ENTREVISTA: Miguel A. Torres, presidente de Bodegas Torres y de la FEV

“Detrás de cada vino tiene que haber territorio, cepa, vinificación,  crianza… personalidad en suma”

Texto: Luis Ramírez. Fotos: Jordi Elías, Familia Torres y Origen

No fue fácil encontrar un hueco en la complicada agenda de Miguel Agustín Torres Riera (1941), presidente de Bodegas Torres (cuarta generación familiar -la quinta es la que actualmente asume tareas de dirección- de un grupo con actividad enológica en España, Chile y California) y situado, también desde el pasado verano, al frente de la Federación Española del Vino (FEV). Pero perseguíamos dialogar, sin prisas, como a nosotros nos gusta, en torno a su impresionante trayectoria profesional, la contribución del Grupo Torres a la viticultura y la enología española y sus prioridades al frente de la FEV.

Finalmente, atendiendo su invitación, pudimos acudir en un suave y soleado día invernal al Penedés para compartir un almuerzo en el restaurante Mas Rabell, de Sant Martí Sarroca  (regado con Fransola 2016, Gran Coronas 2013 y Salmos 2014) y, de paso, descubrir la importancia que la investigación sobre cambio climático y variedades autóctonas tienen en el ADN de la empresa, del que también forma parte el compromiso con las 1.300 personas que integran la estructura de Torres en los diferentes escenarios donde están presentes y la cercanía al consumidor.

En ese privilegiado formato, ORIGEN tuvo la oportunidad de conocer, de primera mano, la filosofía de uno de los grandes personajes del vino español e internacional, autor de varios libros de culto (“Viñas y vinos”, “Manual de los Vinos de Cataluña”) , y su obsesión por la salud, la sostenibilidad, la ecología y la investigación, visibles no solo en su propia trayectoria sino en las prioridades empresariales.   

¿Cuáles son sus primeros recuerdos infantiles asociados con el vino y también con la comida? Bueno, recuerdo de muy pequeño cuando bebí a escondidas de unas botellas de espumoso y el mareo subsiguiente. Fue una lección; a partir de entonces, no he vuelto a pasarme con el vino. También recuerdo los paseos por las viñas y los aromas de la fermentación. Y a la hora de comer, los canelones y, sobre todo, unas verduras rellenas de carne de cerdo, ajo y alguna cosa más que eran extraordinarias. Mi madre tuvo buenas cocineras.

¿Siempre se sintió encaminado hacia el mundo del vino o tuvo alguna etapa más díscola, más dispuesto a alejarse del negocio familiar? La verdad es que cuando era joven no me interesaba demasiado. De hecho, empecé a estudiar Químicas en Barcelona. Pero, al cabo de dos años, mi padre me dio la oportunidad de estudiar Enología en Dijon, donde pude visitar muchas bodegas de Borgoña, aquellas cavas tan bonitas, con las botellas llenas de telarañas, donde empezó mi amor por este mundo. Era el primero de la clase y mi padre estaba muy orgulloso, porque amplié mis conocimientos sobre Biología y Bioquímica aplicada al vino. Regresé al Grupo Torres en 1962. Mientras hacía el Servicio Militar en Aviación en el Prat, trabajaba en la parte técnica de la bodega en Vilafranca. Allí hice mis primeras cromatografías y análisis para prevenir sedimentos.

¿Qué le ha aportado el hecho de trabajar en una empresa familiar y mantener la cadena generacional o en qué le ha podido perjudicar? Perjuicio ninguno pero no todo ha sido fácil. Mi padre, hijo único, era un hombre extraordinario y con mucho empuje, como demuestra que fue el primer bodeguero en exportar sus vinos tras la Guerra Civil, en 1940, y con la bodega en reconstrucción. Cuando me tocó llevar la parte de producción tuvimos nuestras diferencias de criterio. Yo tenía 40 años y, como las cosas estaban complicadas, llegamos al acuerdo de que me tomara un año sabático y me fui a estudiar viticultura a Montpellier. Volví a aprender muchísimo, aunque volvía al Penedés los fines de semana para poner en práctica algunos de esos conocimientos. A la vuelta definitiva tuve que adaptarme a las circunstancias pero, con el paso de los años, mi padre fue delegando y todo se arregló.

¿Cuáles han sido las grandes aportaciones de Bodegas Torres en el Penedés, desde su punto de vista? En esta zona había mucho por hacer y lo primero que nos planteamos fue introducir la fermentación a temperatura controlada con tinas de acero, que no existía entonces, con la que elaboramos nuestro blanco Viña Sol, que marcó una etapa. Más tarde lanzamos el Viña Esmeralda con uva Moscatel y aún recuerdo que Víctor de la Serna, padre, me calificó de mago, porque consideraba que habíamos conseguido todo un vino alsaciano. En tintos nos planteamos empezar de cero, porque no teniamos la tradición de la Rioja, con el hándicap de que las cepas catalanas de calidad habían desaparecido con la filoxera. Hoy estamos recuperando unas 40 variedades, algunas para elaborar monovarietales, porque son muy buenas. Habia Tempranillo, Garnacha, Cariñena, pero se había creado en Cataluña una cultura del vino espumoso, con lo que el payés solo se planteaba producir más kilos. Yo pedía un máximo de tres por cepa y era imposible incluso pagando más.  Entonces buscamos cepas fuera, sobre todo en Francia, y al cabo de unos años vimos con las microvinificaciones que la Cabernet Sauvignon funcionaba, aportando al vino carácter y opulencia. Plantamos la viña de la que sale nuestro vino Mas la Plana en los 60 y en los 70 dio su primera cosecha.

¿Cuáles son esas variedades autóctonas catalanas para las que prevé un buen desarrollo? La Forcada en blancos y en tinto están la Moneu, la Querol, la Bonfaus…En nuestro vino Grans Muralles ya incorporamos la Querol desde el año 2010 y mis hijos plantean lanzar diversos vinos monovarietales.

Después de toda su trayectoria, ¿qué características valora actualmente en un vino? No me gusta mucho esta moda, que se da más fuera que en España, de elaborar vinos con poco carácter y color, en los que cuesta adivinar de qué cepas provienen. Yo apuesto por la tipicidad, por el carácter que muestra el vino, por el mensaje que transmite. Detrás tiene que haber territorio, cepa, vinificación, crianza…personalidad en suma. Es muy importante seguir hablando del terruño y de los microclimas cuando nos referimos a grandes vinos. Pero, claro, luego está la gente del marketing, para quienes hay que hacer el vino que quiere el consumidor.

De todas las regiones vitivinícolas españolas en las que Familia Torres está presente, ¿dónde tiene puestas sus expectativas respecto a un desarrollo potente en variedades y vinos con personalidad? Las perspectivas inmediatas las tengo sobre todo en Cataluña, porque conocemos bien su territorio. Por esto, ahora apostamos y compramos pequeñas parcelas en la DOP Priorat, zona en la que somos bastante especialistas. En las otras DOP en las que también estamos presentes, como Rioja, Ribera, Rueda y Galicia estamos todavía aprendiendo, porque cuesta mucho conocer bien sus suelos. En Ribera ya hemos empezado a comprar parcelas de viñas viejas y en Rioja también hemos adquirido algo. En Galicia acabamos de comprar un pazo de siete hectáreas en Rias Baixas.

La vocación ecológica de Torres está siempre muy presente, pero ¿qué opina con respecto a los vinos naturales o los biodinámicas? Recientemente pude hablar de este tema con el mejor sumiller de Singapur, y me reconoció que de los vinos naturales que ha servido en su restaurante la mitad le han defraudado. Respecto a la vitivinicultura biodinámica, tengo un gran respeto por la figura de Rudolf Steiner. Torres lleva diez años elaborando en pruebas con una viña, y no somos capaces de argumentar en qué se diferencian técnicamente estos vinos de los convencionales. Sinceramente no veo lo que aporta la biodinámica. Por eso, me preocupa mucho más bajar las emisiones de CO2 y reducir la huella de carbono, pensando en las nuevas generaciones. Más importante que respetar las prácticas del bisabuelo es bajar las emisiones.

¿La labor de I+D que están desarrollando y que forma parte del ADN de la empresa está consiguiendo la rentabilidad que buscaban? Si en el mundo del vino solo piensas en rentabilidad, estás muy equivocado. Quien quiera un beneficio inmediato que vaya al sector inmobiliario. Nosotros tenemos que pensar al menos en periodos de diez años. Las inversiones en energías renovables tienen sus periodos de amortización, como las placas fotovoltaicas y la biomasa. Aunque he delegado la dirección de la bodega, sí que sigo encabezando el departamento de Medio Ambiente, un pequeño grupo de investigación en la bodega. Recientemente presentamos nuestros trabajos relacionados con la huella del carbono. Esta una inversión que no podemos medir en rentabilidad económica, pero lo queremos incentivar para que nos sigan otras bodegas, porque todos los productores de vino debemos de poner nuestro grano de arena para combatir el cambio climático.

Con su volumen de actividad al frente del Grupo Torres, ¿qué le ha animado a aceptar también la presidencia de la Federación Española del Vino y cuáles son sus prioridades? La verdad es que ya me lo habían planteado años atrás y siempre lo iba posponiendo. Al final, te vas haciendo mayor y consideras que ha llegado el momento. En la FEV hay un equipo muy bueno formado por  altos directivos del sector, con un director excepcional, José Luis Benítez. Partiendo de que se ha hecho un gran trabajo hasta ahora, mis objetivos son varios. Los anteriores presidentes pusieron en marcha la Interprofesional del Vino que ha conseguido el consenso de casi todo el sector (quedan algunos 4 ó 5 casos que estamos tratando que se incorporen) para aportar una pequeña cantidad e invertirla en una campaña bien hecha que nos ayude a fomentar el consumo de vino. Dotada con 5 millones de euros, está actualmente en marcha y nos ayuda a reforzar la idea de que el vino consumido con moderación es muy recomendable. Es un trabajo importante que la nueva Presidencia debe continuar, porque el mundo del vino debe tener más presencia en la sociedad, sobre todo entre la gente joven. Tenemos más hectáreas de viñedo que ningún otro país del mundo, un potencial extraordinario  y se puede ir a más. Los especialistas internacionales hablan con mucho respeto e interés por lo que hacemos en los últimos años en el mundo del vino. Ése es el camino.

También han hablado de fomentar las relaciones entre vino y salud… Sí, es la segunda prioridad. Tenemos que apoyar a la Fundación del Vino (FIVIN) nacida en los años 90 para generar más investigación en el sector. Recientemente pude leer un interesante artículo del Dr. Ramón Estruch donde desmonta con gran calidad técnica dos trabajos que han salido publicados en Reino Unido en contra del vino. Creo que la Fundación del Vino debe seguir esta línea en su defensa y apoyarse en un mayor número de estudios, porque muchos de ellos se publican desde países, como EE.UU. o Reino Unido, que siguen dietas que no tiene nada que ver con la nuestra, y además con tendencia a vincular al vino solo con alcohol. Los mensajes que damos desde FIVIN nunca son concluyentes como que el consumo del vino es bueno para el corazón, sino que se basan en los conocimientos de unos 2.000 médicos en España, denominados embajadores, y que reciben periódicamente sus informes, que apoyan su consumo moderado y siempre teniendo en cuenta cada caso.

Y es grande su preocupación por el cambio climático… Como poco, la temperatura subirá al menos un grado de aquí a fin de siglo; no lo podremos parar. Sabemos que los sectores vitivinícolas de España, Italia y Grecia se verán muy afectados. Por el contrario, en países como Francia y Alemania, donde ya se está plantando viñedo de Cabernet Sauvignon, están encantados con esta alteración. Pero el sur de Europa  debemos tomar medidas preventivas, sobre todo en relación con el gasto de agua. Que en todos los viñedos en los que sea posible se recoja en balsas el agua caída en invierno y se implanten otras medidas como la protección contra las heladas, temas en los que está implicada la Comisión Técnica de las FEV. En este sentido, presentaremos en breve un proyecto al Ministerio de Agricultura que luego se trasladará a Bruselas para solicitar ayudas comunitarias. Sobre las energías renovables y su aplicación en las bodegas españolas, pensamos que  muchas quieren llevar a cabo estas inversiones y no lo hacen porque saben que, con la legislación actualmente vigente, no les van a conceder los permisos necesarios. Esto lo estamos viviendo en  Torres, donde desde hace más de año y medio contamos con 400 Kw de energía fotovoltaica esperando los permisos para conectar a la red eléctrica.

También la FEV está barajando la idea de plantear una acción al Gobierno para apoyar a los restaurantes españoles en el extranjero como grandes embajadores del vino español…

Sí, la Federación está trabajando en el proyecto y en breve concretaremos propuestas en este sentido. Todos nuestros grandes cocineros apoyan mucho a nuestro sector vitivinícola y nosotros no hacemos nada por ellos. Mi pregunta es por qué en España, incluso a nivel de Gobierno, no nos preocupamos más de apoyar a esta gente que son el mejor escaparate para nuestros vinos, aceites, Todos estos cocineros han llevado debajo del brazo vinos españoles y es una gran herramienta promocional.

De su ADN forma parte también la reivindicación de la gente del campo, de los viticultores. ¿Qué mensaje positivo lanzaría desde el grupo Torres hacia estos profesionales de cara al futuro? Nuestra política ha sido siempre pagar bien al agricultor. Yo soy un poco de formación socialista, he leído a Marx y a Bakunin y esta visión te ayuda a entender a los trabajadores. Nunca hemos tenido en Torres una huelga. Queremos que la gente participe en la empresa. Incluso mi hijo (Miguel Torres Maczassek, director general de Bodegas Torres) come una vez al mes con viticultores y empleados.

¿Ha mejorado, desde su punto de vista, el trato que se le da al vino en los restaurantes? Sí, antes era imposible que te sirvieran el vino tinto a la temperatura adecuada. Esto ha mejorado mucho, ya no hay que discutir tanto como antaño.

¿Cuáles son los efectos que ya están notando, en su caso concreto, con respecto al cambio climático? El aumento de un grado de la temperatura media que hemos tenido en lo últimos 50 años lo hemos podido equilibrar con prácticas de viticultura, por ejemplo dejar las hojas en la base del viñedo para que propicien un microclima más fresco. En los 80 te explicaban que tenías que intentar adelantar la vendimia por la maduración de la uva y ahora es al revés, para coger las noches frías de septiembre y ganar un poco de calidad. Este grado de temperatura lo hemos asimilado bien, pero no sabemos lo que vendrá a partir de ahora. Tenemos que empezar a desplazar viñedos, llevarlos a zonas más altas y climas más fríos. En nuestro grupo este proceso ya ha empezado.

¿Qué cree qué deberían hacer ya las bodegas españolas ante este reto?

Por encima de todo, reducir sus emisiones de carbono y estar orgullosos de ello. Si viene un periodista norteamericano a tu bodega y te pregunta cómo te planteas el desafío del cambio climático, y ve que tienes instaladas placas fotovoltaicas y estás moviéndote en este sentido, su reacción será positiva. Y entre todo el sector intentar conseguir que la Administración nos dé facilidades para la implantación de estas medidas; no pedimos subvenciones; solo que no nos lo pongan más difícil…

¿Cuál es el horizonte de una empresa familiar de cinco generaciones? El cambio ha sido enorme, ¿hacia donde nos dirigimos? Todos tratamos de motivar e interesar a nuestros nietos. Uno de ellos me decía el otro día que quería ser enólogo como yo. Ése es el camino. Que Bodegas Torres siga siendo una empresa familiar. Si no, les amenazamos con todos los males. Si vais a Bolsa, iréis al infierno, les digo a mis hijos, porque sería el fin de nuestros valores. Ha ocurrido en muchos casos. Creo que no lo harán.

Finalmente, ¿qué se tomaría en un día como hoy en el Penedés y con que vino lo acompañaría? Bueno, creo que tenemos un buen ejemplo delante de nosotros con este arroz de liebre y setas regado con Gran Coronas. También, unos quesos catalanes, entre ellos alguno de cabra de La Garrotxa, con un Mas La Plana. Pero me encanta también el Manchego.

 

DESTACADOS

“Les digo a mis hijos que acudir a Bolsa sería el infierno, el fin de nuestros valores”  

 

“Me preocupa mucho bajar las emisiones de CO2 y reducir la huella de carbono, pensando en las nuevas generaciones”

 

“Los grandes cocineros apoyan mucho al vino español y nosotros no hacemos nada por ellos; eso hay que corregirlo”

 

“Si en el vino solo piensas en rentabilidad, estás muy equivocado. Quien quiera un beneficio inmediato, que vaya al sector inmobiliario”

 

“El mundo del vino debe tener más presencia en la sociedad, sobre todo entre la gente joven”

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