Después de un complicado embarazo, el diagnóstico de cáncer de un familiar cercano y la adicción al alcohol de un buen amigo, la mediática sumiller se comprometió a pensar en cómo maridar la vida sin alcohol.
Después de quince años de profesión pensando en qué vino iba con cada comida tuvo que inventarse algo para seguir bebiendo y comiendo con el mayor placer posible. Unos años de abstinencia en los que ha descubierto que “no solo el vino podía hacer de una cena el broche perfecto para una experiencia sensorial y gastronómica.”
Una exhaustiva guía sobre las bebidas que arrasan en el mundo cero, para beberse la vida a tragos… sin una gota de alcohol.
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