Siguen al pie de la letra la filosofía de este negocio familiar con más de una década a sus espaldas: producción totalmente artesana, respetando los métodos más tradicionales, con el máximo cuidado y transparencia, gracias a su afán por las cosas bien hechas, con paciencia y calidad.
En su obrador artesano (y a la vista del público) elaboran tres tipos de rosquillas. Las más famosas, las tontas, sin glaseado alguno, y las listas, cubiertas de un baño de azúcar y limón, con un característico color amarillo. Pero también hacen la versión de las llamadas rosquillas de Santa Clara, que se sirven cubiertas de merengue seco blanco.
Harinas ecológicas y productos de proximidad
Al igual que todas las elaboraciones de La Magdalena de Proust, están hechas a base de harinas ecológicas y productos de proximidad, como los huevos provenientes de granjas de Segovia.
Se pueden adquirir (al precio de 36 euros el kilo) en los tres locales madrileños de La Magdalena de Proust, pero en el local de la Calle Bravo Murillo, además se pueden degustar in situ en su agradable y soleada terraza en pleno Chamberí.
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