Vino de la D.O. Arlanza, mezcla de Tempranillo, Garnacha y Alarige.
Hay partidas que empiezan con vino joven y terminan hablando de filosofía. Otras, en cambio, arrancan con una sota de copas bien plantada sobre la mesa, mirándonos con media sonrisa, como quien ya sabe el final de la historia. Hoy jugamos con tres vinos que se miran. Arlanza, todavía en voz baja, y Ribera del Duero, pero extremo. Tres interpretaciones del tiempo, del suelo y —sobre todo— de la paciencia. Como El Gatopardo: “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Barajamos, cortamos y repartimos. En la imagen, Palenzuela Quintero 2020.
Por Javier Fernández Piera
Palenzuela Quintero 2020
(Vinos Sinceros) D.O. Arlanza
33% Tempranillo, 33% Garnacha y 33% Alarige
Cuando Luis presenta este vino baja la voz. Y de pronto el paisaje se abre como en una película del Oeste: colinas suaves, horizonte largo, viento seco que parece ser el que curte a los otros vientos. Esparcidas pero no descontroladas, son super viñas de 125 años, en vaso, donde el tiempo no se mide en vendimias sino en lo que cuesta cada vez que hay que ir a verlas, podarlas y cuidarlas. Pequeñas parcelas dispersas, casi invisibles, como esos asentamientos donde cada familia defendía su puñado de tierra. Suelos aluviales, canto rodado sobre arcilla y caliza, que son básicos para mantener frescura. Y de pequeñas parcelas, microvinificaciones, casi de frontera: pocas uvas, mucho pulso, decisiones que no admiten ruido. Fermentaciones espontáneas, pisados manuales… mimo, detalle, atención y silencios. Es un vino de precisión manual, artesanía hasta en la manera de llegar al viñedo. La fruta aparece fresca, pero con un punto especiado y balsámico que le da profundidad. En el paladar fluye, sin peso, con textura que acaricia. Y es largo, aromático, imparable. La viña de sus ojos se ha hecho mayor… y ya no negocia con nadie.
Los Perejiles 2022
(Bodegas Marta Maté) D.O. Ribera del Duero
95% Tempranillo, 5% Albillo mayor
Se han juntado los mejores. Marta, César, Manuel, Alfonso y una Ribera que no es la habitual. Una parcela en Tubilla del Lago, 915 metros de altitud y caliza aflorando y pidiendo a gritos dar un poco más entre tanta biodiversidad. Aquí la uva Tempranillo liga con un toque de Albillo mayor, como un guiño bien medido. Se mezcla una mentalidad respetuosa, ecológica, pensada, y un paisaje que obliga a una manera de trabajar que mira más al suelo. Fermentación en barricas abiertas, levaduras propias, remontados suaves… y vamos viendo. La crianza igual: unos dieciocho meses en roble francés nuevo, con la condición de no perder el pulso de la fruta. Trainspotting: energía, vértigo, pero con filosofía. Aromas de fruta roja, violetas, especias dulces… todo muy limpio, muy directo. Y el paladar es un acelerón envolvente: fluido, fresco, con esa chispa que revoluciona. La madera es acompañante, no domina. Y el conjunto rueda sin vibraciones, todo está perfectamente colocado. Es fácil acordarse, porque es terruño en la copa, y eso lo hace memorable. Un lujo para la Ribera del Duero.
Buezo 2009
(Bodegas Buezo), D.O. Arlanza
Tempranillo, Merlot y Cabernet Sauvignon
Mucho trillado por Abel Buezo, y litros de experiencia de Fernando López. Y estilo, mucho estilo. Hay vinos que llegan pronto y otros que llegan cuando quieren: este Buezo 2009 es de los segundos, y se nota desde que asoma la copa. Viñedo en Mahamud, a 900 metros, suelo calizo con arena y ese clima continental que no regala nada. Aquí tampoco hay atajos: selección manual, gravedad, tiempo… mucho tiempo. Sin prisa: año y meses de barrica —sobre todo francesa— y más de una década afinándose en botella, como algunos grandes vinos del mundo. O esos galanes que no sólo mejoran con los años, sino que llega un momento en que no hace falta demostrar nada. En este vino importa el coupage —Tempranillo, Merlot, Cabernet— y cómo las tres juegan en equipo, sin estridencias. Los aromas, largos ya, dan mucha fruta negra ya cocida, especias de monte bajo, y un recuerdo de cocina antigua. Luego aparecen esas notas de evolución noble, que no son vejez, sino memoria, y todavía intensidad y fuerza. En la boca es amplio, elegante, serio, con la acidez sosteniendo el conjunto como una buena columna vertebral. Hay ciruela, hay tabaco, hay un eco de carne guisada y hay complejidad. Y el final… largo, claro. Como la sobremesa que pide.
Origen Arlanza y oriente de Ribera del Duero: Aquí las viñas resisten. Se reparte en pequeñas parcelas que obligan grandes decisiones. No hay épica fácil: hay oficio y una forma de mirar más temprano. Y así, con la partida ya avanzada brindamos por quienes trabajan donde no hay atajos, por los que afinan sin hacer ruido, por los que han aprendido que la precisión también puede ser salvaje. Como siempre: moderación y buena compañía. En la mesa, mejor; y si hay conversación, que sea larga. Solo una advertencia: son viñas pequeñas… y la sota, otra vez, ya sabía a lo que venía.
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