Disfruta del vermut Quinado Primo, un elixir de Lanzarote.
La sota vuelve a sentarse a la mesa con la copa ladeada, como quien ya sabe el final de la partida pero disfruta viendo cómo se juega. En la tradición picaresca siempre fue así: sonrisa ladeada, gesto ambiguo, el diez perfecto que nunca revela si gana por oficio o por descaro. En Lanzarote, además, la duda se vuelve volcánica. ¿La copa está medio llena o medio vacía? Da igual. Aquí lo importante es que resista el viento. En la imagen, el Vermut Quinado.
Por Javier Fernández Piera
Vermut Quinado (Primo)
D.O. Lanzarote
100% Listán Negro
¿”Enyesque de godo”? Cuando la partida parece encarrilada, aparece el vermut y nos pide que no tengamos prisa. Quinado Primo entra en juego como los viejos elixires, con memoria de botica, de ritual doméstico y de pausa isleña. Aquí el Listán Negro cambia de traje sin perder el acento. Se deja macerar, impregnar, dialogar con cortezas, raíces y especias que buscan un acorde común. Nada dulzón: el amargor aparece con calma, sostiene el conjunto y nos recuerda que esto es una tradición reinterpretada. En la boca hay notas especiadas, recuerdos leñosos, un fondo cálido que no abrasa y una persistencia fantástica. Es digestivo, sí, y también meditativo. Aromas de piel de naranja, que dan acidez para el equilibrio y para refrescar levemente. Davide Musci, del Piemonte, con sus amigos, lo ha conseguido: ¿el primer vermut de Canarias? En el ránking, seguro. Y en el uso de la quinoa como argumento, también. Puede ser el inicio o final elegante o como comodín inesperado en la coctelería bien pensada. Pero sobre todo funciona como final de partida: cuando ya no hace falta demostrar nada y solo queda disfrutar de la buena mesa. Un vermut de postre y cierre.
Luz de Obsidiana 2022 (Bodega Erupción)
D.O. Lanzarote
100% Listán Negro
Repartimos cartas sobre tapete negro, brillante, casi cortante. Hay vinos que reflejan y Luz de Obsidiana hace lo propio, como la piedra volcánica pulida. Viene de Tao, con los alisios peinando el viñedo. Cepas centenarias, en vaso a pie franco. Racimos enteros en maceración y mínima intervención. Once meses de crianza sobre lías y un embotellado paciente, manual, como ladrón de guante blanco. En la copa aparece rojo picota, pálido, limpio. En la nariz: fruta roja madura, especias, un hilo vegetal y un fondo balsámico que refresca el conjunto. En la boca es seco, con tanino punzante y una frescura que sostiene el trago. Amor López y su manera de entender el oficio como un acto de identidad. Raíces: La obsidiana, decían los antiguos, servía para cortar y para reflejar. Este vino hace ambas cosas: corta lo superfluo y te devuelve una imagen nítida del lugar. Es gastronómico sin hacerse el interesante. Abre conversación. Pide comida. Pide compañía. Por los tintos atlánticos. Por Lanzarote cuando decide mirarse en negro.
La Huella de Luis (Bodegas Olivina)
D.O. Lanzarote
100% Diego
Barajamos. La mesa aún está fría y el viento entra por la ventana como si también quisiera jugar. Lanzarote no espera: el paisaje manda. Nosotros servimos La Huella de Luis y entendemos rápido que este ancestral es una conversación baja entre volcán y paciencia. La botella viene del norte de la isla, de viñedos prefiloxéricos, donde la lluvia es un rumor (120–150 mm al año) y el Atlántico afina los contrastes. Diego —esa variedad discreta y orgullosa— se trabaja aquí para el método ancestral, fermentación que termina en botella con sus propias levaduras, apenas 450 botellas. Nada de artificios. Aromas de fruta blanca fresca, manzana verde, herbáceos y cítricos; y sabores con fondo mineral y salino del malpaís. Es vibrante, con acidez precisa y burbuja fina. Persistente, muy especial. Pensamos inevitablemente en César Manrique y en su manera de dialogar con la isla: no imponerse, convivir. La Huella de Luis hace lo mismo. El suelo franco arcillo-arenoso, el clima atlántico, la viticultura tradicional… todo suma. Según la bodega, el vino busca honestidad antes que espectáculo, y se nota.
Origen Lanzarote: Aquí la uva nace del acuerdo silencioso entre el paisaje y quienes deciden quedarse a jugar la partida hasta el final. Cada botella es una forma de habitar la isla, de aceptar sus reglas y convertirlas en virtud. Y así, con la partida ya avanzada y el viento rondando la mesa, nosotros… brindamos por esas manos que saben esperar, por las que entienden que el suelo también se defiende. Como siempre: moderación y buena compañía. En la mesa, mejor; y si resisten el viento de la mesa de juego, mejor aún. Solo una advertencia: hay muy pocas botellas… y la sota, esta vez, ya ha llenado su copa.
Restaurante Gamberro (Bolonia, 26. Zaragoza) tiene un menú de alta cocina muy interesante, con 17…
Inspirado en los aperitivos junto a la playa más famosa de Barcelona y con la…
La nueva propuesta mantiene la esencia del programa líquido, construido a partir de las innovaciones…
Impulsada por la familia Irizar, la jornada tendrá lugar el 28 de mayo en el…
Tres propuestas enfocadas a dar rienda suelta a la imaginación, el deleite, la creatividad y…
¿Cómo logra un producto con milenios de tradición convertirse en el ingrediente estrella de Youtube…