Por Roberto Quiñones
Creo que ya les he contado anteriormente -en algún otro artículo- que hace unos 20 años que me dedico al diseño de imagen para bodegas, destilerías, vinos y bebidas espirituosas. Esto me ha llevado profesionalmente a analizar y estudiar constantemente este sector super-competitivo en el que no se perdonan los errores de imagen. Y, en el que un buen diseño ayuda -sí o sí- a captar la atención de los compradores internacionales en las ferias y a decidir la compra impulsiva en el lineal. En definitiva, un buen diseño ayuda a levantar ventas o a incitar una primera prueba del producto.
Después de todos estos años diseñando etiquetas y marcas de vino, trabajando en equipo con grandes profesionales de marketing, enología, diseño y comunicación, he aprendido que las marcas que mejor funcionan, son las que saben definir con claridad su personalidad y saben convertirse en una proyección del estilo de vida de sus consumidores. Si hablamos de un consumidor experto y fiel, la sobriedad y sencillez a la hora de diseñar una etiqueta es una garantía de supervivencia para vinos de guarda de cierta calidad.
Porque el packaging del vino completa la personalidad del producto y traslada al consumidor un sentimiento de pertenencia y proyección de la imagen propia, que favorece la elección y que lo hacen identificarse con él.
Como siempre, quiero compartir con ustedes una pequeña selección de diseños nacionales que me gustan, me inspiran, me embelesan, y me hacen disfrutar en sus diferentes estilos y categorías. Espero que ilustren bien este modesto análisis.
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