Vino

El modelo Oriol Elcacho y el bodeguero Josep Borràs presentan la añada 2015 de Traca i Mocador

Después de un paso de 6 meses por barricas de roble francés, este nuevo Traca i Mocador presenta una frutalidad y un vigor digno de los mejores caldos del Montsant, fruto de una añada fantástica, tras un verano caluroso y una inusualmente baja pluviometría.

La nueva añada de Traca i Mocador se presenta en una botella vestida por una etiqueta creada por el ilustrador neoyorquino Brad Fisher, con un estilo muy desenfadado que refleja la filosofía de Josep y Oriol en relación a su vino, del que dicen: «Es un vino fácil de beber, cargado de humor y sencillez, pero también de elegancia y matices. Un vino joven, que no novel, y que resume lo esencial de la madurez, riqueza y complejidad de una tierra y un clima soñados para elaborar grandes vinos«.

Notas de cata

De color rojo intenso y puro, en nariz encontramos fruta exuberante y dulzura de garnacha y de alcohol bien integrado. En boca es fácil, aunque dulce y afrutado pero profundo y presente con toda su expresión. Tiene notas especiadas, de fruta madura y confitura fina. Es un vino sorprendentemente agradable y fácil de beber en el mejor de los sentidos. En esta ocasión, se han utilizado cuatro variedades de uva para la elaboración de la nueva añada, Garnacha, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah.

¿Qué tienen en común el mundo del vino y el mundo de la moda? Josep y Oriol no lo sabían responder cuando el verano de 2013 se reunieron en el Mas de les Vinyes, en el término de Cabacés (Tarragona). Reencontrar una amistad perdida por caminos profesionales bien dispares no es empresa fácil. Josep Borràs trabaja el vino desde que su padre decidió reactivar una tierra con un pasado vitivinícola de más 70 años. Oriol Elcacho, se convirtió en uno de los modelos más reconocidos a nivel internacional, siendo imagen de firmas de prestigio como Emidio Tucci, Ralph Lauren o Massimo Dutti. Pero volvamos a ese día en el Mas. Aquellos dos amigos que por razones laborales no se veían demasiado a menudo, empezaron a reunirse periódicamente y de alguna manera se redescubrieron, siempre con un hilo conductor entre risa y risa, el vino. Oriol se enamoró de aquella finca de la que tanto había oído hablar, pero nunca había pisado. Aquella calurosa tarde dos mundos aparentemente antagónicos se unieron para no separarse nunca más. De repente, una pregunta complicada tenía una respuesta muy fácil: el puente de unión entre el vino y la moda tenía nombre y apellido: Traca y Mocador.

Redacción

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