Richi Arambarri, fundador y CEO de Vintae, disfruta de un vino en su viñedo.
Fundador y CEO de Vintae (“Vida y viña”), Richi Arambarri (Logroño, 1984) ejerce como uno de los grandes personajes del vino español, un sector que está contribuyendo a remover con la apuesta del singular grupo que dirige por la máxima calidad, la internacionalización y un hedonismo ligado al consumo y a la cultura enológica, muy asociado al alma riojana.
Texto: Luis Ramírez. Fotos: Origen y Vintae
Estudió Administración y Dirección de Empresas en Esade y amplió su formación en Estados Unidos, en la Universidad de Texas y en la de California. Con apenas 24 años, a raíz de un problema de salud de su padre y a pesar de algunas reticencias en el entorno, asumió la dirección general de una empresa todavía incipiente. Hoy, 18 años después, Vintae emplea a más de un centenar de personas, está presente en ochenta países y elabora vino en muy diversas regiones españolas, con una experiencia especialmente exitosa en Toro, con Matsu. En La Rioja, Viñedos El Pacto o la colección Classica de Hacienda López de Haro han recibido también importantes reconocimientos y los espumosos de Pandemonium parecen marcar también una senda de éxito cara al futuro. Pero Navarra o la Ribera del Duero son también escenario de su renovadora presencia. Charlamos con Richi en el espacio The Library, de Madrid, durante una de sus frecuentes visitas a la capital.
¿Cuáles son los sabores de su infancia, sus platos en el recuerdo? Yo viajaba mucho con mi padre e íbamos a los mejores restaurantes, pero mi memoria gustativa está más vinculada a las recetas de mi abuela materna, que hacía unas maravillosas patatas con chorizo a la riojana y también bordaba los caparrones, cuando todo el mundo recorría La Rioja en busca de los mejores. Yo me he criado en Logroño, pero mi familia procede del pueblo de Badarán, cuyo lema es “vino, chorizo y pan”. Son tres productos que forman parte de mi ADN. Cuando mi padre se fue de allí, había nada menos que 500 bodegas, como en tantos pueblos riojanos en donde la viticultura era esencial. Mi bisabuelo y mi abuelo ya habían sido agricultores y cosecheros. A mí me marcó mucho el recuerdo de mi abuelo dando a probar vino y embutido a quien llegaba al barrio de las bodegas de Badarán. Esa parte del agasajo riojano lo he vivido y lo llevo en la sangre. Mi padre salió del pueblo joven, buscando oportunidades y tuvo una carrera empresarial de éxito en Logroño.
“El vino debe cambiar su manera de expresarse para, poco a poco, volver a encontrar su sitio”
¿Y cómo llega su padre al mundo del vino? A finales de los 90 empieza a comprar viñas y elabora nuestra primera cosecha en 2001. Arrancamos con Hacienda López de Haro y la familia siempre ha tenido una parte irreverente que nos lleva a ir más allá de lo convencional. Mi padre tuvo claro que el futuro en La Rioja vendría por los vinos blancos, en un tiempo en que se subvencionaba arrancar esas viñas. Por eso, apostó por la Moscatel de Grano Menudo en Maetierra y por los vinos aromáticos; fue todo un pionero. Yo fui un adolescente guerrero al que llamaban Richi Barracas y, de hecho, mi padre pensó que nunca estudiaría una carrera. Pero me trasladé a Barcelona y me centré mucho más en la Universidad de lo que lo había hecho en el colegio. Después me marcó mucho Estados Unidos, sobre todo Napa Valley, que me fascinó porque chavales jóvenes estaban viviendo un sueño en vida alrededor del vino. Es algo que siempre he querido trasladar a España. Allí tomé la decisión de a qué me quería dedicar y cuando mi padre se desvinculó de la dirección por un problema de salud, me incorporé definitivamente a un proyecto vitivinícola familiar que ya estaba en marcha.
¿Cuál fue entonces la génesis de Vintae? Yo estaba al frente de la bodega, junto a uno de mis hermanos y a Raúl Acha, que ya trabajaba con mi padre. Como veinteañero rebelde que era, me horrorizaba cómo se comunicaba el vino por aquel entonces y también el estilo de los vinos que se hacían. Necesitábamos una bocanada de aire fresco y de ahí surge Vintae. Nos podemos poner todo lo técnicos que queramos y yo puedo ser muy friki, pero para el 99 por 100 de los consumidores, el vino es paisaje, historia, territorio y gastronomía, y veía que eso no se plasmaba en la forma cómo actuábamos. Necesitábamos incorporar una nueva forma de vivir el vino. Creo que Vintae ha añadido el mensaje de que, para hacer grandes vinos, no hay que ponerse tan serios. No olvidemos que Jesucristo transformó el agua en vino en una boda y que España tiene su punto de sal y siempre nos acompaña la música y la socialización. Cuando empezamos, hubo gente que se salió porque no creía en el proyecto, pero pronto comprobamos que se superó esa resistencia inicial y que, los que quedamos, íbamos todos en el mismo barco.
“Cada uno de nuestros proyectos ha sido un sueño cumplido”
¿La Rioja rápidamente se quedó pequeña para el proyecto de Vintae? Hemos tenido la suerte de que cada uno de nuestros proyectos ha sido un sueño cumplido. Incluso alguno que no siguió adelante como el de Chile, donde estuvimos elaborando desde 2015 hasta 2018. Pero me dio la oportunidad de aterrizar en un país que no conocía y recorrerlo entero. Aunque tenemos mucha fuerza en la Ribera del Duero y en Navarra, creo que donde Vintae ha tenido más impacto ha sido en Toro. Era una región con un paisaje lunar, nada que ver con La Rioja, esas viñas viejísimas en vaso, tan separadas unas de otras, un estilo totalmente distinto al que conocíamos. Supimos interpretarlo haciendo vinos más refinados y acordes al mercado. Ahora Matsu es la bodega líder de la Denominación y una bandera de Toro a nivel mundial. Pero cada región a la que hemos llegado ha sido una aventura.
¿Cómo se coordina esa actividad en zonas tan diferentes entre sí? A esta empresa yo la llamo la cuadrilla Vintae, un nombre que a mi padre le horroriza. Pero lo que tratamos es de ser una pequeña familia, un equipo, una organización muy plana y con mucha responsabilidad individual. Raúl Acha tiene mucho peso tanto en el campo como en bodega, pero hay un equipo detrás. En Hacienda López de Haro está Octavio; Miki, en Maetierra, Martín en Matsu…cada uno con responsabilidad y compromiso pleno. En Navarra, en Aroa, tenemos el 100 por 100 de viñedo ecológico propio, lo que implica más trabajo en el campo que en Toro, donde trabajamos con 180 viticultores y es más importante transmitirles bien nuestra filosofía. En Ribera del Duero ya contamos también con 60 hectáreas propias, todas de vendimia manual, con lo que ese representa. En conjunto, Vintae tiene unas 340 hectáreas de viñedo propio, comprando sobre todo mucho terreno en Ribera y La Rioja, pero también nos gusta reivindicar la figura del viticultor. En Toro estamos mejorando mucho sus condiciones para que sea más fácil el relevo generacional. Se puede tener en una zona viña propia o no; no hay razones para que una opción sea siempre mejor que la otra. Las vendimias son complicadas y en algunos casos tenemos que mover gente de unas zonas a otras. Felizmente, no todas coinciden.
“Para el 99 por 100 de los consumidores, el vino es paisaje, historia, territorio y gastronomía”
¿En qué territorio le quedaría entonces por plantar la bandera de Vintae? Bueno, lo más reciente ha sido Formentera. Raul Acha, su mujer y yo estuvimos echando una mano a la familia Moll en el proyecto de Terramoll, con sus 15 hectáreas de viñedo. Ahora estamos como gestores y copropietarios y salen los primeros vinos en los que hemos intentado poner nuestra impronta, aunque la visión es más a largo plazo: buscar la esencia de Formentera y recuperar las variedades autóctonas, en busca siempre de la identidad. Un concepto fascinante. Por lo demás, Vintae vive una fase de autocontención, de profundizar en las distintas regiones en donde estamos y no despistarnos demasiado. Consolidar nuestra filosofía de democratizar el vino y hacerlo más divertido y accesible. Es un mensaje que creo que está calando en todo el sector. Queremos liderar la puesta en valor del vino español, asumimos esa responsabilidad. Hacer grandes vinos para mirar de igual a igual a los principales países productores del mundo.
Personalmente, ¿cómo es el vino que le enamora? ¿Qué le pide a una copa de vino? Soy un apasionado del vino y un comprador casi compulsivo; me encanta probar de todo. Creo que lo más bonito de un vino es la identidad, que me haga viajar a un clima, a un territorio, a un paisaje. Más nosotros, que hacemos vinos en tantos sitios. Hemos pasado una época oscura en la que la elaboración podía llegar a eclipsar la identidad. Hoy estamos recuperando la esencia, la capacidad de conectar con el lugar para que se desarrolle la parte emocional.
¿Nos puede citar alguno de los más singulares vinos del actual portfolio de Vintae? Somos muy camaleónicos en busca de esa identidad, porque nuestro estilo es ecléctico. Citaría el Classica Rosado, dentro de la colección de grandes reservas de Hacienda López de Haro. Un rosado con más de diez años que recupera un estilo histórico en La Rioja. Un vino emocionante. También riojano, citaría los vinos de El Pacto, procedentes de una pequeña parcela con algunos de los suelos más antiguos de la región. Tienen gran capacidad de envejecimiento y muestran el enorme potencial para hacer grandes vinos blancos. Nos encanta también el proyecto de espumosos Pandemonium, una idea de mi padre. Viticultura de montaña, a 900 metros, que genera un perfil distinto, tras una larga crianza en rima. Acabaremos siendo tierra de espumosos. De Toro, El Pícaro ha sido el vino que ha dado a conocer la región en el mundo, pero también citaría El Recio, con más estructura, y El Viejo, el vino icono de Matsu, la esencia de la tierra, con toda su complejidad y su delicadeza, procedente de viñas viejas y producciones irrisorias. De Ribera del Duero, Bardos Viñedos de Altura, un vino accesible para todo el mundo, del Alto Soria, con estructura y con cuerpo. Y de Navarra, nuestro Lacar de Bodegas Aroa, procedente de un viñedo de lo poco que queda histórico en la Comunidad Foral.
“Vintae vive una fase de autocontención, de profundizar en las distintas regiones en donde estamos y no despistarnos demasiado”
Lleva el nombre de Bardos un concurso que premia el emprendimiento femenino en el medio rural… Tenemos la suerte de que el vino va por delante en el mundo agrícola, porque puede viajar y puede perdurar. El vino ennoblece el campo y tenemos la responsabilidad de devolver al menos una parte de lo que nos da. Por eso nos unimos a la Federación de Mujeres Rurales (Fademur) para crear el Proyecto Bardos, un concurso en el que participan más de un centenar de iniciativas de emprendimiento femenino cada año. En 2025 ganó Abejas del Moncayo, liderado por dos mujeres zaragozanas que crían abejas reinas autóctonas para vendérselas a apicultores.
¿Cuánto representa en la actualidad el negocio internacional de Vintae y cómo ha evolucionado? Estamos ligeramente por debajo del 50 por 100, es decir que el volumen nacional es algo superior, en una ratio que se mantiene estable. Pero el negocio español también creció algo menos del 5 por 100 en 2025, un dato estupendo para los tiempos que corren. Estamos presentes en 80 países, entre los cuales Inglaterra es nuestro mercado de referencia. Pero también son importantes Estados Unidos, Canadá, los países nórdicos, Alemania o Europa del Este. Ahora también empezamos a aparecer en mercados menos maduros como Corea del Sur, México o los del Caribe. La India creemos que también tendrá fuerza en el futuro. De todas nuestras bodegas, la más internacionalizada en Matsu, muy por delante de Hacienda López de Haro y Bardos.
Con todos estos movimientos, ¿cómo es el día a día de Richi Arambarri? Cuando empecé me pasaba la vida viajando, muy enfocado en la parte internacional. Me encantan los viajes y la gastronomía y con mi mochila recorría el mundo. Ahora tengo dos hijos, de tres y un año, y todo ha cambiado mucho, igual que Vintae. Mi dedicación no es tan imprescindible y mantengo una vida equilibrada entre compromisos diversos, algunos viajes y mi responsabilidad como embajador de la marca. Pero también me gusta estar en el campo y visitar las bodegas para reflexionar sobre las decisiones estratégicas que hay que ir tomando. En La Rioja intento pasar el mayor tiempo posible, pero pronto tendré que hacer otro viaje a Estados Unidos.
Desde su responsabilidad en Vintae, ¿qué se puede hacer para combatir el déficit de consumo que observamos actualmente en España? Todo son movimientos pendulares y modas. Hemos sufrido un ataque orquestado acusándonos de ser muy perniciosos para la salud, a la altura del tabaco, una información totalmente falsa. Dentro de la Dieta Mediterránea, el vino con moderación es salud. Hasta antes de ayer, era un alimento. De hecho, para nuestros abuelos, su consumo era parte de la aportación calórica que necesitaban. Y forma parte de un estilo de vida que no debemos cambiar. Pero confío en las nuevas generaciones, que son menos fieles a las marcas, pero están muy interesados por conocer y por probar, vinculando todo a una experiencia. Creo que ése es el camino del futuro, con el enoturismo como herramienta fundamental. El vino debe cambiar su manera de expresarse para, poco a poco, volver a encontrar su sitio.
“Queremos liderar la puesta en valor del vino español, asumimos esa responsabilidad”
¿Es optimista entonces respecto al regreso al vino de las nuevas generaciones? Lo soy. Los jóvenes viven tiempos difíciles, atosigados por las redes sociales y la falta de privacidad. Hay un problema de salud mental muy serio y creo que disfrutar del vino como estilo de vida, compartiendo momentos, es una gran alternativa que no pueden abandonar. En Roma ya se iba de bares. Yo soy cauteloso en el corto plazo; es cierto que vienen años difíciles, pero el vino volverá.
Finalmente, ¿qué se tomaría en un día de primavera como hoy en La Rioja? Me imagino en el viñedo centenario de Valdechuecas, donde tenemos una mesa maravillosa, tomando unas chuletillas hechas sobre sarmientos propios y con un blanco Pacto del Alto Najerilla, que tiene una acidez espectacular. Más que cocinar, me encanta asar al aire libre. La Rioja es justamente eso: estar en el campo pero se puede hacer con buen gusto y elegancia, como en el bullicioso Vintae Wine Fest que organizamos todos los años allá por el mes de octubre en San Vicente de la Sonsierra, con música en directo y gastronomía top, con unas vistas maravillosas a la sierra de la Demanda. El próximo tendrá lugar el primer fin de semana de octubre.
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