Hay restaurantes que nacen de una tendencia gastronómica. Otros, de una oportunidad de negocio. Querido Martínez (Caracas, 1. Madrid) surgió de algo mucho menos habitual: una amistad de más de 30 años. Federico Morano, Juan Manuel Pons Lezica y Leandro Eiroa (en la imagen) crecieron juntos en Martínez, un barrio de Buenos Aires.
Compartieron colegio, infancia, proyectos, música, la pasión por la gastronomía… y conversaciones sobre emprender algún día algo propio. Lo que empezó como una idea para distribuir vino acabó convirtiéndose en un restaurante en el barrio madrileño de Chamberí. Casualmente (o causalmente) mientras buscaban nombre se dieron cuenta de que el barrio en que se ubicaba el local (Alonso Martínez) compartía nombre con el barrio que les había visto crecer (Martínez). Tan solo quedaba añadir el detalle que resumiera la forma en la que se entiende la hospitalidad en Argentina, algo cercano, familiar, afectuoso. Así nació Querido Martínez y lo que parecía una coincidencia fue una declaración de identidad.
Sentirse como en el salón de su casa
Más que un restaurante de inspiración argentina (que también), Querido Martínez es un espacio construido alrededor de una idea sencilla: quien cruza la puerta debe sentir que entra en el salón de su casa, con amigos, con familia, con su pareja… La propuesta culinaria, la oferta de vinos y el ambiente son los tres pilares que definen este proyecto, cuya voluntad es la de crear un rincón (casi) secreto que sirva para conectar personas, compartir historias y sentirse bienvenido.
Además, Querido Martínez abre sus puertas a músicos, escritores o talleres, para posicionar el espacio como un lugar de encuentro multicultural, donde disfrutar mientras se cena o simplemente tomando un vino.
Todo empieza con un vino
Si la amistad es el origen de Querido Martínez, el vino es su hilo conductor: lo que nació con vocación de winebar evolucionó al restaurante que es hoy. Por eso, su propuesta gastronómica y la enológica se entienden como un todo: platos para compartir, recetas que remiten a la memoria familiar (y otras inspiradas en la cocina internacional) y una selección de más de 40 referencias enológicas del mundo, con vinos de pequeño productor y de identidad propia. Una carta creada inicialmente por la escritora y sumiller Nagore Suárez y que incluye etiquetas procedentes de Argentina, España, Francia e Italia, pero también curiosidades alemanas, chilenas, australianas, etc., algunas de ellas servidas por copas.
En la mesa, algunos de los platos que mejor representan esa filosofía son la Milanesa crujiente (de carne y con puré), la Entraña con papas provenzal y salsa chimichurri o criolla o los Paccheri rigati al pomodoro (la típica pasta de la abuela). Además, una original ensalada de burrata y aceitunas con pepinillos y tomates secos; una reinterpretación del Pulpo a la gallega sobre patatas (con lágrimas de alioli y aceite de pimentón) o las Patatas brasiáticas, uno de los clásicos de Querido Martínez, con una salsa de kimchi y jengibre. Para terminar, la Tarta de queso sobre base de galleta o la Mousse de chocolate con avellanas troceadas
El ambiente, obra del estudio Bienal (fundado por Florencia Arzura, una arquitecta argentina con más de diez años de experiencia en España), cambia según el día y la hora. Hay luces tenues, colores cálidos capaces de dotar de intimidad, detalles minimalistas, amplios ventanales, velas, flores frescas… y también mesas bajas con sillones, taburetes o una amplia barra junto a los enormes ventanales. Todo pensado para quedarse.





