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Bar Trafalgar cumple un año en el barrio madrileño de Chamberí

Desde el momento en que Bar Trafalgar (Alburquerque, 14. Madrid) abrió sus puertas, en mayo de 2022, su intención fue clara: ser el sitio en el que los vecinos del barrio quedasen a “tomar algo”. Un buen bar de barrio. Casual y sencillo sí, pero también moderno y alternativo. Algo que ha logrado con creces con una carta breve y sencilla para ser disfrutada entre cañas y cócteles, siempre influenciada por las referencias musicales de sus dueños –David Yllera, Nacho Aparicio y Juan Tena– y ecléctica y diversa como el barrio que la acoge.

Beber bien es la máxima pretensión de Bar Trafalgar que, ubicado junto a la Sala Clamores, busca convertirse en un clásico “bar de siempre”. Aquellos que vienen caracterizando a la capital como su insignia cultural y social, esos lugares en los que hemos pasado las horas, compartiendo, riendo, brindando, comiendo y por qué no… ligando.

Intentando huir de las modas, en la carta de Bar Trafalgar no hay nada que se salga de la tradición, aunque sí platos de bar que se permiten la licencia de incorporar un ligero toque actual: como unas bravas de Chamberí “amilhojadas”, unas mollejitas de ternera con salsa ‘alegre’, las clásicas gildas, unos perfectos boquerones con piparras o unas anchoas con mantequilla. Preparaciones que acompañan a la perfección a una noche de barra y que le abren el paso a algunas elaboraciones más complejas: como el ajillo de corvina macerada, la ventresca de atún rojo a la brasa con escabeche de verduras; el bikini de lacón ahumado y comté fundido o La Fina, la cheeseburger de la casa.

La gran barra de Bar Trafalgar
Como en cualquier bar, es la bebida y los buenos ratos los que se manifiestan en la gran barra de Bar Trafalgar, anfitriona de un local cuya fachada recuerda al mítico cuadro Nighthawks de Edward Hopper (1942). Ya en su interior –logrado junto con el asesoramiento de la arquitecta Marta Banús–, Bar Trafalgar se divide en dos alturas con sofás y mesas bajas. Siendo un espacio que ha sabido recuperar algunas de las paredes originales del local para darles nueva vida y un toque de modernidad, junto con piezas únicas como una monumental tinaja de barro antigua cuadros y fotos de amigos artistas, sillas de terciopelo azul, taburetes de inspiración industrial, una mesa de billar y equipos de música de los años 80.

Por la noche, además, se reemplaza la luz natural que entra por los enormes ventanales del espacio por unas luces de neón rojas que acompañan el recorrido nocturno del local hasta las 2 de la mañana.

Redacción

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