ESNE, intervendrán el Horno San Onofre (San Onofre, 3), La Santiaguesa (Mayor, 73), La Tahona (Hortaleza, 9) y Hernani (Hernani, 7), cuatro de los
cinco establecimientos de esta cadena que abrió en los años 70 el matrimonio de Emilia y Daniel, y hoy regentan sus hijas Mónica y Ana. La Corona de La Almudena es la segunda
parada de su Calendario Repostero, de vuelta de los dulces del Día de Todos los Santos que iniciaron el ciclo del turrón tras la
recogida de la almendra en septiembre.
Poner en la sobremesa de este viernes una corona de La Almudena no sólo es recuperar una deliciosa tradición castiza, también es triunfar.
Cuenta la leyenda que la Virgen de La Almudena llegó a España gracias a otro clásico de nuestro santoral, el apóstol
Santiago. Desde muy pronto, en Madrid, que por aquel entonces no tenía nada de capital y mucho de villa de las pequeñas, se veneró a quien acabarían por designar Patrona unos devotos cristianos que incluso intentaron evitar, en el siglo VIII y durante la invasión sarracena, que se profanase una figura que representaba su imagen, escondiéndola en la muralla musulmana (la al-mudayna) que rodeaba la villa. La figura permanecería oculta hasta casi cuatrocientos años después. Se descubriría un 9 de noviembre, de ahí la conmemoración y este festivo que nos espera el viernes.
Ya en 1978, La Almudena se dio otro baño de popularidad cuando los pasteleros madrileños la proclamaron también su
patrona particular. Echaban en falta un postre que diera identidad a la capital como ya lo hacían las rosquillas de San
Isidro o los panecillos de San Antón, así que organizaron un concurso en el que resultó ganadora la Corona dedicada a la Virgen. Se trata de una variación del Roscón de Reyes, por supuesto en forma circular, con una lluvia de almendra, sabor suave y textura esponjosa, que también se elabora con harina, huevos y leche. Pero es algo más pequeña que aquellos, no tiene ralladura de naranja o limón y, también a diferencia
de ellos, se rellena de crema, nata o trufa. Para hacerla aún más madrileña, se adorna con figuritas y se añade licor de madroño.
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