El Claustro, el restaurante del Hotel Palacio de Santa Paula, Autograph Collection, propone una pausa frente a las altas temperaturas estivales en el interior de un antiguo convento del siglo XVI, en pleno centro histórico de Granada. Su carta de verano apuesta por una cocina andaluza de temporada y basada en el producto local, con propuestas como la sopa fría de almendras con cebolleta de la Vega y quisquilla de Motril o el picadito de trucha de río con salsa de naranjas del Valle. Al caer la tarde, La Barra del Claustro y el patio prolongan la experiencia con una propuesta gastronómica más informal, platos pensados para compartir y una selección de coctelería de autor y bebidas sin alcohol.
El verano transforma la manera de recorrer Granada. Durante las horas centrales, cuando las temperaturas marcan el ritmo de la ciudad, los paseos dejan paso a la búsqueda de lugares donde detenerse, resguardarse del calor y recuperar fuerzas alrededor de una buena mesa. En pleno centro histórico, El Claustro, el restaurante del Hotel Palacio de Santa Paula, Autograph Collection propone ese paréntesis: cocina andaluza de temporada entre muros centenarios y en uno de los enclaves patrimoniales más singulares de la ciudad.
Ubicado en un antiguo convento del siglo XVI, el restaurante conserva la arquitectura y la atmósfera pausada del edificio histórico. Sus arcos, galerías y espacios interiores ofrecen un contraste con el movimiento de las calles granadinas y convierten la visita en una forma diferente de disfrutar de la ciudad. El patrimonio no funciona solo como telón de fondo, sino como parte de una experiencia que invita a bajar el ritmo durante los meses más cálidos.
Huerta, montaña y litoral
Esta conexión con el entorno se traslada también a la cocina. Su carta de verano se construye a partir del producto local, la temporalidad y la diversidad de una provincia capaz de reunir huerta, montaña y litoral, reinterpretando sabores reconocibles desde una mirada contemporánea.
Entre los entrantes, la sopa fría de almendras y cebolleta asada de la Vega con quenelle de quisquilla de Motril conecta la huerta y la Costa Tropical en una elaboración especialmente ligada al verano. Junto a ella, el picadito de trucha de río marinada con salsa gravlax de naranjas del Valle reúne producto de agua dulce y los matices cítricos del territorio granadino.
En los platos principales, la lubina con gazpachuelo de chirlas y aceite verde recupera una receta reconocible de la cocina andaluza desde una ejecución actual, mientras que el bacalao fresco confitado con emulsión tibia de puchero granadino, garbanzos tiernos y aceite de vainilla de Madagascar revisita uno de los sabores más vinculados a la memoria doméstica local.
El capítulo dulce vuelve a mirar a la temporada con las esferas de melón con lima y jengibre acompañadas de una infusión fría de hierbabuena, un cierre fresco y aromático concebido para los meses de verano.
La Barra del Claustro, el refugio más informal
A medida que avanza el día, El Claustro cambia de registro sin abandonar el mismo entorno histórico. La Barra del Claustro y el patio del antiguo convento toman el relevo, ofreciendo un escenario donde prolongar la jornada entre platos para compartir, coctelería, conversación y patrimonio. Su carta de verano mantiene el vínculo con el producto y el recetario local desde un formato más informal. Entre sus propuestas, se encuentran las berenjenas fritas con miel de caña, el bikini de jamón ibérico y queso ahumado o la hamburguesa de vaca pajuna de Sierra Nevada, junto a otros bocados concebidos para compartir.
La experiencia se completa con vinos, bebidas y una selección de coctelería de autor en la que figuran creaciones como Morisca Soul, Cloister Margarita o Santo Spirito Sour, además de alternativas sin alcohol como Cherry Berryn y Costa Tropical. Una propuesta que encuentra en el patio del antiguo convento un escenario singular para las tardes y noches de verano.





