Reportajes

Rosados castellanos, ni tintos ni blancos

Icono tradicional y con merecida cátedra en la picaresca clásica española, la sota es provocadora: Siempre con una copa en la mano. ¿Vacía o llena? Imposible saber, pues es parte del juego. Esta figura, que es un 10 –en todos los sentidos- seguirá sonriendo con la ambigüedad de la Monalisa mientras nosotros miramos estos vinos rosados que, en un mundo en constante evolución, han emergido como verdaderas estrellas, rompiendo estereotipos y conquistando a nuevos amantes del vino y el juego. Su versatilidad y frescura los convierten en la elección perfecta para acompañar una amplia variedad de momentos y partidas. Variedades y vinos que marcan tendencia. He aquí tres dignos ejemplos castellanos.

Por Javier Fernández Piera

Le Bijou Rosé 2022

Bodegas Balbás, D.O. Ribera del Duero

100% Tempranillo

Seductora joya elegante. Pureza del tempranillo más incipiente en estado líquido. Hasta la botella es deseable, atrae, inspira, seduce. En unas parcelas privilegiadas de Ribera del Duero, encontramos un rosado de Bodegas Balbás que rinde homenaje a la uva Tempranillo en su máxima expresión. En la altísima finca El Rosedal -en el nombre se adivinaba la jugada- la uva madura con algo más de calma, desarrollando compuestos y aromas que van a aprovecharse en la maceración pelicular. Todo muy cuidado, desde la vendimia manual, el control del tintado para extraer color y sabores deseados, y la fermentación en roble francés, para no olvidarnos que es una joya. El resultado es un vino de color rosa pálido, con aromas delicados de pétalos, flores, frutos rojos ligeros, incluso cítricos refrescantes, y algunos vegetales. En cuanto al sabor, sorprende un sabor refinado: tiene acidez, tiene crianza y tiene equilibrio y persistencia. Mucha complejidad para un varietal, y esto es una muestra del saber hacer de sus responsables. Es como un poema lírico que fluye suavemente, dejando una estela de deleite en cada rincón del paladar.

El Paisano de Tares 2022

Dominio de Tares, D.O. Bierzo

Mencía, Garnacha Tintorera, Palomino Fino, Doña Blanca y Godello

Ballet de variedades y armonía. En la tierra mágica del Bierzo, encontramos un vino único que desafía las convenciones y despliega una paleta de sabores inigualables. Aquí, la Mencía y la Garnacha Tintorera se unen con las blancas Godello, Doña Blanca y Palomino para crear una sinfonía, que no es blanca ni tinta, sino todo lo contrario. Y de parcelas de hasta 65 años. Por eso es un tesoro más que nos descubre esta región que tantas alegrías está dando al mundo del vino. De nuevo, Dominio de Tares muestra su dominio de verdad en las elaboraciones únicas. Este vino encarna la diversidad, con cada variedad aportando su propia personalidad. Como si los tintos y los blancos se dieran la mano para deleitarnos con una experiencia única, un baile que empieza en el viñedo, sigue en bodega y termina en la botella para ser descorchada en el festival que es el brindis en la copa. Su creador, Rafa Somonte, habla de este vino como una forma de ver la vida. Es tinto, pero ligero, con aromas de violeta, frutos del bosque e hinojo. Es sabroso, largo, refrescante y complejo. Con ritmo serio.

Lía 2022

Pradorey

D.O. Ribera del Duero

Tempranillo y Albillo

Lío y amorío entre Albillo y Tempranillo. De esas parejas que todo el mundo felicita porque de verdad pegan, lucen, desbordan, atraen, molan… En el corazón de esta tierra vinícola, nace un rosado que combina la frescura de una con la nobleza de la otra. Esta fusión cautivadora da como resultado un vino muy de moda, blush rosé, piel de cebolla pero a la última moda, brillante. Viñedos de altura y ecológicos, maceración corta y fermentación en depósitos de acero inoxidable hacen que todas las bondades de la uva se reflejen en el vino. Lía tiene aromas de intensidad media, donde destacan las frutas de hueso además de las características de la Tempranillo, más rojas; también hay aromas florales. En la boca, una acidez casi chispeante, viva, sabrosa y equilibrada con la tensión tánica. Más afrutado que en la nariz, su sabor es largo, intenso y rico. Sus sabores se entrelazan como en un cortejo nupcial, creando una danza en el paladar que invita ver la vida en este color de rosa. Pradorey invita con este vino a disfrutar del presente, dejando que la alegría embriague los sentidos, y a compartirlo en redes sociales, porque es un momentazo.

 

Estos rosados con carácter son un auténtico viaje por la diversidad de Castilla y León. La influencia del río Duero, y la magia de los rosados hacen estas joyas, a menudo subestimadas, que merecen ser reconocidas por su elegancia, su sabor y su capacidad de fascinar. Cada uno con su propio encanto y personalidad.  Como siempre: Moderación y buena compañía. En la mesa mejor, y si aguantan en la mesa de juego ¡mejor aún! Sólo una advertencia, hay muy pocas botellas de cada uno, y la sota ya ha llenado su copa…

Redacción

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