Reportajes

Alcañón: Premio a la resistencia

Es una variedad blanca, muy minoritaria y en peligro de extinción, cultivada en escasos puntos de la comarca del Somontano (Huesca). De carácter rústico y cepas de porte erguido y gran exuberancia foliar, con hojas pentalobuladas, de color verde marcado y envés algodonoso, no es especialmente sensible a enfermedades. De ciclo largo, presenta racimos de tamaño grande y alargados, con bayas redondeadas de color amarillo y de piel gruesa. Produce vinos ligeros, frescos y con marcado aroma. Algunas de sus sinonimias son Alfonsarro o Pansera.

Texto: Óscar Checa Algarra. Fotos: Bodegas Alodia, DO Somontano y OCA

Seis o siete parcelas y cinco hectáreas en todo Somontano oscense. Esos son los números representativos de la Alcañón, una variedad de uva que ha estado a punto de desaparecer pero que ha logrado superar todos los contratiempos hasta llegar a nuestros días. Sin duda, fue la variedad local más olvidada en el desarrollo vitivinícola que experimentó el Somontano en las últimas décadas y que supuso una revolución en la comarca. Otras uvas locales y minoritarias, como la Parraleta y la Moristel, aún siendo igualmente escasas, parece que tuvieron algo más de suerte, pero el caso es que, ahí está también la Alcañón, de nuevo en los campos de Huesca. De esas cinco hectáreas a las que hacíamos referencia, cuatro pertenecen a una sola bodega, Alodia, que fue la que hace veinte años decidió apostar por ella. Las tres parcelas que tiene plantadas son s monovarietales, pero el resto está distribuido en antiguas pequeñas fincas multivarietales, en viñedos viejos que, como en otros lugares, se plantaban con diferentes cepas. “No solamente eso – comenta Óscar Torres, director técnico de la Denominación de Origen Somontano-, sino que eran, además, parcelas multiclonales”.

La Alcañón, pues, formaba parte de ese abanico multivarietal de las viñas de Somontano. “No solía faltar -dice Óscar Torres- porque complementaba muy bien a las otras blancas como la Garnacha blanca

o la Macabeo (sus ‘compañeras de viaje’), que son de piel fina, y al resto de las tintas. Al recogerse todo junto y elaborar junto, la acidez de la Alcañón servía también para darle longevidad al vino”. Pero, además, esta variedad aguantaba mucho. Su ciclo largo y su piel dura hacía que pudiera estar en la cepa hasta casi después de Navidad. Y esto venía de maravilla desde el punto de vista de la despensa, donde no solía haber fruta fresca más allá del mes de octubre. De hecho, la Alcañón, con sus racimos grandes y el gran tamaño de sus bayas, se consideró siempre más una uva de mesa que de vinificación. Cuenta Beatriz Martínez, de Bodegas Alodia, que los viticultores mayores, los más ancianos, no dan crédito al ver un vino elaborado solo con esta variedad. “¡Hasta ponen en duda que sea un Alcañón monovarietal! Aquí siempre se decía que se cogía para Santos y verde. Hace ochenta años no se miraban grados alcohólicos, claro, se cogían las blancas con las tintas; y a las blancas siempre les faltaba maduración porque se recolectaban antes de tiempo. Les permitía bajar el grado alto que pudieran tener las tintas, pero a ningún agricultor se lo ocurría hacer un vino monovarietal con ella porque es una variedad en la que cuesta que suba la concentración de azúcares, cuesta que llegue a los once grados y medio o doce”.

El caso es que las cepas de Alcañón se fueron manteniendo en las huertas y en los majuelos, asociadas siempre a los almendros y a los olivos. Los suelos más pobres, los que están cerca de los ríos que atraviesan la comarca y presentan una tierra más ligera y con grava, son los que se elegían para plantarla, para frenar de manera natural la vigorosidad de la variedad. Y, así, cuando desde Bodegas Alodia o desde el Gobierno de Aragón, se iniciaron proyectos de recuperación de variedades, se pudo contar también con ella.

¡Larga vida a la Alcañón!

La referencia más antigua que se tiene de la Alcañón se encuentra en una publicación de variedades fechada en 1791, que forma parte de la colección de El Encín, el Centro de Investigación Agraria del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) ubicado de Alcalá de Henares donde, además, se conserva y gestiona el Banco de Germoplasma de la Vid, todo un referente nacional e internacional, con más de 3.670 accesiones de vid. “También la menciona el agrónomo y estudioso de la viña García de los Salmones, a comienzos del siglo XX”, señala Óscar Torres. Es probable que en otros tiempos estuviera representada en otras zonas pero actualmente el único lugar donde está constatado su cultivo es en Aragón; para ser más precisos, en la comarca del Somontano, en Huesca, como decíamos antes. “La evolución social de la agricultura y de la vitivinicultura en particular ha sido la que ha sido – comenta Torres-. Está claro que, por un lado, hemos ido a mejor, conociendo mejor las variedades, elaborando mejores vinos… pero, por otro, hemos perdido cosas en el camino. Algunas de esas cosas son las que nos hacen diferentes o más auténticos, pero cada momento de la historia tiene unas necesidades y unas circunstancias especiales que no hay que juzgar ni interpretar con los ojos o los aspectos actuales porque nos lleva a una visión errada”. Lo importante es que hoy existe un interés por salvaguardar lo que es propio o ha existido en el pasado en cada territorio, y eso permite, con los nuevos avances y conocimientos, llegar a elaborar productos como, en este caso, un monovarietal de Alcañón.

¿El futuro, entonces? “Lo importante es que hemos logrado mantenerla y recuperar, así, parte de la historia del Somontano. Eso es lo principal”, dice Óscar Torres. “El futuro lo determinará el sector, pero nosotros sí creemos que hay y habrá un público para esta variedad”.

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SERGIO LABATA Y BEATRIZ MARTÍNEZ

Enólogo / Sumiller

Bodegas Alodia (Huesca)

¿Por qué decidistéis apostar por esta variedad? Desde un principio tuvimos claro que la recuperación de variedades autóctonas iba a ser la identidad de la bodega. Consideramos que es un compromiso tanto con la sostenibilidad como con la historia del Somontano como tierra de vino.

¿Cómo fue el proceso? ¿Qué dificultades encontrásteis? Viajamos por la zona, visitando a viticultores de los pueblos buscando los que tenían la variedad. De lo que encontramos, seleccionamos unos injertos, unos individuos que nos parecían más sanos o más adecuados y, así, creamos nuestra propia colección de Alcañón. Los viveros tenían miedo para hacer los portainjertos porque no conocían la variedad. Al final los hicimos en Italia. Y luego, a la hora de realizar la plantación, Sergio estaba trabajando en Australia y ¡fue dirigiendo desde allí la manera en que había que hacerla! ¡Fue toda una historia!

Parece ser que en vuestra plantación habéis encontrado bayas blancas y rosadas… ¡Sí! Es algo que está en estudio… Efectivamente hay algunas fincas en las que de manera aleatoria algunas plantas dan bayas rosas. No aportan luego mucha carga cromática, pero vamos, desde el Gobierno de Aragón se está estudiando… para identificar si es exactamente la misma variedad, si puede ser que sea el clon antiguo, si es una mutación, una evolución… Con el Alcañón todo son sorpresas porque no ha habido nunca un estudio ni hay referencias de la variedad.

¿Es difícil de trabajar? ¿Cómo se comporta en campo? En los 20 años que llevamos con ella hemos ido aprendiendo. De los primeros seis individuos del comienzo hemos pasado a tres plantaciones, realizadas con años de diferencia. En cada una de ellas hemos ido haciendo selecciones, eligiendo las plantas que nos han permitido mejoras en el trabajo del campo: productividad equilibrada, mayor calidad de la baya… Es una variedad muy productiva y en las primeras añadas tuvimos que equilibrar la planta y despreciar muchos racimos, buscando concentración y calidad.

¿Vuestra idea siempre fue elaborar un monovarietal? Sí. Era un reto. Los primeros años fue, además, un quebradero de cabeza, porque, claro, es un vino con muy poca acidez, con poco grado alcohólico… y era todo un reto con estas condiciones. Además, poca intervención de madera para conseguir la máxima expresión de la variedad y que sea un vino lo más representativo del territorio; un vino en el que esté reflejado el paisaje, las montañas, las plantas aromáticas… que se reconozca el carácter Somontano por encima de otros factores.

Y, ¿cómo es vuestro Alodia Alcañón? Es un vino muy elegante. No es muy complejo ni es apto para crianzas pero en la última añada, la que está ahora en el mercado, pasamos un 20% por barrica para aumentar la expresividad y la complejidad. Tiene mucha fruta en nariz (fruta blanca predominantemente, sobre todo manzana y plátano); baja acidez, lo que hace que en boca sea fresco y elegante, comuna entrada muy sutil y fácil de beber. Llama mucho la atención desde el primer momento, también por el color verdoso que tiene, que destaca en la copa.

¿Cómo ha sido la acogida en el mercado? Es un vino que se agota. Hacemos entre 1500 y 2000 botellas al año y a lo largo de los años se ha posicionado en el mercado. En un principio llama la atención por la variedad, pero al final crea fidelidad. El mercado lo busca. En Huesca, con su gran nivel gastronómico (somos la provincia con más estrellas Michelín por habitante), los restaurantes cada vez dan más importancia al kilómetro cero y, por lo tanto, a los vinos del territorio. Y el Alcañón es muy apreciado porque es un complemento perfecto para las recetas del Somontano.

¿Es un vino para copa o también ‘gastronómico? Es un vino perfecto para copa, pero también gastronómico: para recetas de carnes blancas ligeras, pescados no muy elaborados, verduras, postres, tartas… No es un vino para grandes plantos complejos, pero sí para la entrada de cualquier menú.

 

Óscar Checa

Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad Complutense de Madrid, ha desarrollado su carrera siempre en el sector del periodismo turístico. Ha trabajado en agencias de comunicación especializadas además de haber creado la suya propia y haber trabajado como responsable de prensa en la Oficina Española de Turismo en París. También es Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional (UCM) y autor de varios manuales para los cursos de la Cátedra Ferran Adrià de Cultura Gastronómica y Ciencias de la Alimentación de la Universidad Camilo José Cela. Es coautor y editor de guías de viajes de la colección Cartoville y GeoGuide de la editorial francesa Gallimard. Actualmente colabora con diferentes medios especializados en viajes y gastronomía y Presenta el programa 'Escapadas' de Radio 5-RNE. Es el responsable de comunicación de Rutas del Vino de España-ACEVIN.

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Óscar Checa
Etiquetas: HuescaSomontanouvas

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