“La gran prioridad del vino español: pasar de vender volumen a construir valor”

Hombre sonriente en un evento de vino con público y stands
Un líder del vino español en un evento destacado. La calidad y el origen son clave.

Tras seis ediciones al frente de Barcelona Wine Week (BWW) y en pleno relevo tanto de la presidencia del salón como de la DO Cava, Javier Pagés hace balance de una etapa marcada por la consolidación del salón como escaparate internacional y por el impulso a un relato basado en el origen, la calidad y la rentabilidad para toda la cadena. Habla de consumo, cambio generacional y de las prioridades que deberían guiar el próximo ciclo del vino español.

Al frente de Barcelona Wine Week desde su inicio, ¿qué cree que ha cambiado de forma más profunda en el posicionamiento del vino español y qué queda todavía por conseguir?

BWW ha contribuido a reforzar algo esencial: la confianza del propio sector en su potencial. España es una potencia vitivinícola con una diversidad de territorios, variedades y estilos difícil de igualar, pero durante años no hemos proyectado esa fuerza internacional con la misma claridad que otros grandes productores. BWW ha ayudado a ofrecer una imagen más cohesionada, actual y exigente del vino español, poniendo el foco en la calidad, el origen y la riqueza de nuestras regiones. Aun así, queda camino: ningún país vitivinícola ha construido prestigio compitiendo solo en precio. Lo ha hecho desde su capacidad de generar valor. Ese sigue siendo el gran desafío colectivo.

Ahora que deja la presidencia de BWW, ¿qué decisión ha sido clave para convertir el salón en una cita estratégica e internacional del vino español de calidad?

Tener claro desde el principio que no queríamos ser la feria más grande, sino una de las más relevantes para el vino de calidad. Apostamos por un modelo orientado al negocio y la internacionalización, que ofreciera oportunidades reales a las bodegas participantes. También fue decisivo construir el proyecto con el sector: Denominaciones de Origen, bodegas, instituciones y profesionales. BWW es un éxito compartido y una prueba de lo que se logra cuando se trabaja con objetivos comunes.

En un contexto de menor consumo y cambio generacional, ¿qué señales le hacen ser optimista sobre el futuro del sector?

El momento es exigente: cambian los hábitos y el vino compite con muchas alternativas. Pero hay señales positivas. Soy optimista porque hay talento, pasión y capacidad de adaptación. Veo una generación de elaboradores muy preparada y una sensibilidad creciente hacia el origen, la sostenibilidad y la autenticidad. Además, hay consumidores que no solo buscan un producto, sino una experiencia con sentido. El vino ofrece algo único: cultura, territorio, gastronomía, paisaje y memoria. El reto es contarlo mejor y de forma atractiva para quienes llegan ahora.

BWW está en un momento de consolidación. ¿Qué legado le gustaría que permaneciera en las próximas ediciones?

La ambición. Ambición para pensar en grande, creer en el potencial del vino español y trabajar desde una mirada colectiva. Estos años han demostrado que, cuando el sector se alinea en torno a un proyecto, puede crear iniciativas de referencia internacional. Me gustaría que BWW siguiera siendo una plataforma al servicio de todas las regiones vitivinícolas, y un espacio de encuentro donde se comparta conocimiento, se generen alianzas y se multipliquen las oportunidades.

Como presidente de la DO Cava, afronta también un momento de relevo. ¿En qué punto deja la denominación y cuáles cree que serán los grandes retos del próximo mandato?

La DO Cava llega a este relevo más sólida que hace unos años. Se han impulsado cambios estructurales relevantes: zonificación, segmentación cualitativa, refuerzo de los Cavas de Guarda Superior, mayor apuesta por el origen, impulso a la viticultura ecológica y más trazabilidad. El gran reto es profundizar en la valorización del Cava: consolidar el reconocimiento internacional de los segmentos de mayor calidad y repartir mejor ese valor a lo largo de la cadena, especialmente en el viñedo. La marca Cava tiene una trayectoria que la ha situado entre los espumosos de referencia; ahora toca reforzar posicionamiento y construir futuro con más valor añadido.

La DO Cava ha orientado su estrategia al origen y segmentación. ¿Ha sido suficiente para reforzar el valor y la percepción de la categoría?

Ha sido un paso imprescindible, pero no basta por sí solo. Las grandes denominaciones construyen valor con identidad, diferenciación y coherencia en el tiempo. El Cava necesitaba avanzar en esa dirección y lo ha hecho con determinación. Estoy convencido de que el camino iniciado ayudará a que consumidores y profesionales identifiquen mejor la diversidad y la calidad que conviven dentro de la DO.

Las próximas elecciones llegan en un contexto complejo para el sector. ¿Qué perfil de liderazgo necesita hoy la DO Cava?

Un liderazgo integrador, dialogante y con visión estratégica. La DO Cava es diversa, con sensibilidades distintas y presencia en varios territorios. Gestionar esa pluralidad es una fortaleza, pero también una responsabilidad. La próxima presidencia deberá cuidar la unidad, escuchar a todos los colectivos y mantener el foco en la valorización, la cohesión y el prestigio de la Denominación.

Si tuviera que elegir una sola prioridad para el vino español en los próximos cinco años, ¿cuál sería?

Pasar de vender volumen a construir valor. España ya ha demostrado capacidad para producir grandes vinos y competir fuera. El siguiente paso es que esa excelencia se reconozca y se pague como merece. El futuro no se decidirá por quién vende más botellas, sino por quién genera más valor con ellas. Eso implica prestigiar territorios, comunicar mejor nuestras historias, apostar por la calidad y mejorar la rentabilidad para quienes trabajan la viña y elaboran vino. Si avanzamos en esa dirección, construiremos un sector más sólido, sostenible e ilusionante.

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