Reportajes

Utiel-Requena: El atractivo del interior valenciano

El sol ha comenzado a calentar y embadurna al mozo, a la mula, al carro repleto de uva y al gos, un ratonero que sigue al joven amo a cualquier lado. El muchacho se protege con una gorra de tela pero la luz le hace llevar los ojos medio entornados. Un delicioso e intenso aroma a mosto se ha instalado en cada recodo de las calles del pueblo. Durará semanas, hasta que se pare el trajín de los carros desde las viñas a las bodegas y las pisadas y prensados de la uva… En la imagen, la bodega histórica de Murviedro.

Texto: Óscar Checa Algarra. Fotos: OCA/ Ruta Vino Utiel-Requena / Bodegas

Contemplando la escultura de acero cortén pintada como una fotografía a tamaño real instalada en la calle Real de Utiel, la mente vuela hacia tiempos no muy lejanos en los que se daban escenas como la recién descrita. Escenas que se producían en época de vendimia, claro, no ahora en pleno invierno que es cuando estamos visitando Utiel. La escultura dice mucho más, para quien sepa leerla y conozca la historia de esta ciudad: no solo es un homenaje a la tradición vitivinícola de la zona, sino a los oficios vinculados con esta actividad: los apeadores, que fabricaban los carros; los guarnicioneros, que elaboraban los atalajes de las caballerías; los herreros; los esparteros; los olleros y los tinajeros… Todos ellos tenían talleres aquí y en muchas de las localidades cercanas.

El rastro de los últimos podemos seguirlo muy cerca, pues en el mismo edificio cuya pared sirve de asiento a esta escultura-fotografía, está el Centro de Interpretación de la Alfarería de Utiel y una de las muchas bodegas-cuevas históricas de la localidad. Lebrillos, cántaros, pucheros, tejas, baldosas, adobes, ollas, barreños… En este Centro de Interpretación podemos ver todo eso y seguir la historia de los alfares utielanos y los propios objetos entre los que tienen un claro protagonismo, claro, las tinajas. Las tinajas, destinadas a la conservación del vino, marcaron la etapa de mayor esplendor de la alfarería local, durante los siglos XVIII y XIX. Aquí nos explican, además, las diferencias entre las elaboradas en Utiel y las de Villarrobledo, que también encontraremos en nuestro viaje y que se traían desde esa localidad albaceteña, que fue el centro de mayor producción de estos recipientes en nuestro país.

En la bodega-cueva del Ayuntamiento, en el mismo edificio, podemos ver alguna de ellas, aunque este entorno sufrió daños durante la dana de 2024 y no está abierto al público. Pero Utiel tiene muchos más ejemplos de estas bodegas-cueva recuperados y musealizados. A pocos metros de aquí, por ejemplo, está el conjunto de las cuevas de Puerta Nueva, un total de seis antiguas bodegas restauradas y de titularidad municipal, que forman parte del recorrido turístico por el casco antiguo. Entre pasadizos, cámaras y bóvedas subterráneas vemos las viejas tinajas (entre ellas, cuatro de las más antiguas de Utiel, fechadas en 1755), las canalizaciones que permitían llenarlas por gravedad y otros detalles constructivos igual de llamativos. Fotografías, paneles explicativos y hasta una reproducción del plano de la villa de Utiel de 1799, completan el recorrido por este espacio que nos transporta a tiempos pasados.

Una ciudad escondida bajo tierra

El universo tinajero continúa en Requena, la otra localidad que da nombre a la Ruta del Vino Utiel-Requena, cuyo territorio estamos recorriendo en este lluvioso invierno. El suelo donde se asienta esta otra ciudad está formado por toba calcárea, una roca resistente pero fácil de modelar. Eso permitió excavar decenas de cuevas a lo largo de la historia, que sirvieron para distintos fines, entre ellos, claro, también para elaborar y almacenar vino en forma de bodegas subterráneas. La mejor representación de todo ello la podemos ver en la Plaza de la Villa o, mejor dicho, justo debajo, que es por donde se extiende el inmenso entramado de cuevas que tienen su origen en la época musulmana, entre los siglos IX y XIII. Recuperadas como elemento patrimonial y atractivo turístico, estas cuevas se pueden visitar. Conoceremos su historia y veremos que fueron utilizadas como silos, como almacenes, como osario y como bodegas. Ahí continúan, de hecho, las enormes tinajas y otros elementos como jaraíces, trullos para el pisado de la uva o piqueras.

También en la plaza está la bodega histórica de Murviedro. La casa museo donde está ubicada es otro espacio alucinante donde la modernidad minimalista de líneas puras se mezcla con el pasado, permitiendo, además, empezar a conocer el otro aspecto clave en la historia de Requena: el mundo de la producción sedera. La seda está unida a Requena igual que el vino. Siempre se cultivó la vid por estos lares (de hecho, en Requena está el área de producción de vino a gran escala más antigua de Europa Occidental, el yacimiento íbero de las Pilillas, del siglo VI a.C.) pero la seda fue el producto que destacó desde la Edad Media hasta el siglo XIX.

La industria sedera quebró justo en el momento en que llegó el ferrocarril a la ciudad, coincidiendo con la crisis de la filoxera en Francia. Fue entonces cuando se volvió la cara a la viticultura y comenzó la expansión de vinícola de la zona. La unión de esos dos mundos, Murviedro la plasma en un vino, La Casa de la Seda, elaborado con uvas de cepas centenarias (de Bobal, claro, la variedad autóctona) de un viñedo que rescataron cuando estaba a punto de ser arrancado. Este y otros de sus vinos se pueden probar en el winebar que también alberga esta casa.

Arte y música

Sala acristalada de la bodega Chozas Carrascal

La arquitectura, el arte y el vino siempre van unidos, consciente o inconscientemente. En Chozas Carrascal lo hacen de la forma más intencionada posible. Un espacio cúbico de paredes de cristal sirve de recepción para las visitas de esta bodega familiar ubicada en San Antonio, una de las pedanías de Requena. Aquí, una enorme colección de etiquetas de vino (una de las más grandes del mundo, con más de dos millones de ejemplares) junto a diferentes obras de artistas valencianos nos introduce en el universo sensitivo y voluptuoso del vino, del placer sensorial que, al fin y al cabo, es lo que es el vino, ¿verdad? El recorrido continúa por un mirador a los viñedos (ecológicos), las naves de elaboración (que también guardan cava, pues este es uno de los territorios que pertenecen a la DO Cava), el jardín de variedades y la casa de la finca, utilizada aún por la familia pero con espacios adaptados al enoturismo tan llamativos como el antiguo lagar del siglo XIX, donde hace poco descubrieron viejos depósitos de cemento de los que se desconocía la existencia y que ahora guardan las botellas de añadas pasadas.

Arte contemporáneo en Chozas Carrascal

Si en Chozas Carrascal el arte sirve de guía, en HispanoSuizas es la música. Los tres socios fundadores de esta bodega ubicada en El Pontón son grandes melómanos (Rafa Navarro y Pablo Ossorio, además, son músicos: uno toca el piano y el otro el clarinete) y decidieron que sus vinos tendrían el denominador común de llevar nombres relacionados con términos usados en la música clásica. Así están, por ejemplo, los Impromptu (una pieza corta de piano), los Bassus (con referencia al bajo, los que llevan la fuerza), los Tantum Ergo (del Tantum Ergo Sacramentum, una pieza de celebración que, aquí, identifica a los cavas) o el Bobos… que es la excepción y no tiene nada que ver con lo musical pero sí con el epicureísmo, como cualquier tipo de arte. Es un monovarietal de Bobal resultado del ensamblaje de cinco vinos elaborados con uvas recogidas en diferentes momentos de maduración. El caso es que cada uno puede componer aquí su propia melodía y acompasarla con un recorrido por el viñedo que rodea a la bodega, un paseo bajo los pinos o, incluso, con la estancia en la propia bodega, que cuenta con un pequeño y elegante hotel de cinco habitaciones en la casa de 1905 ahora rehabilitada y remozada.

Tantum Ergo, cava de Bodegas HispanoSuizas

La arquitectura tradicional de paredes de arcilla encaladas que encontramos en estas fincas con solera pero con proyectos contemporáneos ha servido de inspiración para Bodegas Novos que, inaugurada el pasado mes de noviembre, surge discreta entre una ladera de pinos y un viñedo en La Portera, otra de las pedanías de Requena. Esa juventud va acompañada de gran experiencia porque, en realidad, detrás hay varias generaciones de la familia Novilla relacionadas con la elaboración de vino. La producción en ecológico se complementa con un edificio completamente sostenible, en el que todos los espacios llaman la atención pero uno, en especial: la sala de catas en altura y acristalada con vistas y terraza al viñedo centenario. La naturaleza entra en la bodega y ésta se abre al paisaje, integrándolo incluso en una de las paredes, con la obra de arte de Blanco Anyó en la que lo orgánico (cepas viejas y arcilla) se convierte en material pictórico.

Microbodegas

El enfoque ecológico de las plantaciones de viñedo es una constante en este territorio. La bodega de Mª Ángeles Novella, Vinos y Sabores Ecológicos, lo lleva hasta en el nombre. Y en el logo, con una mariquita como símbolo, que encontramos luego en forma de todo tipo de objetos (imanes, pinzas, tallas…) en la sala de catas. Está también en La Portera, pero dentro del pueblo. Cuenta Mª Ángeles que ella siempre estaba en la viña, desde pequeña. Ese vínculo se ha mantenido a lo largo de toda su vida y se vio plasmado hace unos años con su elección como personaje homenajeado en la Fiesta de la Vendimia, la más antigua de España. Enseña el diploma con orgullo y con sorna al mismo tiempo pues nadie se percató en su momento (¡ni ella misma!) que en la grafía de su segundo apellido, Herrero, se coló una erre de más. Tiene muchas anécdotas Mª Ángeles, que se emociona contando historias de su madre y otras muchas, como la que tiene que ver con el nombre de uno de sus vinos, Cru-Safonti (blanco y rosado) y que hace referencia al Hcxaprotodon crusafonti, una especie de hipopótamo prehistórico encontrado en un yacimiento aquí en La Portera.

Mural de arte urbano en Los Pedrones

Un poco más adelante, siguiendo por esta carretera, se llega a Los Pedrones, otra de las aldeas requenenses donde han surgido interesantísimos proyectos como Sentencia y Dussart Pedrón. En Sentencia, Alberto cuenta cómo el deseo por proteger un legado familiar (las viñas) insostenible con el modelo productivo actual le llevó a crear esta microbodega en la antigua casa de sus padres (en la que descubrió antiguos lagares olvidados), convertida ahora en un espacio minimalista e intimista donde las palabras de Alberto llenan y dan vida a cada rincón. Los vinos de aquellas parcelas que estaban sentenciadas a desaparecer complementan el relato; unos vinos que pronto alcanzaron reconocimientos y que se disfrutan de manera especial en las visitas con almuerzo en el viñedo.

Quesos frescos de la Quesería Hoya de la Iglesia de Utiel

Al frente de Dussart Pedrón está Benoît Dussart, un joven francés que conoció a la que hoy es su esposa durante una estancia Erasmus en Valencia y acabaron afincándose en el pueblo de ésta, montando una bodega cuyas primeras elaboraciones recibieron grandes elogios desde The Wine Advocate. Nuestra cita con Benoît se tuvo que cancelar, así que tendremos que volver… Pero aún hay en este pueblo otro proyecto que no hay que perderse, esta vez relacionado con el queso: la Quesería Hoya de la Iglesia. La historia de este negocio familiar se va explicando durante las visitas que tienen como punto fuerte la experiencia de elaborar un queso fresco. Todo se desarrolla en el fabuloso espacio subterráneo donde se han recreado las cuevas en las que, tradicionalmente, se afinaba el queso. Sorprende a todos, igual que la alquimia por la que delante de nuestros ojos un poco de leche acaba convertida en queso.

Pero, para cerrar el círculo de las microbodegas de la Ruta del Vino Utiel-Requena, hay que ir hasta otro pueblo, hasta Fuenterrobles, donde está Vinea Clausa. La historia es similar: la recuperación de la antigua casa familiar de Héctor y Esther Monteagudo y los viñedos devolvió a la vida a este espacio que fue bodega y fábrica de alcohol. Ahora, con Amparo y Fernando, sus parejas, el nuevo proyecto completa la elaboración de vino con el enoturismo, en un discurso donde la importancia la tiene la tierra y el saber ancestral. Fernando, historiador, especialista en botánica y Cronista Oficial de Fuenterrobles, da a las visitas un cariz de lo más enriquecedor, explicando cientos de aspectos relacionados con el universo vitivinícola, como el mismo nombre de la bodega, que se refiere a las “vineas clausas”, las antiguas viñas cercadas que estaban protegidas.

Una cocina sabrosa

Todos los vinos de las bodegas que hemos visitado, añadiendo otros de la comarca, están presentes en la carta del Restaurante Genaro, aquí en Fuenterrobles. Es uno de los lugares a los que la gente ‘peregrina’ desde Valencia o Madrid una vez que descubren su cocina. Está basada en los productos tradicionales, pero no exenta de una revisión que los moderniza y ensalza. Aunque hay algunos platos a los que no les hace falta nada novedoso, como las alubias estofadas con perdiz o el lomo en escabeche. Esmeralda y Begoña, hermanas, tomaron el relevo en el negocio que abrieron sus padres en los años ochenta después de volver de Londres. Ellas lo han ido enfocando y adaptando a los nuevos tiempos sin perder de vista la identidad local.

Interior de la iglesia de Santa María en Requena

En Utiel, El Vegano, es otro de los restaurantes que apuestan por la cocina tradicional, aquí de manera casi más radical, además de por los vinos locales. Gazpacho, caldereta de cordero y cordero al horno son algunas de sus especialidades. Y, ya, ya: estos platos no tienen nada de vegano… ¡o lo tienen todo!, porque, en realidad, el nombre del restaurante hace referencia al origen de la familia, que viene de la zona de La Vega, las tierras bajas y fértiles de esta comarca, alrededor del río Magro. Muchas sorpresas en Utiel-Requena, ¿verdad?

 

Vera de Estenas

Fachada del hotel de Vera de Estenas

Tempranillo, Macabeo, Garnacha, Chardonnay, Tardana, Bobal, Malbec, Cabernet, Merlot. Así se llaman las habitaciones del hotel de Vera de Estenas, un alojamiento habilitado en el edificio histórico donde se ubica la bodega del mismo nombre, en un promontorio rodeado de pinos que sirve de atalaya perfecta o mirador hacia el campo de vides y la sierra utielana. La sensación es la de estar alojado en casa de un familiar o la de estar dentro de uno de esos relatos costumbristas. En verano, el espacio de la piscina y el jardín, que sirve de restaurante al aire libre, acentúan esa idea.

Óscar Checa

Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad Complutense de Madrid, ha desarrollado su carrera siempre en el sector del periodismo turístico. Ha trabajado en agencias de comunicación especializadas además de haber creado la suya propia y haber trabajado como responsable de prensa en la Oficina Española de Turismo en París. También es Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional (UCM) y autor de varios manuales para los cursos de la Cátedra Ferran Adrià de Cultura Gastronómica y Ciencias de la Alimentación de la Universidad Camilo José Cela. Es coautor y editor de guías de viajes de la colección Cartoville y GeoGuide de la editorial francesa Gallimard. Actualmente colabora con diferentes medios especializados en viajes y gastronomía y Presenta el programa 'Escapadas' de Radio 5-RNE. Es el responsable de comunicación de Rutas del Vino de España-ACEVIN.

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